Reportaje:

Lula busca un despegue salvador para Varig

Impulsa un plan de saneamiento y cambios accionariales en la aerolínea brasileña de bandera

El presidente brasileño, Lula da Silva, no quiere que la principal aerolínea de Latinoamérica, Varig, deje de volar. Considera que la desaparición de esta aerolínea de bandera, fundada hace 76 años, proyectaría en el mundo una mala imagen de Brasil. Algo que entorpece sus intentos de reconstruir un liderazgo regional, atraer inversiones y mantener relaciones normales con la comunidad financiera internacional.

Su Gobierno está estudiando una operación de salvamento que podría costarle 810 millones de euros al Estado y una reestructuración del accionariado de Varig, con el ingreso de inversores locales, extranjeros y del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES). Se trataría de crear una nueva Super Varig, según fuentes del banco.

El Gobierno estudia un plan de reflotamiento de la compañía aérea que puede costar unos 810 millones de euros a las arcas del Estado
Varig, que está controlada por una fundación y debe 1.630 millones de euros, prevé ingresar 129 millones en 2004 y debe cubrir gastos por 243

El ministro jefe de la Casa Civil de Brasil, José Dirceu, declaró esta semana que el Gobierno está dispuesto a "trabajar para encontrar una solución para la aerolínea y garantizar la posición de Brasil en el mercado internacional". Dirceu reconoció que funcionarios del BNDES y de varios ministerios diseñan un proyecto de reestructuración de Varig que en breve se presentará a Lula para su aprobación. No obstante, descartó que el Estado pretenda ser accionista de Varig.

Gran parte del sector aéreo de este país se halla en crisis desde hace años por la reducción de la demanda, dada la inestabilidad económica que se arrastra desde 1998, y por el encarecimiento de los costes.

Con la escalada actual de precios del crudo, que supera los 47 dólares en el mercado de Nueva York, las aerolíneas latinoamericanas afrontarán este año costes adicionales de más 570 millones de euros, según el presidente ejecutivo para la región de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), Patricio Sepúlveda. La mayoría de las líneas brasileñas redujeron servicios, destinos y plantilla. En este país, de grandes dimensiones y con 176 millones de habitantes, han cerrado ya algunas aerolíneas como Real Aerovias, Cruzeiro do Sul o Transbrasil.

Varig, controlada por la Fundación Ruben Berta, debe 1.630 millones de euros, la mitad al Estado y a la Seguridad Social. Este año prevé ingresar 129 millones y debe cubrir gastos por 243 millones, por lo que la amenaza de quiebra está encima. En 2003 perdió 486 millones.

El Gobierno de Lula propuso el año pasado un acuerdo entre la empresa y los acreedores, entre ellos el ente estatal que gestiona los aeropuertos, Infraero, y la petrolera Petrobras (30% del Estado local), pero la fundación lo rechazó porque implicaba un recorte de su participación en Varig del 84% al 20%. La fundación intentó otra alternativa: la fusión con TAM, que tampoco está en una situación financiera envidiable. Empezaron a compartir vuelos y lo siguen haciendo, pero la fundación terminó oponiéndose a la integración porque, dada la deuda de Varig, sólo le iba a corresponder una ínfima porción de las acciones. Mientras tanto, sigue creciendo la aerolínea de bajo coste Gol.

El Gobierno estudia esta vez la posibilidad de que BNDES y cinco inversores nacionales e internacionales interesados inyecten 121 millones a cambio de quedarse con un tercio de la nueva Super Varig. Los 815 millones de deuda fiscal serían renegociados si la empresa desiste de su demanda de 1.223 millones contra el Estado por una congelación de tarifas entre 1985 y 1990 y por la presunta cobranza indebida de ciertos tributos.

Los acreedores de la otra mitad de la deuda, privados, institucionales y gubernamentales, pasarían a controlar los otros dos tercios de Varig. De este modo, la fundación se quedaría con una pequeña porción de acciones de una nueva empresa saludable. Este plan de rescate de Varig se asemeja al que reestructuró hace unos años a la suiza Swiss Air, aunque ésta recibió una inyección de 405 millones.

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