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MODA | ESTILO DE VIDA

La explosión de Juanjo Oliva

El pasado mes de febrero recibió el premio al mejor diseñador revelación de la Pasarela Cibeles y ahora estrena tienda y taller en Madrid. No para, pero no tiene prisa. Tiene 33 años y lleva 10 en el mundo de la moda, aunque sólo dos en las pasarelas. Y quiere quedarse.

Un joven sigue a una "chica guapísima" por las calles de Madrid, y aunque no está enamorado de ella, no pierde de vista su abrigo entre la multitud. Tampoco quiere robárselo. Más bien todo lo contrario. Es uno de sus primeros diseños, y ver que una mujer se ha gastado parte de su presupuesto en él -"con lo que cuesta hoy ganar dos duros"- es motivo suficiente para seguir trabajando. Han pasado más de cuatro años desde aquella persecución, pero Juanjo Oliva, con su premio al diseñador revelación de la Pasarela Cibeles aún fresco, asegura que le sigue moviendo la misma ilusión: "Cuando llegas a un sitio y una chica te dice que con tu vestido liga mucho, te pone la piel de gallina".

De estreno. Acaba de inaugurar su nueva tienda-taller en Madrid para acoger a una clientela que ha visto incrementarse tras el galardón que le otorgó en febrero L'Oréal por Copenhague, su tercera colección dirigida para el próximo otoño. "Jamás he oído hablar a otros diseñadores de la difusión que conlleva este premio y estoy un poco harto de la actitud tan crítica que hay en la moda española. Ahora estoy en un buen momento por la proyección que está teniendo mi trabajo, y lo digo". Como también dice que la suya ha sido una carrera de fondo, y que, aunque sólo tiene 33 años, lleva más de 10 sin soltar la aguja. Recuerda que cuando le contó a su padre que quería ser diseñador "se quedó con una cara indescriptible". Así que decidió demostrarle que iba en serio. Se licenció en moda por IADE, hizo cursos de patronaje y estudió ilustración en la Parsons School of Desing de Nueva York. Su primer trabajo, no remunerado, fue en el taller de Isabel Bertz a principios de los noventa. Después llegarían Zara, Sybilla, Antonio Pernas, Amaya Arzuaga y Helena Rohner. "Trabajar casi siempre con diseñadoras me ha ayudado a ver la moda de una forma muy particular en la que la mujer es el centro de todo, y ha influido positivamente en mi forma de trabajar, porque entiendo cosas como que las chicas llevan sujetador y que hay cortes más cómodos". A saber lo que buscan las mujeres le ayudó también su experiencia al frente de Egotherapy, la tienda donde comercializaba sus diseños antes de mostrarlos sobre la pasarela. "La moda tiene que favorecer y ayudar. Luego, si tú quieres hacer de tu manera de vestir un lenguaje propio y artístico, me parece bien; pero imponer ese lenguaje a los demás no está dentro de mis necesidades. Mi labor es un poco más social: quiero que las chicas estén guapas", bromea.

Superarse. Oliva dice que es de los que rinden mejor cuanto más angustiado está; por eso, este concepto de ansiedad le "sale especialmente rentable" en un momento en el que todo el mundo espera que esté a la altura tras recibir el premio al diseñador revelación. "Siento como una tensión acumulada desde el primer desfile. En esa ocasión, los nervios eran muy grandes porque por fin me daban una oportunidad. En el segundo, porque el primero dejó un buen sabor de boca y quería mantenerme, no ser un bluff. En el tercero me dan el premio. Y ahora, ¿qué? Me siento protegido porque tengo un equipo [formado por hasta 16 personas] con el que creo que puedo hacer buenos desfiles. Sólo falta que yo esté a la altura de las circunstancias". Cuenta que la presión despierta un sentimiento de culpabilidad que no le abandona hasta que el trabajo está acabado. "Me estoy tomando unas cañas y empiezo a sentirme mal porque pienso que en ese tiempo podría estar terminada una falda. Es un poco obsesivo, pero es parte de este mundo". Un trabajo que canibaliza su tiempo de ocio y se confunde con su vida.

Detalles exquisitos. Son precisamente sus experiencias y su estado de ánimo los que inspiran cada colección. Para este verano propone un estilo sexy y elegante. "Yo siempre digo, aunque quede un poco raro, que diseño para la mujer que a mí me gustaría ser. Después de mis dos primeras colecciones, llenas de color, yo estaba un poco de bajón, y pensé en hacer una mujer un poco más recogida, pero igual de fuerte. En el desfile les dije a las modelos: tenéis que tener una actitud triste; habéis tomado una decisión dura, pero que refuerza vuestro carácter. Me sentía así y quería reflejarlo. Además había hecho un viaje a Copenhague y me apetecía un poco de arquitectura y un patronaje más estructurado. Este verano va a ser más tranquilo, más sobrio y más depurado".

En su taller se hace todo a medida. No hay tallas, él ha sufrido su tiranía en propia carne. Delgado, dice que nunca ha podido vestirse en Zara. "Llegar a un sitio con pasta y ganas y no poder comprar es como ir a un restaurante y que te digan: usted no puede comer esto". Para Juanjo Oliva, este servicio es irrenunciable. "La gente no da duros a cuatro pesetas, ya no cuela. Los productos tienen que estar bien posicionados en precio porque la competencia es brutal, pero dentro de ese precio tienes que dar lo mejor que puedas. Quiero que de mi ropa se pueda decir que gusta o no, pero nunca que no sienta bien".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 26 de junio de 2005