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El psicoanálisis, la plaga porteña

"La vida me ha ido quitando posibilidades que antes fueron mías, y parece como si a cambio me estuviera dejando el escribir como un último don", escribe Ernesto Sábato en sus diarios de vejez. "Cuando las pérdidas parecen cubrirme los ojos, escribir y pintar me renacen. Escribir como lo último que me va quedando. También los afectos. Siempre", añade el autor, que padece problemas de visión.

"Vengo a España temiendo no encontrar a quien busco, tan cambiada la he visto que temo no reconocerla", dice en otro pasaje del libro. Sábato contrapone los elogios a España al lamento por el deterioro de la situación en Argentina. "La Argentina ha caído de la situación de país rico, riquísimo, que yo en mi juventud conocí como la séptima potencia del mundo, a ser hoy una nación arrasada por los explotadores y los corruptos, los de adentro y los de afuera".

Después de pasar una velada en un bar del viejo Madrid, Sábato se expresa así: "A la noche un amigo español me dice, con sonriente ironía, que esta costumbre de frecuentar los bares y expandirse allí, convirtiéndolos en lo que antes fueron las plazas de los pueblos, los ha salvado de frecuentar psicólogos para tener a quien contar lo que nos pasa, como sucede en la Argentina. Lo corrijo, le digo que eso no pasa en la Argentina, sino en Buenos Aires, a los porteños. Siempre he dicho que en Buenos Aires el psicoanálisis fue una plaga. No tengo por qué ocultarlo porque en todos mis libros, desde hace cincuenta años, vengo despotricando tanto contra el racionalismo como contra el psicoanálisis".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de junio de 2004