Terror de exportación
Ahora, cuando parece que los modos de hacer de los cines nacionales se están diluyendo, en parte por la fuerza de una industria de potencia única, como es la americana, en parte también por la falta de memoria (¿acaso no es lo mismo?) del espectador medio respecto a sus propias tradiciones fílmicas, parece lícita una operación como la que subyace detrás de una película como El internado. Es decir, una película nacida de la única cinematografía europea capaz de asegurar una amplia cuota de su mercado, pero rodada en inglés, con sólidos apoyos televisivos, una actriz famosa y, por si fuera poco, con los estilemas propios del filme de género en su versión más ramplona.
Porque de eso va el filme de Pascal Laugier: de un productillo no más ni menos entretenido que la media de los filmes de terror que nos llegan de la otra parte del océano (a su lado, las producciones de la Fantastic Factory de Filmax son auténticas piezas de autor), con los golpes de efecto que todos esperamos, la espectral ambientación en una especie de hospicio de provincias a comienzos de los sesenta (pero en realidad da lo mismo) y un par de bellas señoritas (aquí, las desaprovechadas Ledoyen y Doillon) que lo pasan fatal porque oyen voces en un lugar en el que sólo están ellas... o sea, le enésima repetición de la peripecia tétrica de chicas sufrientes, con una variable sobre la que nada se dirá en estas líneas.
EL INTERNADO
Dirección: Pascal Laugier. Intérpretes: Virginie Ledoyen, Lou Doillon, Catriona MacColl, Dorina Lazar, Eric Prat. Género: terror, Francia, 2004. Duración: 98 minutos.
Parece astuta pero es simplemente mediocre; le gustará, no obstante, a esa porción importante de la audiencia juvenil veraniega en busca de su ración de aullidos, suspense, adrenalina.
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