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La fotografía de Shoji Ueda descubre su 'teatro de las dunas'

La exposición 'Una línea sutil' reúne 150 imágenes del artista

Desnudos en el desierto, experimentos con el rayograma, la solarización y la deformación y una fuerte vocación surrealista. Las fotografías del japonés Shoji Ueda (1913-2000) forman uno de los episodios más puros de la historia de la fotografía. Las más conocidas, El teatro de las dunas. Imágenes silenciosas que evocan su mundo rural y familiar y que se muestran -por primera vez en España- en la sala de la Fundación La Caixa de Madrid.

Realizadas en blanco y negro, las fotografías que se exponen en Madrid (Serrano, 60) proceden del Museo de Fotografía Shoji Ueda de Tottori, dedicado íntegramente a su obra. Tras su exhibición, viajarán durante dos años por Palma de Mallorca, Málaga y Córdoba y posteriormente se exhibirán en el Museo de Elysée de Lausana, que ha colaborado en la organización de la exposición, la más completa de las organizadas hasta ahora fuera de Japón.

Una línea sutil: Shoji Ueda 1913-2000 presenta un recorrido cronológico por toda la trayectoria del fotógrafo japonés. A través de la perspectiva y el espacio recrea un universo surreal, un mundo de sueños. En sus inicios, Ueda experimenta, trabaja con planos picados y contraluces. Luego, a finales de los años cuarenta, inicia su conocida serie Teatro de las dunas (imágenes muy puras y sobrias que se hacen cada vez más complejas) y ya en los años setenta y ochenta, el fotógrafo sorprende con sus paisajes: el agua y la vegetación cobran protagonismo. Él lo describe como su "memoria silenciosa".

"El desarrollo de su obra es indisociable de un territorio, de un clima y de una luz concretos", escribe Gabriel Bauret, uno de los comisarios de la exposición inaugurada en Madrid. "Shoji Ueda trabajó principalmente en exteriores, en escenarios naturales. Así, el paisaje constituye el telón de fondo de su creación, sin llegar a convertirse por ello en su tema principal".

La obra de Ueda se desarrolló lejos de Tokio y, según los especialistas, no recuerda a ninguna otra. "Sólo hago las fotografías que me gustan", solía decir. Ueda se resistía a tomarse en serio y le gustaba considerase (a pesar de que nunca dejó de estudiar y perfeccionar su técnica) un simple aficionado.

Ueda fotografiaba a sus hijos y a su mujer, a la que estaba muy unido. El humor, la ironía y cierta nostalgia se dejan ver en la expresión de su mundo privado. Le definieron como "un ángel" de la fotografía.

Decorado neutro

En las dunas, su paisaje favorito, retrata a niños, se autorretrata, juega a las perspectivas y realiza sensuales desnudos. El fotógrafo decía que es difícil encontrar en la naturaleza un decorado más neutro, tan liso, como las dunas de arena. Realizada entre 1945 y 1951, la serie (que luego retoma en los años ochenta) es conocida también como El teatro de las dunas y está considerada como lo mejor de su obra. El artista empezó a utilizar las dunas cercanas a su casa de Sakaimato como telón de fondo, aunque luego trabajaría también en las de Tottori. "Las dunas son un entorno natural totalmente insólito en Japón", escribe el historiador y crítico Lizawa Kôtar. "El paisaje del país se caracteriza por una ondulación pronunciada en la que sistemas complejos de agua, vegetación y piedra crean sombras por todo el territorio. En cambio, las dunas se extienden hacia un vasto espacio, resultan un entorno inusual en el que el cielo y el horizonte, y la extensión de arena, crean un decorado austero que difícilmente podría simplificarse".

Las dunas, además, ofrecían un ambiente seco y transparente. Él mismo describió su forma de fotografiar en las dunas así: "He hecho toda esta serie de retratos de grupo con luz frontal. Recuerdo que traté de mantener el fondo, ya fuera cielo, mar o dunas, muy simple. Evito las nubes del cielo para crear composiciones planas y sin profundidad".

"Ueda", continúa Lizawa Kôtar, "fue un fotógrafo extraordinario. Si bien tuvo la cámara en las manos durante 70 años, para él seguía siendo una caja mágica y sospecho que nunca estaba seguro de qué podía salir de ella. Su obra no tenía final".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 4 de junio de 2005