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Reportaje:APUNTES

El laberinto de los estudiantes extranjeros

Educación introduce algunos cambios para facilitar la homologación de títulos universitarios

Luis en Ecuador era ingeniero en aire acondicionado e instalaciones frigoríficas, llegó a España para hacer un doctorado y lleva meses intentando convalidar ese título universitario por otro. Su objetivo es complicado, pero no imposible. Como él, decenas de estudiantes extranjeros sufren un particular periplo que les obliga a recorrer decenas de oficinas y sedes administrativas para conseguir una preciada homologación. No todos lo consiguen. Ahora el Ministerio de Educación acaba de introducir algunos cambios que facilitan determinados trámites administrativos.

En las universidades valencianas se matricularon en el curso 2001-02 un total 1.567 extranjeros en cursos de primer y segundo ciclo, y 713 en cursos de doctorado o máster, aunque estos últimos proporcionalmente son más importantes al representar un 15% del total, mientras que en cursos de primer y segundo ciclo apenas representan el 1,22% de la matrícula. Aunque estos últimos están aumentando en los últimos cursos "debido a que en algunos casos sus padres ya viven aquí, son inmigrantes que prefieren que sus hijos acaben su carrera universitaria en España", reconoce Covadonga Ordóñez, una de las responsables de la Sociedad de Relaciones Internacionales de la Universidad de Alicante que se encarga de resolver las dudas y problemas de estos estudiantes.

Un 15% de quienes siguen cursos de doctorado son foráneos

Los alumnos son "los grandes olvidados en los estudios de las migraciones"

La Comunidad Valenciana es la sexta receptora de estudiantes extranjeros de toda España. Según datos del Ministerio de Educación, en las universidades valencianas del total matriculado un 7,5% son extranjeros, cuando la media estatal es de 5,7%. Cada año llegan a España unos 44.000 estudiantes extranjeros dispuestos a estudiar en la universidad, la mayoría de Europa y Latinoamérica, aunque esta tendencia se está modificando y cada curso se incorporan al sistema universitario alumnos procedentes de los países del Este de Europa. "La mayoría son licenciados interesados en un curso de máster o doctorado, y para conseguirlo necesitan al menos la legalización y una traducción jurada de sus títulos universitarios", apunta Ordóñez, que hace unos días impartió, en el marco del seminario permanente sobre La inmigración en Alicante, que dirige el sociólogo Carlos Gómez Gil, la conferencia La situación de los estudiantes extranjeros. Problemas y desafíos. Durante su exposición hizo un repaso de la situación en la que se encuentran estos alumnos, a los que "se les ha denominado inmigrantes de lujo" y que sistemáticamente "son los grandes olvidados en los estudios de las migraciones".

El primer requisito que necesitan estos alumnos para poder permanecer legalmente en España es disponer de una tarjeta de estudiante, que concede el Ministerio del Interior. En el año 2003, a fecha 31 de diciembre, había 30.267 estudiantes que tenían esta tarjeta, casi el doble de los 17.673 estudiantes que había con tarjetas en 1997, seis años antes. En 1995 sólo hubo 9.906 estudiantes con tarjeta. Estas fluctuaciones se explican, entre otras cuestiones, por la rapidez o no en la renovación de estas tarjetas, que depende en parte de la disponibilidad de recursos humanos en las Oficinas de Extranjeros. Los alumnos extranjeros en las universidades valencianas tienen una edad media de 24 años y un 51% estudia alguna especialidad de ciencias sociales y jurídicas, un 22% se inclina por las ciencias experimentales y un 19% por las Humanidades, hombres y mujeres a partes iguales. Covadonga Ordóñez explica que hay dos tipos de alumnos, aquellos que son ya residentes (por ejemplo los comunitarios, los hijos de residentes con permiso de trabajo...) que para estudiar requieren sólo trámites académicos. Otro grupo son los alumnos no residentes, que proceden mayoritariamente de Latinoamérica, y que además de los académicos requieren trámites de extranjería. Para el reconocimiento de sus títulos, según los datos facilitados por esta experta, basados en información del Ministerio de Educación, en el año 2002 un 39% de las solicitudes de homologación de títulos universitarios fueron favorables, un 34% estuvieron condicionadas, es decir que para ser reconocidos sus títulos deberán realizar alguna prueba o cursar alguna materia en una facultad, y sólo se denegaron un 8%. "Hay una cierta leyenda urbana de que es muy difícil esa homologación, y no es cierto, la mayoría de peticiones se resuelven de forma positiva para el solicitante", comenta Ordóñez, aunque es cierto que hay problemas con dicho reconocimiento. Por una parte, los excesivos plazos de contestación de la solicitud, que en ocasiones se prolongan durante tres o cuatro años, y luego la organización de las pruebas de conjunto, unos exámenes que dependen de cada Facultad.

Hasta el momento era el Ministerio de Educación quien homologaba los títulos universitarios; sin embargo, en el doctorado, ahora como novedad, es cada universidad la que reconoce la especialidad. En su conferencia, Ordóñez explicó algunos de los cambios que incorpora el de decreto 285/2004, que abre la puerta a una homologación genérica de los títulos de licenciado o diplomado y también facilita la homologación del posgrado. Ahora para realizar toda la tramitación ya no se requieren documentos originales, como antes, sino copias cotejadas y el ministerio se compromete a responder en un plazo de seis meses a cada solicitud, con lo cual el trámite debe ser más rápido.

Estos cambios deben servir para allanar el camino en este particular laberinto de los estudiantes extranjeros. Sin embargo, todavía algunas cuestiones están pendientes, como definir si se van a reformar o no las pruebas de acceso a la universidad de aquellos estudiantes que realizaron el bachillerato en otro país y que estaban basadas hasta ahora en la selectividad; sigue existiendo una cierta discrecionalidad para la convalidación parcial de asignaturas, es decir cuando los estudios no han sido finalizados en el país de origen y se desea continuar estudios en una universidad española; no hay una norma objetiva que fije los criterios de evaluación; tampoco está muy claro si en 2007 (con la configuración de un espacio común europeo) el posgrado seguirá siendo la vía más fácil de acceso a un estudiante extranjero; o quien determinará la competencia lingüística de los estudiantes, comenta la responsable de la Sociedad de Relaciones Internacionales.

Desde hace pocos años una de las novedades que mejora la situación de estos alumnos es que antes las becas de educación se podían solicitar con la nacionalidad española o con la residencia comunitaria y ahora se puede concurrir teniendo la tarjeta de estudiante, venga de donde venga. Covadonga Ordóñez se detiene a explicar los trámites de extranjería que se deben realizar, y la primera cuestión que matiza es que la tarjeta de autorización de estancia por estudios no es una tarjeta de residente. Aquí empiezan algunos de los problemas para los estudiantes no nacionales de países de la Unión Europea. En primer lugar, la universidad de destino debe admitir por escrito al estudiante, que deberá solicitar a la embajada en el país de origen un visado, que lo puede conceder o denegar, y luego ya puede venir a España. Una vez aquí, el alumno internacional no comunitario debe dirigirse a la Oficina de Extranjeros para solicitar una tarjeta de autorización de estancia por estudios.

Pero todos estos trámites, según comenta la profesora desde su experiencia, provocan en ocasiones algunos problemas; el fundamental es que los plazos académicos, es decir la duración del curso escolar, no corresponde con los plazos de extranjería, y "muchas veces cuando el consulado responde ya empezó el curso", explica Ordóñez, que recuerda que la matrícula se abre en septiembre, el curso se inicia en octubre y el visado tarda dos o tres meses, con lo que cuando llegan los papeles ya ha pasado casi un cuatrimestre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 25 de abril de 2005