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Reportaje:FÚTBOL | Conmoción en los banquillos

Benítez planta al Valencia

El técnico del 'doblete' rompe su contrato con el club de Mestalla al sentirse engañado y ninguneado por sus dirigentes

¿Es verdad que Rafa Benítez deja el Valencia? Los teléfonos escupían una y otra vez esta pregunta ayer por la mañana entre los círculos valencianistas, incrédulos y conmocionados. Y sí, era verdad. El técnico madrileño, de 44 años, el más laureado de la historia del club de Mestalla, decidió romper su contrato, por una temporada más, tan sólo unas semanas después de haber conquistado la Liga y la Copa de la UEFA. Tres títulos en apenas tres cursos y 162 partidos oficiales. ¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

"Se ha sentido ninguneado", resumió ayer su ayudante, Antonio López, muy afectado por la decisión de su jefe. Horas antes, el propio Benítez habló del "desgaste anímico y personal" que ha sufrido en el último año y medio por parte de la directiva valencianista. Lo hizo antes de reunirse durante una hora con el presidente del club, Jaime Ortí, en los vestuarios de Paterna, donde le expuso las razones que le han llevado a tomar tan drástica medida. Todos sus dardos apuntaron hacia la misma diana: el director general, Manuel Llorente, al que acusa de haber negociado a sus espaldas hasta con tres entrenadores para sustituirle: Gregorio Manzano, César Ferrando y Claudio Ranieri, por este orden.

El club atribuye la marcha del entrenador a una oferta mareante del Liverpool

Según las informaciones que le llegaron a Benítez, Llorente ya tanteó a Manzano al final de la pasada campaña, cuando el Valencia quedó el quinto en la Liga y, por tanto, fuera de la Champions; habló con Ferrando hace un par de meses, cuando el Valencia estaba muy alejado del Madrid en la Liga, y, por último, telefoneó la semana pasada a Ranieri, el técnico italiano que ha sido destituido en el Chelsea y que es el principal candidato a ocupar el banquillo de Mestalla, que conoce de tiempo atrás.

El Valencia pretende amortiguar las críticas de la hinchada, que ayer montó en cólera por la marcha de Benítez. Tanto que incluso corrió un mensaje entre los teléfonos móviles con el texto siguiente: "A las 20.00, cacerolada en Mestalla en contra del consejo [de administración]". "Hoy es un mal día para el valencianismo", sentenció el presidente de la Agrupación de Peñas, Jaume Part.

Sin embargo, desde la concentración de la selección española, en Las Rozas (Madrid), Albelda enfrió la indignación. Atribuyó la salida de Benítez a "grandes ofertas" con las que no puede competir el Valencia. Se refería a la supuesta propuesta del Liverpool, negada por el representante del técnico, Manuel García Quilón. "Tiene que llegar la novia primero para poderse casar", dijo pese a que, en la página web del club inglés, el preparador más deseado por sus seguidores es el español. "Es normal, [José] Mourinho y él son los que más suenan ahora en Europa", explicó Quilón.

La versión del entorno de Llorente es distinta. "Benítez ya tenía la oferta del Liverpool hace tiempo y se va por motivos económicos". "No hemos hablado ni de dinero", replicó López. Y, entre medias, entró en la escena el tercer hombre, el director deportivo, Jesús García Pitarch, enfrentado a principios de curso con Benítez, pero que ayer, en su despedida, se puso de su parte. Apoyó todos sus argumentos. De hecho, en las negociaciones del lunes, el club estaba dispuesto a ofrecerle la cabeza del propio Pitarch. Pero Benítez dijo que no, que ése no era el problema. Incluso a última hora del lunes la entidad tiró la casa por la ventana y le ofreció tres años más de contrato y la remodelación del organigrama deportivo a su entojo. Demasiado tarde. El madrileño se siente muy fuerte después del primer doblete del Valencia. Le ha puesto la guinda a una época dorada que comenzó en junio de 1999, cuando Ranieri ganó la Copa del Rey. Benítez perfeccionó luego ese equipo sólido y potente que ideó el italiano y desarrolló el argentino Héctor Cúper.

El distanciamiento entre Benítez y Llorente se inició hace un año y medio, cuando Ortí le amplió el contrato por tres años y el director general se lo redujo a dos, además de rebajarle los emolumentos hasta 1,2 millones de euros por temporada para él y sus dos colaborades, López, y el preparador físico, Pako Aiestaran. Estas causas justifican la marcha de Benítez "entre otras muchas", según García Quilón. Por ejemplo, el poco caso que le hicieron en su reclamación de refuerzos. El cuerpo técnico alcanzó unanimidad para que el club fichase, entre otros, a Cafú, Birindelli y Elber sin que la sociedad atendiera sus propuestas.

Benítez aparcó su Toyota azul oscuro en las instalaciones de Paterna pasadas las 12.30. Vestía una camisa blanca de lino. Observó la excitación entre los periodistas, que corrían, alborotados, de aquí para allá. Dio una conferencia de prensa en la que leyó a medias un comunicado. Se emocionó al recordar su agradecimiento a los jugadores, los empleados del club, los medios de comunicación y, sobre todo, la afición, que tantas muestras de cariño le ha dedicado en las últimas semanas. No pudo leer el último párrafo, que decía: "Tengo dos hijas, una valenciana, y las dos son falleras, por lo que Valencia y el Valencia siempre estarán en mis pensamientos y en mi corazón".

Las hijas y la esposa del técnico, Montserrat, habían frenado en los últimos días su adiós a Mestalla. Les gusta vivir en Valencia, ciudad a la que llegaron en el verano de 2001 sin que casi nadie apostara entonces por Benítez. Si acaso, el que era secretario técnico, Javier Subirats, quien, curiosamente, salió poco después de Mestalla enfrentado también con Llorente.

El técnico presentó ayer su carta de dimisión al Valencia. Es el trámite para rescindir su contrato laboral en el plazo de 15 días. La entidad intenta reclamarle una indemnización que no figura en ninguna cláusula. El mejor entrenador de la historia del Valencia se va herido y orgulloso de Mestalla, triunfante, justo cuando tenía al valencianismo rendido a sus pies.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de junio de 2004