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Entrevista:CARMEN IGLESIAS | Historiadora y académica | LA RIQUEZA DEL PASADO | Mañana, el volumen XV de la Historia Universal de EL PAÍS

"En la edad moderna surge el individuo"

Los profundos y extensos cambios que se produjeron en la edad moderna son analizados en el volumen XV de la Historia Universal de EL PAÍS, que mañana se podrá adquirir por 9,95 euros al comprar el diario. Se recoge en él la trayectoria del siglo XVII: la Guerra de los Treinta Años, el comercio de esclavos, los comienzos de la moderna biología, el pensamiento de Descartes, Spinoza, Leibniz, Newton y Kant. Y, la del siglo XVIII, el llamado Siglo de la Filosofía, con Voltaire, Rousseau y la Enciclopedia como estrellas.

La edad moderna es esa época en la que a la madera le sustituyen las piedras que forjan los cimientos del mundo de hoy. Sus personajes fueron quienes impusieron los pilares de la política de Estado moderna, de la ciencia, del pensamiento, de los órdenes jurídicos, del saber, de la filosofía. Y de una nueva manera de encontrarse el hombre en el mundo: "Es entonces cuando se consolida la conciencia individual", asegura Carmen Iglesias, historiadora, experta en el XVIII europeo, catedrática de Historia de las Ideas en la Rey Juan Carlos, miembro de la Real Academia Española y de la de Historia. En el AVE de Madrid a Sevilla, va desgranando las claves de un tiempo asombroso.

Pregunta. ¿Cuáles fueron los cambios cruciales de la edad moderna que nos marcan todavía?

Respuesta. Primero, una paulatina consolidación del Estado moderno. Con las monarquías absolutas también se van configurando los Estados nacionales que viven un desarrollo unido a una revolución comercial que se fortalece con viajes y conquistas hasta culminar con la primera revolución industrial a finales del periodo, es decir, a fines del siglo XVIII. A eso hay que unir una revolución científica y técnica y la consolidación de un nuevo valor, el del individuo como sujeto moral con dignidad humana.

P. ¿Eso qué implica?

R. Entre otras cosas que va abriéndose camino la idea de que prime el mérito personal por encima del de nacimiento, algo que está en el Quijote, cuando defiende que uno no es por donde nace, sino por lo que hace.

P. Es un principio que todavía se topa con dificultades.

R. Por supuesto, ésa es mi queja. No sólo no se ha terminado de socializar esa idea, sino que continúa porque es algo en lo que es muy fácil caer.

P. Parece una época no suficientemente valorada por su huella presente.

R. Creo que sí. No se estudia y no se aprecia como debe. Deberíamos actualizar algunos de sus valores. La celebración del Quijote puede servirnos para ello, sobre todo porque muchos de los que surgieron siguen siendo frágiles y les ha costado mucho camino abrirse paso. Tenemos que ser cuidadosos para conservarlos. De entonces vienen la fuerza de la ilustración, los grandes teóricos del Estado moderno, como Locke, un intento por equilibrar la individualidad, el concepto de atreverse a saber e incluso de comportamientos que cambian en el orden sentimental porque es cuando surge la idea de que puede haber matrimonio por amor y no por conveniencia.

P. Existe una figura muy central, Luis XIV, del que también se está llevando a cabo una revisión.

R. Los franceses son unos magos a la hora de rememorar y recolocar a sus figuras históricas. Luis XIV fue un gran estadista pero con un reinado tan largo -duró 72 años-; y debe dividirse en dos etapas, una de apogeo y esplendor y otra de decadencia. Fue el gran icono del barroco, creador de la grandeur, pero al tiempo que hay que reconocerle su gusto y dedicación a las artes (fue un rey al que le gustaba bailar en público) no debemos olvidar que llevó a Francia a unas guerras de poder constantes que arruinaron su reinado.

P. El apogeo de las ciencias y la filosofía parece llevar al hombre casi al borde de sus límites.

R. En la ciencia, la física y la astronomía son los dos grandes pivotes. Se impone el método experimental. Con ellas cambia la idea del cosmos, se rompe la centralidad organicista. El hombre, que hasta entonces contaba con una estructura cósmica fija, la pierde porque la ciencia la echa abajo. La utilización del lenguaje matemático aparece, también el método experimental de prueba-error. En filosofía es la época de las grandes utopías positivas, antes de que en el XIX aparezcan las negativas. Kant se convierte en una figura central con su imperativo categórico, donde postula que el hombre es un fin en sí mismo.

P. Una idea que hasta el presente sigue abriéndose paso.

R. Los ideales de aquella época, en algunos casos, no se han acabado de expandir porque son irrealizables pero nosotros debemos hacer como si lo fueran. Aunque todo debemos verlo con la distancia justa. Si hacemos hoy balance, hemos mejorado en muchos aspectos pese a que algunos traten de convencernos de lo contrario con su pesimismo histórico. El hecho mismo de haber puesto en cuestión cosas que se consideraban naturales supone progreso moral y supone intención de avanzar. En esa tensión es donde debe instalarse el ser humano, en lo que los griegos defendían con la idea de que el hombre es más fuerte que su propio destino, en el sentido de superar su propia fugacidad y construir cosas que puedan perdurar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de abril de 2005