A MANO ALZADAColumna
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Los ahorros de los dictadores

El peso en oro de Teodoro Obiang se halla depositado en el Riggs Bank, de Washington. En este mismo banco también guarda sus ahorros Augusto Pinochet. No es un banco cualquiera. El Riggs es como la joya de la corona estadounidense, un banco imperial, un banco intachable y legendario.

Pero ¿es así, realmente?

Acabo de leer el informe publicado por la revista Mother Jones sobre los negocios del presidente ecuatoguineano Teodoro Obiang. No se lo pierdan. Pongan las tres w y entren en las páginas de Mother Jones. La lectura es gratuita. Porque esta publicación, que edita la Foundation for National Progress en San Francisco, la financian sus suscriptores, los anuncios que éstos ponen incluso por internet y donaciones cuidadosamente filtradas. No hay trampa ni cartón. Tampoco hay ánimo de lucro. No se sirve otro interés que el del lector: saber toda la verdad.

Sin duda lo más sabroso de la investigación se refiere a la colonización petro-estadounidense

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La revista Mother Jones envió al periodista Peter Maass a la ex colonia española para que hiciera una investigación, sobre el terreno, de lo que por otra parte las autoridades monetarias norteamericanas ya están estudiando a fondo en su propia casa. El tema central son los trapicheos ilegales y multimillonarios entre el Riggs, las petroleras estadounidenses y la familia Obiang.

Hay que adelantar que la investigación pudo ultimarla el periodista en Malabo de puro milagro. Allí, las huestes de Obiang no están para bromas. Y es bien sabido que al dictador no le gusta que nadie meta la nariz en sus asuntos, sobre todo en los asuntos económicos, así que una sola gota colmó el vaso de Teodoro Obiang. Y esa gota fue el encuentro del periodista Peter Maass con el embajador de España en aquel país, a quien Obiang y sus íntimos colaboradores ni siquiera nombran por su nombre o cargo, sino que denominan "el enemigo", según nos cuenta irónicamente el reportero. El encuentro, por breve que fuera, desencadenó la expulsión fulminante de Peter Maass, quien salvó no solo su pellejo sino también sus anotaciones.

Tuvo que escoltarlo al aeropuerto el mismo representante diplomático de EEUU en Guinea Ecuatorial, ya repuesto desde que los negocios del petróleo lo aconsejaron, siendo éstos muy superiores a las objeciones éticas de la Casa Blanca frente a un sanguinario dictador que no respeta los derechos humanos.

El informe de Peter Maass revela, entre otras muchas cosas, que el banco Riggs viene ayudando desde hace años al dictador ecuatoguineano a sacar de su país millones de dólares, fruto del petróleo, y a conducirlos adecuadamente a los Estados Unidos. Por otra parte, las mismas compañías petroleras estadounidenses que operan en Malabo realizan pagos al régimen de Obiang sin acatar las disposiciones legales norteamericanas, algo que ha encendido las alarmas de la Securities and Exchange Comisión (SEC) que ahora investiga a todas esas compañías mas que sospechosas de corrupción. De ser Obiang un don nadie en la Casa Blanca, ha pasado a ser alguien de la noche a la mañana. El presidente Bush lo ha recibido en el despacho oval, pues se diría que allí donde hay oro negro puede, y debe exclamarse ¡viva el negro!, aunque se trate de un facineroso considerado por Amnesty y otras organizaciones como un reincidente torturador que sabe cómo eliminar a sus adversarios políticos.

Peter Maass refiere que en 1999 Obiang pagó al contado 2,6 millones de dólares por una mansión cerca de Washington D.C. Y que una de las esposas de Obiang dispone de un modesto límite de 10.000 dolares diarios en la tarjeta de crédito emitida por el propio Riggs Bank. Las petroleras agasajan a esta familia y pagan estudios universitarios de los vástagos por poco capacitados que estén para seguirlos. Lo que es bueno para los Obiang es bueno para América.

Sin duda lo más sabroso de la investigación realizada por Peter Maass es todo lo que se refiere a la galopante colonización petro-estadounidense bajo las banderas de la ExxonMobil, Marathon y otras. Y explica que Obiang recibe directamente entre un 15 y un 40 por ciento de la venta del petróleo. En otros países africanos el estado percibe un porcentaje superior que puede llegar al 95 por ciento. En otras palabras: con Obiang se forran más que con nadie. Aunque la población pase la mano por la pared, que éste ya no es un problema americano.

Por su parte el clan Obiang desea tener contentos, y a su lado, al emperador de Washington y a los bancos, pues las ramificaciones de los negocios de Obiang fuera de su país, son imparables. No parece inquietar el blanqueo del dinero. El sol sale para todos, y no exclusivamente para la banca suiza o los paraísos fiscales.

La familia Obiang y el círculo íntimo tienen 60 cuentas distintas en el Riggs, un banco que inició su relación con el dictador hace diez años, y a quien considera su mejor cliente. Claro que las autoridades norteamericanas investigan -no pueden dejar de hacerlo- las irregularidades, pero se trata de la punta del iceberg de los negocios de una mafia que sabe cómo posicionarse en cada momento. ¿Una guerra preventiva? allá van en masa, como un solo hombre. ¿Funerales pontificios? ahí vemos a los dos Bush, padre e hijo, petroleros hasta la médula, como un espíritu santo.

jicarrion@terra.es

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 09 de abril de 2005.

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