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Entrevista:JOSÉ ANTONIO LABORDETA

Su señoría levanta la voz

Único diputado de la Chunta Aragonesista en el Congreso, Labordeta ha conseguido situar Aragón en el mapa parlamentario. El estilo claro y directo y la voz de trueno de este viejo profesor, juglar, poeta y caminante han hecho la hazaña. Acaba de editar su obra musical completa.

De camino hacia su despachito en el Congreso de los Diputados, recorremos varios pasillos. Dejamos atrás los retratos de los que han sido presidentes de la institución, y una mesa con los restos de un buen desayuno del grupo de CiU -"éstos sí que están bien organizados"-. Mientras camina, con sus andares de hombre corriente y su aspecto de profesor de instituto, una de las muchas profesiones a las que ha dedicado su vida, mira intensamente con sus ojos de niño huérfano, y comenta algunas cosas. Recuerda que el jefe de Europol, al preguntarle cuándo supo que el atentado del 11-M era un golpe islamista, dijo que lo pensó con certeza al atardecer del mismo día 11, ¿y cómo no iba a tener la misma información el encargado de Interior, el señor Acebes?, se pregunta. Añade que, en su opinión, Aznar quería cargarse a Ibarretxe, y que por eso estuvo mirando hacia el norte todo el tiempo, con la obsesión de ETA. Y que un diputado del PP le contó que cuando Acebes iba a La Moncloa a informar, iba pensando que habían sido los islamistas, pero que de allí volvía pensando que había sido ETA… El diputado mueve la cabeza como quien dice: esto es increíble… "Siguen la política del bote de humo para ocultar la verdad, hasta unos extremos… No lo han hecho bien, han perdido las elecciones, y no lo quieren asumir. Y sin embargo, yo estoy convencido de que si el día 11 el señor Acebes sale en la tele a las siete y dice que se han equivocado, que ha sido un acto de terrorismo islámico, y asume su responsabilidad, podían haber ganado, o perdido por muy poco".

Juglar de Aragón, compositor e intérprete de letras en las que glosa los problemas endémicos de su región, como el abandono de los pueblos, la inmigración a zonas más ricas de sus paisanos, la injusticia social y la defensa de las libertades políticas para todos, más que cantar, Labordeta clamaba. Sacaba a relucir, y todavía saca, una voz fuerte, insólita para un hombre más bien pequeño y con cara de no excederse nunca. Es una voz que asusta cuando se oye por primera vez; como si llegara de las profundidades de la mismísima tierra y él sólo se ocupara de prestar su garganta. "Oh", se oye, "¡somos de la tierra adentro, somos de la piedra y cal! Hace tiempo que nos dicen que ya todo se andará, pero lo único que camina es la gente que se va. Une tu mano conmigo y verás cómo nos empezarán a escuchar… Oooh, somos de la tierra adentro, somos el viento y la soledad. Gente que no pide y que tampoco le dan". Labordeta acaba de sacar una recopilación de sus discos, y ahora que es diputado de la Chunta Aragonesista, esporádicamente también brama; cuando algún parlamentario le saca de sus casillas. Hace poco mandó a la mierda a uno que le chinchaba y le impedía explicarse. El Abuelo, como se le llama en el Congreso, reaccionó con la espontaneidad de un joven.

Labordeta, en el Parlamento, procura contener sus ímpetus. Sigue escribiendo y cantando si se le pide. Tal vez lo único que ha abandonado es su faceta de profesor. O quizá no, y quien esté atento siempre podrá aprender de él una buena lección.

En la foto de su colección de discos está guapo, parece un tanguista argentino.

Por eso la he puesto. A ver si ligo de una puta vez.

Pero los cantantes ligan mucho. Algunos dicen que se hicieron músicos sólo por eso.

Yo he ligado poco. De chaval he ido mucho a los toros. Vi a Manolete, a El Estudiante, a Litri, a Aparicio… Ya no me gustan los toros, pero entonces, un día en Gijón, me presentaron a El Estudiante. Como era un hombre de clase media y entonces sólo se metían en los toros los más pobres, le pregunté que por qué toreaba. Me dijo: "Porque me dijeron que se ligaba, pero resulta que no ligué nada". En cuanto a los músicos, el que más liga es el batería. Yo, desde luego, nada. Es que hay que estar en ello. Cuando me hice cantante ya era mayor, tenía 39 años. Tampoco mi vida ha sido la de un bohemio. Creo que porque no he tenido buena salud. De chaval, una noche de ronda me costaba tres días de recuperación, de andar tomando bicarbonato.

Había un amigo que decía: "Cuando éramos jóvenes era dificilísimo ligar. España era un país muy complicado para eso. Pero a los cuarenta, cuando ya estamos cantando, el problema es que ligas con una chica mucho más joven, que te tiene hasta las cinco de la mañana por los bares, y tú lo que tienes es ganas de irte a dormir la borrachera. Así que lo mejor es irte a las doce a dormir tú solo". Por tanto, yo acababa los recitales y me iba a casa.

Da la impresión de que ahora lamenta no haberse soltado el pelo.

Tampoco. No. Además soy muy tímido. El otro día estuve con la ministra de Cultura y podía haberle dicho que me colocara en un Cervantes, pero es que soy incapaz de hablar, muy cortado para estas cosas.

Sin embargo, en su biografía, llena de actividades dispares, se atrevió a salir a cantar a escenarios llenos con casi 40 años. Que no son edades normales para comenzar una nueva vida, y menos de esa clase…

No. Eso es muy típico de los tímidos, que eres capaz de lanzarte en un momento, pero, sin embargo, una relación normal no sabes tenerla… Quizá es lo normal lo que asusta, más que lo extraordinario. Por eso no le dije nada a la ministra…

¿Y piensa que ésa es una característica de los aragoneses?

Tengo una canción sobre Buñuel. Cuento que un día le preguntaron en París cómo eran los aragoneses. Y él dijo: "Mire, yo he hecho una película que ha sido muy celebrada en Europa: El perro andaluz. Pues hace poco, paseando por Zaragoza, se me acercó un paisano y me dijo: 'Oiga, don Luis, esa película es muy flojita". Eso expresa muy bien el espíritu depresivo que tenemos los aragoneses. No sabemos saltar el cristal para hacer cosas públicas, somos gente tímida. No hay un lobby aragonés, por ejemplo, como lo hay gallego y catalán. No hacemos cadeneta. Tenemos a Goya, Joaquín Costa, Miguel de Molinos, Miguel Servet… Tenemos a los grandes heterodoxos. El símbolo de la acracia es la heterodoxia, y nosotros somos muy ácratas.

Y usted se siente descendiente de eso.

Sí, es muy típica de Aragón esa acracia intelectual. Tenemos a un personaje tan fundamental en la cultura española como lo es Goya, pero no sabemos sacarle partido.

¿A Goya se lo ha comido Velázquez?

Sí. Y a personajes tan importantes como Fernando el Católico, comido por Isabel; aunque él hizo una política muy importante por el Mediterráneo. Pero aparece como un cazurro. Y luego tenemos la mala pata de que Cervantes corta el paso del Quijote por Aragón precisamente porque el Quijote de Avellaneda pasa por allí. Cervantes se enfada, nos corta en la ínsula Barataria y nos coloca ya en Barcelona, y no habla para nada de Aragón. No hemos tenido suerte desde el conde de Aranda, que fue jefe de gabinete de Carlos III. Desde entonces no hemos contado con gente capaz de movilizar Aragón en Madrid.

Bueno, con el Plan Hidrológico sí que han logrado poner Aragón de moda.

Sí, para insultarnos por insolidarios.

Una de las estrofas de una de sus canciones dice: "Los aragoneses somos gente que no pide y que tampoco se nos da". Eso puede estar cambiando.

Yo soy muy aragonés y, al mismo tiempo, muy español. Siempre me ha gustado estar fuera de España y, sin embargo, siempre estuve aquí. Cuando me fui de lector de español a Aix-en-Provence escribí un libro de poemas que no publiqué, Sonata ibérica. Es un libro muy malo, muy machadiano, pero con una nostalgia tremenda de España. La ventaja de ser aragonés es que al mismo tiempo soy muy español.

Otra estrofa: "Une tu mano conmigo y verás cómo nos empezarán a escuchar". ¿Pasó con la supresión del trasvase?

Es que con el trasvase matas cosas muy importantes.

Pero repartir el agua con los vecinos ¿no es un acto de solidaridad, muy acorde con su modo de pensar?

Dicen, los que defienden el trasvase, que el Ebro echa el agua sobrante al mar. Un desperdicio. Claro que la echa; es que es necesario. Como el Ródano y el Nilo. Y si esos ríos no echaran agua al mar, el Mediterráneo se moriría. No habría plancton, ni arena, ni peces. Pero esto la gente no lo sabe…

Usted como político, que es su actividad actual, cuando en una ocasión defendía el delta del Ebro, no lo hacía con el lenguaje de los políticos, sino de un poeta. "Es el Ebro el que ha creado el delta. El río lo hizo a la perfección durante siglos, hasta que alguien inauguró pantanos por doquier y se convirtió en una sucesión de embalses. Aragón pierde y sufre, pero quien pierde la vida es el delta". ¿Ese modo suyo de hablar lo convierte en alguien con credibilidad, un político atractivo?

Pero es que a continuación les pregunto a los murcianos: bueno, vamos a ver, díganme para qué quieren el agua. Y me entero: para hacer un campo de golf de 27 hoyos. El campo más grande de Europa lo van a hacer en una zona desértica de España. El otro día me quedé alucinado cuando se lo oí decir al famoso holandés que fue entrenador del Barça y que le han hecho relaciones públicas de ese golf. ¿Cómo demonios se llama ese hombre? Ya lo recuerdo, Cruyff. Lo contaba en la radio. Y yo le decía al taxista: "Mire lo que está diciendo. En Murcia. ¿No es de locos?". Y para hacer eso hay que inundar, hacer 17 pantanos, matar una comarca tan hermosa. Porque aquí seguimos haciendo grandes pantanos, no como los suizos, que construyen pantanos laterales. Aquí nos cargamos tres pueblos. Así que, en conclusión, los que apoyaban el trasvase eran las grandes constructoras y cementeras.

Ha sido poeta, catedrático, cantante, periodista, protagonista de una serie de televisión, 'Un país en la mochila'. Y siempre un señor comprometido con la sociedad. ¿No le daba miedo saltar de un espacio a otro jugándoselo todo?

En 1985 decidí dejar la enseñanza y dedicarme a cantar. Aquello sí fue una locura; porque en este país, dejar de pronto un sueldo fijo, un trabajo muy decente, para irse a la aventura, pues era de locos. Y, con todo, lo decidí. Un escándalo. Tenía tres hijas. Por suerte, mi mujer está acostumbrada. Nos casamos en el 64, y asume esa situación, eso es lo que yo veo… A lo mejor siente soledad, pero en ningún momento hemos tenido problemas en ese aspecto. Ella era catedrática de latín, con lo que no estaba metida en casa.

¿Cree que le impulsaba a actuar así una falta de responsabilidad irresistible?

Puede. Un amigo me dijo: "A ver cuándo dejas de ser un adolescente". Soy muy adolescente aún. Tendría que ser una persona madura, moderada, y, sin embargo, cada día soy más ácrata y creo más en que hay que enfrentarse con el orden establecido; no tengo poder para hacerlo, que si no…

Pero se atreve a mandar a la mierda a un diputado impertinente. A veces quizá parezca demasiado sincero para alguien que milita en un partido político.

Ya, es que soy un desastre. Visceralmente no soy nada asentado. Es como si hubiera en mí algo demoniaco. Aquélla había sido una tarde muy dura con lo de la guerra de Irak. Yo tenía una interpelación a Álvarez Cascos sobre ferrocarriles en Aragón. Empiezo a hablar, había como diez diputados, y uno empieza a vueltas con lo de la mochila: "Oye, ¿dónde tienes la mochila?". Y cuando son las doce de la noche, que unos señores de 50 años empiecen con esas chorradas…; es que no tengo capacidad política para aguantar eso y le mandé a la mierda. Yo, cuando Aznar decía ciertas cosas, es que no sé cómo podían contenerse sin contestarle. Yo no lo aguantaría. Deberían poner micrófonos de ambiente, y así la gente sería más educada. No sabes las cosas que dicen algunos… barbaridades.

Muchos diputados tienen un lenguaje aburrido, laberíntico, tal vez porque defienden cosas que no creen. Usted no; es claro y transparente. Pero al mismo tiempo choca que esté en un partido, que asuma esa disciplina alguien que siempre ha hecho lo que ha querido.

Sí, soy muy sincero para contar las cosas. En cuanto al lenguaje, tú no has tenido en cuenta que en el Congreso hay un problema, y es que la mayoría son licenciados en Derecho, gente que de por sí tiene un lenguaje complicado. Si analizas las leyes, te das cuenta de que están hechas en torno a un circunloquio para que tú puedas, si eres el abogado, darle vueltas al pirulo y vivir de él. Yo estudié tres años Derecho y lo dejé porque empecé a no entender nada. Pero en el hemiciclo hay mucha gente con sentido del humor, y con ellos me divierto.

¿Cree que la sinceridad sigue siendo una virtud, o que da igual mentir para lograr los objetivos? Hablo de la sociedad en general, y de los políticos.

La historia de la derecha es mentir siempre, y de lo que cuentan, el 80% son falsedades, desde sus historiadores hasta sus políticos de todas las épocas. La historia que nos enseñaron era una sarta de mentiras. Pero ellos están convencidos de haber nacido con un certificado de honestidad bajo el brazo. De ahí su prepotencia, esa manera de mentir mirando a los ojos. La gente de la izquierda, me parece, se atreve menos. Hasta se está perdiendo la vergüenza. Yo digo que ser hipócrita es una gran cosa; porque el hipócrita al menos siente vergüenza de lo que está haciendo o diciendo. Hoy, como los nazis, la derecha piensa que si repite una cosa mil veces, acaba convirtiéndose en realidad. He estado muy enfadado. Porque la mayoría absoluta la asumes, es lo que los ciudadanos han decidido, pero cuando te das cuenta de que va a servir para destruir un país como lo estaban destruyendo… Los políticos son gente rara, los profesionales, como tú dices. Porque si yo hubiera metido a un país en una guerra argumentando que había armas de destrucción masiva, al comprobarse que no las había me habría marchado al Senegal avergonzado. Pero ellos vuelven a insistir, cogen la historia para volverla del revés. Es decir, que la Guerra Civil la organizó la izquierda.

¿Se siente más incómodo en el Congreso de lo que se sentía en un escenario?

Mucho más cómodo cuando salgo a cantar, que aún canto por ahí. Un director de cine americano decía que las dos cosas que alargaban la vida eran follar y gritar. Yo follo poco; vamos, que no follo, pero gritar sí grito mucho. Cuando canto saco una voz… Así que eso es lo que me ha alargado la vida. Es que yo lo paso muy bien, y veo que la gente lo pasa bien. Hago un show. No es sólo cantar, también hablo de la canción, cuento su historia.

Lo que ha dejado definitivamente es la enseñanza, aunque es la profesión que eligió, como su padre y sus hermanos…

Mis padres tenían un colegio en Zaragoza. Mi padre era de Izquierda Republicana, le quitaron la dirección y se quedó un primo de confianza. Allí se refugiaron algunos represaliados. Era un colegio mixto, donde venía un hombre una vez al mes a recitarnos poemas de rojos: Alberti, Neruda… Mi padre era católico, pero el colegio no. Mi hermano Miguel, el poeta, estaba allí metido, y yo trabajé hasta que me marché a Francia de lector de español. La economía del colegio no funcionaba, y a la vuelta, como me iba a casar, mi hermano me dijo: "Hazte catedrático de instituto, porque del colegio no puede vivir otra familia". Y me fui a Teruel, donde me encontré a Sánchez Sinisterra y montamos, por ejemplo, La zapatera prodigiosa. El zapaterito era Jiménez Losantos. Pero a veces, cuando canto, aún me siento profesor. Tengo una canción en la que me pregunto: ¿qué hago yo aquí? Ese día tenía que explicar quiénes eran los mudéjares a los chicos. Hacía un calor tremendo y no entendían nada. "Haced el favor, que a los mudéjares los tenemos hasta en la cultura futbolística", dije, y se hizo un silencio tremendo. "Sí, cuando decís: alabí, alabá, alabí bombá". Hice una canción con eso. Ahora no tengo la cabeza limpia que se necesita para componer. En vacaciones es cuando más escribo. Tengo seis o siete canciones acabadas, pero meterme en un estudio de grabación es superior a mis fuerzas.

¿Cómo ve hoy el mundo un 'profe'?

Sólo tengo la esperanza puesta en ese péndulo por el que parece que la historia se rige. Y este mundo ha llegado a ser tan de derechas de derechas, que debe ser la hora en la que el péndulo empiece a bajar, y volvamos a una situación más moderada, y las cosas se solucionen de otro modo que con guerras. Y no como ahora, donde la violencia manda. Cuando pienso lo que estoy viendo, lo que me imagino para el futuro, cambio de pensamiento, me centro en una película, por ejemplo, deliberadamente, porque no puedo soportarlo. Zanjo el asunto y me consuelo pensando que es hora de que el péndulo baje.

Claro que usted, desde este despachito, poco puede hacer; incluso en política nacional. ¿O sí?

Podemos hacer poco desde el principio. Franco no se murió porque acabáramos con él. Se murió cuando quiso. Eso aún me produce tristeza.

Como diputado, ¿ha notado variación tras el cambio de Gobierno?

Sí. Antes teníamos un Gobierno que decidía las cosas en 48 horas, en cuatro patadas, cosas tan serias como la ley de educación, la ley antiterrorista… El Congreso no existía. El otro día veíamos a unos diputados de Esquerra Republicana correr como descosidos para llegar a tiempo de retirar una enmienda a los Presupuestos. Algunos hablaban de mal efecto. Yo disfruté con la escena. Por fin veía funcionar el Parlamento. Porque mientras Aznar tuvo mayoría, no existía nada más que él. Sus propios diputados lo idolatraban ¡como si fuera un caudillo! Fue terrible ser parlamentario. Sólo tenía una ventaja: como no había nada que hacer, podías ir al cine y al teatro todos los días. Podían haberte enviado el sueldo a casa. Ahora salgo a las tantas, llego a casa agotado y estoy encantado. Me siento útil. Por ejemplo, estoy orgulloso de haber alcanzado un avance en los presupuestos para Aragón. Tienes un voto, pero es un voto. El tuyo. Y sirve.

Y todo por Aragón. ¿Es nacionalista?

Soy medio libertino, y he luchado siempre porque este país, España, tuviera libertad. Y ahora tengo una razón añadida: que pertenezco a una región con problemas, o mejor dicho, con desfases. Defiendo este territorio y todas las causas donde se defienda el progresismo. Por ejemplo, en Aragón, nuestro mayor político fue Joaquín Costa, y su epitafio es terrible, dice: "No legisló". Imagina lo que ese pueblo es capaz de valorar: que su mejor político es bueno porque nunca legisló… Te dan ganas de irte a tu casa. Al fin y al cabo hay leyes que llevan mi nombre. Estoy escribiendo un libro que se va a llamar El diario de un beduino. Cuando me vaya de diputado, lo editaré. Procuro ponerme en la visión de un ciudadano y empezar a ver este mare mágnum, pero no lo entiendo.

¿Qué opina del 'plan Ibarretxe'?

Estoy en contra, porque divide en dos mitades el País Vasco y resucita los peores demonios de España. Un estatuto puede reformarse contando con todas las fuerzas del país, pero ellos lo que intentan es hacer una confederación. Y eso es un peligro, porque supone no una igualdad entre partes, lo que significa una federación, que nosotros propugnamos en la Chunta, sino que haya unos con más poder que otros. Mi partido respeta las reformas que se hagan siempre dentro de la Constitución. Y yo personalmente en lo político me considero seguidor de Pi i Margall y su proyecto de Constitución federal. Es que los nacionalistas pueden llegar a ser increíbles. Fíjese, el otro día, Uxue Barkos, la diputada de Nafarroa Bai, que es una mujer lista y simpática, con la que me llevo muy bien, me decía que ellos van a votar no a la Constitución Europea porque no se hace una defensa de los fueros navarros. Es lo mismo que si yo dijese que voy a votar no porque no se menciona a la Virgen del Pilar.

¿Qué quería ser usted de adolescente?

Como mucho, escribir poemas. Me metí en el semanario aragonés Andalán, que aglutinaba a la izquierda política e intelectual de Aragón entre el 70 y el 75. De ahí sale un partido, Izquierda Socialista, el primero donde milité. Pero como militante soy malo. Cuando tengo una reunión en la Chunta Aragonesista, digo que tengo trabajo en Madrid y me escaqueo. Si estoy en la Chunta, es por esa necesidad de sacar a Aragón del bache. Pero no soy nacionalista. Un día me dijeron: "Oye, pero ¿sois independentistas los de la Chunta?". Y contesté: "Los aragoneses somos brutos, pero no tontos". Intentar que Aragón sea independiente es una tontería. Ahora, mejorar la situación, intentar sacar una mejoría en el presupuesto, o que tengamos dos salidas a Francia en vez de una… Me he pasado la vida haciendo política.

¿Cómo le gusta ser considerado?

Como lo que soy. Un anarco-burgués. Me gusta Mozart y la pintura y el barroco. Y soy muy desobediente.

El otro día le oí decir que votaría que sí a la Constitución europea, aunque la postura de su partido era contraria.

Pues votaré a favor, y lo haré por una razón: si hubiéramos hecho caso a los que decían que no en 1978, todavía estaríamos con el fuero de los españoles. Fíjate qué vértigo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 30 de enero de 2005