Reportaje:

Pisos en la Terraza Martini

La antigua sede del banco del Movimiento Nacional y del bar de la planta 13ª, en el paseo de Gràcia, será un bloque de viviendas de lujo

Todas las casas tienen su historia. Otras son la historia de muchos. La del número 16 del paseo de Gràcia es una de estas últimas. Fue la sede en Barcelona del Banco Rural y Mediterráneo, propiedad del sindicato vertical franquista, y albergó también la Terraza Martini, un punto de encuentro, entre cócteles, en la Barcelona de las décadas de 1960 y 1970. Su nuevo dueño desde hace dos meses, la inmobiliaria Metrópolis, anuncia que construirá pisos de entre 80 y 100 metros cuadrados en la casa, hoy llena de oficinas.

En 1957, cuando la casa se empezó a construir en el chaflán del paseo de Gràcia con la Gran Via, el Estado abría bancos y fábricas. Sin solución de continuidad, muchos de aquellos negocios de la autarquía acabarían mal. El Rural y Mediterráneo no fue una excepción. Su principal accionista fue primero la Secretaría General del Movimiento, un remedo de partido único del régimen, y luego el antiguo sindicato vertical, que compartieron la propiedad con pequeños accionistas privados.

La coctelería fue un punto de encuentro en Barcelona en las décadas de 1960 y 1970

El objetivo del banco era tener una sede emblemática en Barcelona, y lo consiguió. Donde antes hubo una casa de dos pisos, entresuelo, planta baja y sótano, se levantó un lujoso edificio de 13 pisos, más dos sótanos. En el piso 13º se instaló la Terraza Martini. El propio banco ocupó el patio de operaciones de la planta baja y alquiló el resto de las plantas para oficinas.

No duró mucho allí la actividad bancaria. Desde mediados de los años ochenta, la finca cambió de manos varias veces hasta que hace dos meses el fondo alemán Deka la vendió a la inmobiliaria Metrópolis por 55 millones de euros. La cadena de ropa Zara ha comprado la macrotienda que ocupa en la planta baja.

Desde el principio, la torre de la casa y su célebre terraza marcaron la vida del edificio. En el local "se presentaban estrenos de películas, obras de teatro y hasta el Premio Planeta. Se inauguró en 1961 y se cerró en 1980", recuerda Manel Villalante, que fue durante dos décadas barman de la terraza. Villalante -una voz del pasado que habla en el presente- recuerda que el local abría sólo a la hora del aperitivo y por la tarde hasta la cena. "No entraba cualquiera. Había que estar invitado a alguno de los acontecimientos que se organizaban", recuerda el barman.

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En su casa barcelonesa, Villalante guarda con esmero docenas de fotografias de aquellas dos décadas. Por allí pasaron el ciclista Jacques Anquetil, la actriz Gina Lollobrigida, la cantante Josephine Baker, el actor John Wayne, el músico Atahualpa Yupanqui y el director de cine Vittorio de Sica, entre otros. El alcalde de Barcelona José María de Porcioles era otro asiduo, lo mismo que el torero Mario Cabré y el delegado nacional de Deportes Juan Antonio Samaranch. En el local no estaba bien visto entrar sin corbata. "Recuerdo que Joan Manuel Serrat lo intentó una vez y tuvo problemas", relata Villalante, a punto de cumplir 80 años y hoy profesor y relaciones públicas del Club del Barman de Cataluña. Sin embargo, Wayne, como se ve en la imagen, no tuvo problemas por no llevar corbata.

El consejero delegado de Metrópolis, Josep Maria Xercavins, dice que hay una tendencia a vivir en algunos lugares del Eixample y, por eso, la inmobiliaria construirá viviendas allí. ¿Quiénes son los clientes de estos pisos? "Suelen ser solteros o parejas sin hijos de elevado poder adquisitivo", explica la empresa. La historia de la casa sigue.

Tocando el 'acordeón'

El banco logró tener en Barcelona un edificio cuyo vestíbulo de la planta baja quitaba el hipo. Cuando entró en crisis, a finales de la década de 1970, acababa de abandonar la presidencia del banco el ex ministro de Franco José Utrera Molina. En esos años, las cuentas del banco se tiñeron de rojo y el Estado absorbió las pérdidas tocando el acordeón, como se solía llamar coloquialmente a estas operaciones ruinosas. Es decir, reduciendo capital para eliminar las pérdidas, primero, y ampliándolo después para inyectarle fondos.

Eran los años sesenta, los de la apertura del régimen, con los ministros lópeces y los tecnócratas del Opus Dei desplazando a los camisas azules de los puestos clave del Gobierno. En los registros del Archivo Municipal Administrativo, donde se conserva la documentación sobre la casa, no consta el precio pagado por el solar, pero lo cierto es que tras su saneamiento con dinero público, la entidad acabó sus días con más pena que gloria y la casa tuvo varios dueños. El banco fue traspasado al Patrimonio del Estado, luego al Banco Exterior y después a Argentaria, que acabaría fusionándose con el Banco Bilbao Vizcaya.

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