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Impulsor del teatro vivo

Jorge Lavelli se dio a conocer en Francia con una obra de su amigo Witold Gombrowicz, Le mariage. Con ella ganó en 1963 el Gran Prix con el que se galardona a las compañías jóvenes.

Lavelli había llegado a París desde su argentina natal con una beca para seguir unos cursos de Charles Dullin y Jacques Lecoq, y en esa ciudad de tolerancia y libertad acabó por instalarse, convirtiéndose en uno de los directores más inventivos.

La trayectoria de Lavelli es densa. Como director fundador del nuevo Théâtre National de la Colline desde 1987, y hasta 1996 bajo el ministerio de Jack Lang, Lavelli apostó por el teatro exclusivamente contemporáneo, por presentar obras del siglo XX que no hubieran sido producidas anteriormente, fiel a su predilección por un teatro vivo. Inauguró el equipamiento con El público, de Federico García Lorca, y le siguieron obras de Ionesco, Schnitzler, Thomas Bernhard o Edward Bond.

Jorge Lavelli tiene en su haber más de un centenar de montajes entre teatro y ópera. Arrabal, Berkoff, Tabori, Tony Kushner y Brian Friel son otros de los autores que desfilan por su extenso currículum. Los clásicos como Shakespeare, Pirandello, Valle-Inclán o Calderón también figuran en él. De hecho, Jorge Lavelli fue uno de los que divulgaron la obra de Calderón en Francia, primero con El mágico prodigioso y, después, con La vida es sueño, que dirigió para La Comédie Française.

La hija del aire que acaba de presentar en Madrid es un antiguo proyecto que debía estrenarse dentro de la programación de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, coincidiendo con el IV centenario del nacimiento de su autor y que se vio truncado por una serie de intromisiones políticas.

Cuatro años después el proyecto se ha visto materializado gracias al acuerdo entre el Teatro San Martín de Buenos Aires y el Teatro Español de Madrid, con Mario Gas (que ya programó un par de montajes de Lavelli en los festivales de Tardor, preolímpicos de Barcelona) al frente. Una pieza sobre la ambición y el exceso de poder. Lo que son las cosas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 23 de diciembre de 2004