Reportaje:

Reacciones airadas en el 'gigante'

El país asiático defiende su textil, que emplea a decenas de millones de personas

Cuando el pasado martes hizo escala en Hong Kong el comisario europeo de Comercio, Peter Mandelson, echó un poco más de leña al fuego que ha surgido entre China y Europa por la avalancha de productos textiles que han llegado al Viejo Continente desde principios de año. "Va en su propio interés que China dé los pasos necesarios para evitar que tengamos que tomar medidas formales de salvaguarda", dijo Mandelson. Si Pekín no impone restricciones a sus exportaciones, los Estados miembros lo harán por ella, aseguró.

El pasado domingo, Bruselas anunció la puesta en marcha de una investigación sobre el fuerte incremento que han sufrido las importaciones de nueve tipos de tejidos. Y mientras la industria textil europea se queja, el Gobierno chino ha respondido, airado, que la investigación de la UE "viola los principios de la OMC" (Organización Mundial de Comercio).

El 46% de las empresas son públicas, y un tercio de éstas son deficitarias. Están prohibidos los sindicatos independientes

Así lo dijo el portavoz del Ministerio de Comercio, Chong Quan, quien añadió que la decisión es una amenaza para la estabilidad de las relaciones comerciales entre China y Europa. Y así lo refrendó el titular del ministerio, Bo Xilai, quien mostró su "firme oposición" a cualquier tipo de límite a los suministros textiles.

La batalla está servida. Pekín ha acusado a Bruselas de proteccionismo y de ir contra el libre comercio, y podría elevar el contencioso ante la OMC. Además, ha criticado a las empresas europeas por no haber sabido adaptarse durante la última década a un cambio que se conocía de antemano.

China asegura que el alza de las ventas textiles es el resultado de la competitividad de su industria, y dice que el crecimiento se ralentizará según avance el año. Según Cao Xinyu, vicepresidente de la Cámara de Comercio para la Importación y Exportación de Textiles, el aumento de los suministros para el conjunto de 2005 pasará este año del 29% registrado en enero a una tasa similar a la de todo 2004, "alrededor del 20%". La consultora Beijing Orient Agribusiness, dependiente del Ministerio de Agricultura, estima que las ventas en el exterior subirán un 15%, hasta superar 110.000 millones de dólares. Pekín insiste en que ya ha impuesto de forma voluntaria algunas tasas para limitar el crecimiento.

En el fondo, lo que subyace es la entrada en tromba en los mercados mundiales de un gigante que durante años ha sido contenido, y cuya mano de obra cuasi infinita y grandes economías de escala le proporcionan unos costes de producción inigualables. Según el Banco Asiático de Desarrollo, el coste laboral de un operario en China es un 4% el de EE UU, e incluso un tercio el de Malaisia.

Europa y EE UU afirman que hay otros factores que explican los bajos precios, como la falta de respeto a las normas laborales internacionales -están prohibidos los sindicatos independientes-, los subsidios a las empresas, la concesión de créditos que no son devueltos y la infravaloración artificial de su moneda, el yuan o renminbi. China exporta la ropa a un precio medio un 58% inferior al del resto de los países del mundo.

El textil chino, considerado "una de las industrias pilares de la nación", se ha desarrollado muy rápidamente en las dos últimas décadas. Emplea a decenas de millones de personas y es la principal fuente de divisas (65.000 millones de dólares, en 2003). De sus talleres salen más de 20.000 millones de prendas acabadas al año. En 2004, la producción creció un 27%. En 2003, había 3.784 fábricas textiles en construcción en todo el país. El 46% de las empresas son públicas, y un tercio de éstas son deficitarias. Un gigante que, dependiendo de las fuentes, dominará entre el 50% y el 75% del comercio textil en un mundo libre de restricciones. Su cuota de mercado actual fuera de Europa y Estados Unidos, en países donde no existen limitaciones, es del 62%.

Unas mujeres trabajan en una fábrica textil de la ciudad de Suzhou, el pasado enero.
Unas mujeres trabajan en una fábrica textil de la ciudad de Suzhou, el pasado enero.REUTERS

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