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Crítica:LIBROS

La solidaridad nace de la equidad

El libro que nos ofrece José Víctor Sevilla es una exposición completa y rigurosa de la financiación del sector público. Centrado en la teoría de la imposición, se extiende también a otras materias, como las relaciones entre los ámbitos político y de gestión del sistema tributario, o la financiación territorial. La obra de Sevilla proporciona un sólido aparato conceptual para entender las instituciones relativas a la financiación pública. Sevilla tuvo un destacado papel en la reforma tributaria de la transición a la democracia (1977-1978), que, en lo esencial, supuso el tránsito desde un sistema de imposición de producto a otro de imposición personal.

La preocupación por un sistema tributario justo, que fue la nota más destacada de aquella reforma, se deja sentir fuertemente en su obra. Las lecciones 4ª (modelos tributarios), 7ª (financiación de los diferentes niveles de gobierno) y 11ª (estructura básica del impuesto sobre la renta), son buena muestra. La lección 4ª describe la pugna que a lo largo de la historia de las reformas fiscales se ha producido entre la tributación sobre la renta extensiva (Schanz, Haig, Simons, informe Carter) y la tributación sobre la renta gastada (Mill, Kaldor, Meade, Lodin, Hall y Rabushka). En el centro de tal pugna se hallan los principios de equidad y redistribución.

Política y técnica tributaria

José V. Sevilla Segura

Instituto de Estudios Fiscales.

Reimpresión marzo de 2005

ISBN 84-8008-172-4

La lección 7ª se abre con la distinción entre grado de autonomía financiera y grado de solidaridad. En relación con la autonomía financiera el autor pone de relieve la relación entre el proceso de armonización de los tributos propio de los países federales y el proceso de definición de tributos compartidos propio de países en proceso de descentralización política, recordando, así, la estrecha relación entre la estructura política y el modelo de financiación. Respecto de la solidaridad, cuyo objetivo es aproximar las capacidades de gasto de las diversas haciendas regionales, el autor muestra las ventajas de que tal función niveladora sea responsabilidad de la hacienda central, a través de sus impuestos, frente al sistema en que tal responsabilidad, como en Alemania, descansa sobre las regiones, las cuales realizan aportaciones a un fondo común. La solidaridad, se opina, es una manifestación de la equidad.

La lección 11ª pone claridad en algunos extremos que estaban necesitados de ello: que cualquiera que sea la opción que se elija para instrumentar el mínimo exento (deducción en base o en cuota) lo importante es que su importe sea realista; que atendiendo al esfuerzo y contribución productiva, las rentas del trabajo deberían tener el tratamiento más suave y las ganancias de capital el más severo; que la sencillez de la tarifa o del impuesto nada tiene que ver con el número de tramos, si bien la reducción de su número minora la continuidad de la función impositiva lo cual, sin ser muy grave, es peor que mejor; que el fomento del ahorro debería versar sobre el esfuerzo y no sobre la cantidad absoluta ahorrada. Otra vez, la equidad, construida sobre una consistente argumentación económica.

La obra que comentamos, dice su autor, está dirigida a los administradores tributarios, y, en cierto modo, es una suerte de diálogo preñado de sabias reflexiones al que J. V. Sevilla les invita. Su lectura es igualmente recomendable a quienes se enfrentan con la aplicación del sistema tributario: abogados, asesores fiscales, jueces y fiscales, e inspectores. También será muy útil para valorar las carencias del vigente sistema de financiación del sector público, y definir alternativas para su reforma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de junio de 2005

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  • José V. Sevilla Segura