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Berlusconi visita a Gaddafi en busca de un acuerdo para controlar la inmigración ilegal

El líder italiano ofrece abrir una oficina en Trípoli para regular la llegada de africanos

Silvio Berlusconi cenó anoche en una jaima sahariana con el máximo dirigente libio, Muammar el Gaddafi, para buscar un acuerdo sobre inmigración ilegal. Berlusconi propuso una vez más la creación de patrullas de vigilancia mixtas italo-libias que frenen las expediciones de clandestinos antes de que zarpen hacia el islote de Lampedusa y las costas de la península, y ofreció el establecimiento de una oficina italiana en Trípoli para regular de antemano la situación de una parte de los inmigrantes. Gaddafi se mostró de acuerdo en la necesidad de cooperar .

Sin embargo, el máximo dirigente libio le hizo notar al presidente del Gobierno italiano, como en los contactos diplomáticos mantenidos en los últimos días, que las patrullas de vigilancia y la oficina de inmigración no serían más que soluciones parciales. Subrayó que era imprescindible que la Unión Europea destinara grandes sumas a la promoción económica del África subsahariana, con el fin de moderar las presiones migratorias hacia el norte.

Gaddafi también exigió contrapartidas por su cooperación. Una, el pago de compensaciones de guerra por la invasión de Libia en 1911: la compensación adecuada sería, en su opinión, que Italia construyera y pagara una gran autopista paralela a la costa que atravesara todo el país, desde Túnez hasta Egipto.

La segunda contrapartida sería, según fuentes italianas, que Berlusconi se comprometiera a mediar con los otros dirigentes de la Unión Europea para que ésta cancelara las sanciones aún vigentes sobre Libia por su vinculación con actos terroristas.

Berlusconi y Gaddafi ya se reunieron el pasado 10 de febrero y expresaron posiciones idénticas a las de ayer. En su anterior entrevista, el presidente del Gobierno italiano prometió a su interlocutor que ejercería como valedor de los intereses libios en las cumbres europeas.

Sobre las compensaciones, sin embargo, intentó regatear y ofreció la construcción de un hospital. Italia, económicamente estancada y con graves problemas para cuadrar el presupuesto del año próximo sin romper los límites de déficit de Maastricht, no está en condiciones de construir nuevas autopistas, ni en Libia ni en ninguna otra parte.

En la conversación de anoche se abordaron otros temas de interés para Gaddafi, como la crisis de la región de Darfur, en Sudán (el líder libio se opone a una intervención militar occidental), y la petición de ingreso de Turquía en la Unión Europea (a la que Gaddafi también es contrario por razones comerciales, aunque con el argumento oficial de que los turcos constituirían "un caballo de Troya del binladismo").

A Berlusconi le urgían soluciones al problema de la inmigración. La isla de Lampedusa, frente a las costas libias, recibió el lunes otros 275 inmigrantes sin papeles que dijeron ser palestinos, entre ellos 89 menores de edad. Y el debate sobre la ley de inmigración siguió abriendo divisiones en su Gobierno.

El propio Berlusconi dio ayer mismo la razón al ministro del Interior, el centrista Giuseppe Pisanu, y reconoció que las cuotas estrictas para la admisión de extracomunitarios establecidas en 2002 por los dirigentes de la xenófoba Liga Norte, Umberto Bossi, y la posfascista Alianza Nacional, Gianfranco Fini, debían ser modificadas.

Los empresarios italianos reclaman desde hace meses que se autorice la entrada de más extranjeros, porque en la agricultura y en las tareas más duras de la industria y los servicios hay decenas de miles de empleos vacantes. La Liga Norte mantuvo, sin embargo, su rechazo a que las cuotas fueran ampliadas o suprimidas. "Las cuotas no se tocan", declaró el ministro de Reformas, el liguista Roberto Calderoli.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de agosto de 2004