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Los obispos harán campaña también contra el aborto y las uniones gays

Rouco llama a una movilización "en España y en Europa" en defensa de las raíces cristianas

"Ese día ha llegado". La voz suave del cardenal Antonio María Rouco, dolorido aún tras la reciente extirpación de su riñón derecho, llamó ayer enérgicamente a la movilización de los católicos contra lo que el episcopado llama la "descristianización" de la sociedad, y también contra las "agresiones" del poder político en general y del Gobierno socialista en particular. La Conferencia Episcopal, que ayer clausuró en Madrid un exitoso I Congreso de Apostolado Seglar y que la semana pasada puso en marcha una campaña contra la eutanasia, prepara ya dos nuevas movilizaciones de sus fieles: contra la anunciada ampliación de los supuestos del aborto legal y contra los matrimonios entre homosexuales. Rouco pidió a sus fieles que no tengan miedo. "¡El futuro nos pertenece!", les dijo el cardenal.

El cardenal de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española desde 1999 aprovechó la homilía de la misa de ayer ante los 2.000 congresistas seglares llegados a Madrid y ante medio centenar de obispos para, con palabras casi textuales del profeta Malaquías, lanzar un reto apocalíptico a sus fieles y contra los infieles. "Sí, llegará el día ardiente como un horno, en el que los malvados y perversos serán la paja, en el que no quedará de ellos ni rama ni rastro; pero, en cambio, a los que honran el nombre de Dios los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas".

Rouco añadió inmediatamente que "ese día ha llegado ya de forma sorprendente y absolutamente insospechada, aunque su revelación plena esté pendiente aún". El sermón del cardenal se llenó aquí de apelaciones a María, la cruz, la resurrección y la gloria, para subrayar más tarde cómo "el juicio de Dios se manifestaba misericordioso hasta límites insuperables para todos los que en medio de las vicisitudes de este mundo vencen día a día el pecado en su existencia personal y en la vida del mundo, siendo testigos de ese evangelio de la gracia que ha hecho nueva la ley de Dios".

"Ser testigos, aquí y ahora en España", dijo Rouco, "es una exigencia que habéis descubierto con acentos propios y concretos en estos días de congreso, precisamente como fieles laicos y a través de vuestra específica responsabilidad de ser instrumentos imprescindibles de santificación de todas las realidades temporales: desde el matrimonio y la familia hasta la escuela, la cultura, la opinión pública, el mundo de la economía y del trabajo y de la comunidad política. Testigos de Jesucristo y de su evangelio, y de nadie y de nada más".

"Enviados a la misión"

El congreso de seglares católicos clausurado ayer ha entendido con creces el mensaje de sus prelados y emitió un comunicado final para subrayar el ánimo misionero con que los participantes regresan a sus diócesis. "Nos sentimos enviados a la misión. Somos conscientes de que a pesar de la marginación social y cultural que tantas veces sufre la fe en nuestra sociedad, la espera del anuncio cristiano sigue viva entre nuestros contemporáneos. En este congreso hemos tomado conciencia del momento histórico que vivimos, marcado por el alejamiento de Dios y el relativismo moral que provocan un verdadero daño. Sin embargo, las dificultades del momento presente no nos asustan, sino que despiertan aún más nuestro deseo de salir al encuentro de todos los hombres con la propuesta de la vida cristiana", dice el comunicado leído en el plenario, minutos antes de que Rouco lo clausurase con palabras de ánimo y simpáticos apuntes de humor gallego. Por ejemplo, echó en cara al congreso que hubiera transcurrido sin música ni cantos. "Cantamos poco los españoles", dijo entre el regocijo y los aplausos de sus fieles.

Los congresistas han recibido de sus prelados reiterados mensajes a la unidad de los cristianos bajo la jerarquía, y un dibujo de la realidad de España pesimista y sombrío, casi martirial para los católicos. También han recibido reproches por falta de preparación. Ayer, algunas conclusiones de la base congresual devolvieron el reproche a sus superiores reclamando "diálogo abierto, sincero y constructivo", y pidiendo "incrementar la presencia de los cristianos en la vida pública, las asociaciones, los sindicatos, los partidos políticos, los medios de comunicación, etc., desde la libertad y desde el espíritu de las bienaventuranzas".

"¿Quo vadis', Europa?"

Un polaco amigo personal del Papa, el arzobispo Stanislaw Rylko, vino ayer a Madrid para colocar en el seno del Congreso de Apostolado Seglar la metáfora exacta de una persecución religiosa: la que ahora, según los obispos, padecen los católicos "en Europa y en España". "¿Quo vadis, Europa?", se preguntó el arzobispo polaco, presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, es decir, miembro del Gobierno del Estado vaticano. Su diagnóstico fue desolador: Europa está perdida y "no tiene futuro" si sigue ignorando las "raíces cristianas". Europa, además, margina e, incluso, persigue a los cristianos, dijo.

"Quo vadis, ¿adónde vas, Europa?", se preguntó enérgicamente el arzobispo Rylko, en espléndido español. Otro polaco, muy leído durante el nacionalcatolicismo franquista, planteó lo mismo a principios del siglo pasado como metáfora de su Polonia sojuzgada. Quo vadis se titula la famosa novela, llevada al cine por las mejores estrellas de Hollywood. Sienkiewicz (1846-1916) novela ahí sobre la Roma de Nerón, las persecuciones de los cristianos, el difícil nacimiento del catolicismo, pero esos héroes personifican en realidad a su pueblo sometido y sufriente.

El arzobispo Rylko añoró ayer la Europa de la libertad, el bienestar y la solidaridad, pero cargó las tintas, sobre todo, en otra cara de esta nueva Europa: "La de los nuevos muros divisorios, de democracias cada vez más frágiles, tocadas por una profunda crisis de valores y amenazadas por antiguas y nuevas ideologías, entre las que destaca la ideología del 'políticamente correcto", explicó.

El prelado de la Curia romana cree que la ideología imperante en Europa, basada en el relativismo nihilista, "genera una cultura hostil al hombre, especialmente en el ámbito del respeto de la dignidad humana, del derecho a la vida, de la institución familiar, de la libertad educativa".

"Es la Europa opulenta que está perdiendo su alma; el continente de la 'apostasía silenciosa' de una humanidad harta que vive como si Dios no existiese, y en el que la secularización asume forma institucional, convertida en un neopaganismo combatiente con dogmas propios y misioneros aguerridos", subrayó.

Fue en ese punto donde Rylko habló de persecuciones. "La cultura dominante de nuestro tiempo ha infiltrado en las instituciones europeas un fuerte prejuicio anticristiano. En el espacio público de la Europa secularizada, los cristianos pueden ser tolerados sólo si son transigentes con las ideologías dominantes", dijo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de noviembre de 2004

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