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El Gobierno de Berlusconi se tambalea tras la salida de los socios democristianos

El primer ministro convocará elecciones anticipadas si no logra recomponer la coalición

Los democristianos cumplieron su amenaza y abandonaron ayer el Gobierno de Silvio Berlusconi. La retirada dejó al líder del centroderecha ante dos opciones: dimisión colectiva y formación de nuevo Gabinete, siempre con Berlusconi como presidente, o convocatoria de elecciones anticipadas en el caso de que los democristianos no garantizaran su apoyo. El líder conservador habló por primera vez de la posibilidad de renunciar. El presidente de la República, Carlo Azeglio Ciampi, única autoridad con poder para disolver el Parlamento, permanecía anoche a la espera de noticias en uno u otro sentido.

Berlusconi abandonó su despacho en el palacio Chigi de Roma poco antes de las 7.30 de la tarde y emprendió un paseo, seguido por una comitiva de periodistas y cámaras, por las tiendas de antigüedades de la calle Coronari. Fue una forma de mostrar aplomo en una situación crítica, después de lanzar un ultimátum a los democristianos: "O vuelven, o vamos a elecciones", dijo. Su Gobierno estaba tocado de muerte y todas las soluciones eran traumáticas para Il Cavaliere.

Berlusconi había prometido mantener un mismo Gabinete, con retoques secundarios, durante los cinco años de la legislatura (2001-2006) para resaltar la ruptura con las administraciones fugaces del pasado, pero esa estabilidad aparecía prácticamente imposible. El desplome electoral en las regionales del pasado 4 de abril había sido un mazazo demasiado fuerte.

El secretario de la UDC (Unión de los Demócratas Cristianos y Demócratas de Centro), Marco Follini, vicepresidente del Gobierno, basó en el resultado del 4 de abril su decisión de abandonar el Gabinete junto a otros tres ministros (Rocco Buttiglione, Carlo Giovanardi y Mario Baccini), un viceministro y cinco subsecretarios. "Hemos perdido la confianza de los electores y lo peor que podemos hacer es disimular: hace falta un gobierno nuevo con un programa nuevo", explicó Follini ante la dirección del partido.

La moción de Follini incluía una garantía de apoyo parlamentario a la coalición berlusconiana y "el empeño de relanzar con más fuerza la victoria en 2006". Sometida a votación, la propuesta de retirada fue apoyada por todos los presentes, medio centenar, menos uno, Carlo Giovanardi, ministro de Relaciones con el Parlamento. A la vista del resultado, Giovanardi se plegó a la decisión de la abrumadora mayoría y firmó, como los demás, la carta de dimisión.

En esos momentos, a mediodía, aún parecía posible cubrir las bajas de los democristianos -que no ocupaban ningún ministerio clave- con miembros de Forza Italia y Alianza Nacional y seguir adelante.

Berlusconi convocó en su despacho de palacio Chigi a todos los líderes de la coalición, Follini incluido, a primeras horas de la tarde. Quería que se comprometieran a apoyar un programa común hasta el final de la legislatura (primavera de 2006) y garantizaran por escrito su apoyo parlamentario al Gobierno. Cuando llegó a su residencia de palacio Grazioli para almorzar, Silvio Berlusconi bromeó con los periodistas: "No os va a ser fácil libraros de mí", dijo. Agregó que se sentía "tranquilísimo".

Pero Follini no asistió a la reunión de la tarde ni garantizó nada por escrito, y su ausencia colocó grandes interrogantes sobre la viabilidad del llamado Gobierno Berlusconi-bis. Sin la seguridad de contar con los votos de UDC, la Casa de las Libertades, nombre oficial de la coalición, quedaba en situación precaria en el Parlamento.

En la Cámara de Diputados, toda abstención de los 38 escaños democristianos dejaría a Berlusconi con una mayoría de un solo voto. En el Senado, la abstención de los 30 democristianos dejaría al bloque de centroderecha en minoría. "Si UDC no firma el pacto de Gobierno habrá que convocar elecciones anticipadas", comentó Roberto Calderoli, delegado de la Liga Norte.

No estaban claras las razones de la negativa inicial democristiana, aunque se suponía que guardaban relación con la reforma constitucional federalista, rechazada por la militancia y los electores de todos los partidos italianos (incluida Alianza Nacional), menos Forza Italia y Liga Norte. El proyecto federalista, junto a la mala situación económica, era considerado uno de los factores que causaron la derrota del centroderecha en las regionales.

Consultas en curso

Il Cavaliere no se daba anoche por vencido. Envió al Quirinal, sede de la Presidencia de la República, a su mano derecha, Gianni Letta, subsecretario de la Presidencia del Gobierno, para rogar a Ciampi un poco de margen hasta que se agotaran "las consultas en curso". Berlusconi confiaba aún en que Follini suscribiera el pacto de Gobierno y asegurara un mínimo de estabilidad a la Administración, para llegar, si no hasta mayo de 2006, al menos hasta enero.

Pese a la alta tensión política, Gianni Alemanno, ministro de Agricultura y alto dirigente de Alianza Nacional, consideró también que el juego no había concluido: "Creo que estamos asistiendo a simples escaramuzas verbales", dijo. "Hay un gran margen para alcanzar un buen acuerdo que permita redactar un nuevo programa y formar un nuevo Gobierno que relance la acción del centroderecha", añadió.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de abril de 2005