Reportaje:UN PAÍS DE CINE 2

'Plenilunio', dirigida por Imanol Uribe

EL PAÍS ofrece, por 1,95 euros, la adaptación de la novela de Muñoz Molina

Cuenta el director Imanol Uribe que Plenilunio, la galardonada novela del académico Antonio Muñoz Molina (premio Femina a la mejor obra extranjera publicada en Francia en 1998, premio Elle, premio Crisol...), le había estado "persiguiendo" durante un buen tiempo, bien porque insistentemente se la recomendaban algunos amigos o por circunstancias tan casuales como la de encontrársela olvidada en un taxi, hasta que finalmente el productor Fernando Bovaira le propuso adaptarla al cine. "La historia de Plenilunio tenía mucho que ver con el mundo de mis obsesiones", interesándole especialmente la combinación que el escritor Muñoz Molina había creado entre el horror de un asesino violador de niñas y la historia de amor de una pareja tardía.

"Quería hacer una película muy sobria y Palencia me permitió esa sobriedad"
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En colaboración con Elvira Lindo, decidió hacer "una adaptación muy fiel del libro" ya que "se trata de un relato tan rico en matices y personajes que no hacía falta salirse de ahí". Muñoz Molina también colaboró con el director; hasta intervino en un pequeño papel: "Me hacía mucha gracia la idea de que un académico de la Lengua hiciera de bedel de colegio", explicó Uribe: "Incluso me llevó a Úbeda, que es donde él pensó la novela, para enseñarme la auténtica geografía de este relato, aunque yo preferí que se desarrollara en Palencia porque ésta es una ciudad lo suficientemente grande como para que un asesino pueda esconderse, y lo suficientemente pequeña como para que todos los personajes se crucen en la calle Mayor. Úbeda no me ofrecía eso, y Palencia sí. Quería hacer una película muy sobria, tanto en vestuario como en fotografía y en decorados, y Palencia me permitió esa sobriedad", confesó el director a Borja Hermoso en El Mundo. Con Paula Ponga en Fotogramas amplió su descripción: "Es un retrato de personajes en una ciudad de provincias con el aroma de las obras de Simenon o de aquellas películas de Chabrol de historias provincianas... No hay suspense respecto a quién es el asesino; el espectador lo sabe desde el primer momento".

Plenilunio reúne a unos personajes que, en opinión de Francisco Marinero, "comparten un mismo rasgo: la soledad, una soledad romántica, literaria... Un inspector de policía (Miguel Ángel Solá) que llega a una ciudad de provincias tras haber pasado muchos años en Bilbao (él ha superado el alcoholismo, secuela de esa experiencia, pero su mujer, Charo López, no ha podido superar el desequilibrio emocional y está internada en un sanatorio), un sacerdote (Fernando Fernán-Gómez) que fue maestro del inspector, una maestra (Adriana Ozores) de la que el inspector se enamora, un forense (Chete Lera) y el asesino de niñas (Juan Diego Botto)...". Personajes que a Imanol Uribe le parecen "aislados, solitarios. Ésta es una historia de soledades, sobre todo: la profesora que no quiere pasarse toda la vida tomando café con galletas en la sala de profesores, la mujer del inspector internada en un psiquiátrico, el propio inspector de policía que nunca se libera del pasado...".

Presentada fuera de concurso en el Festival de San Sebastián de 2000 (Uribe había obtenido previamente la Concha de Oro en dos ocasiones, en 1994 por Días contados y en 1996 por Bwana), Plenilunio recibió opiniones contradictorias por parte de la crítica. Ángel Fernández-Santos consideró que el guión pecaba de "un exceso de sumisión a algunos elementos de la arquitectura novelesca de Muñoz Molina", y precisaba: "La conversión en cine de una novela exige emprender mutaciones muy profundas en el enfoque del relato, en la estructura temporal de los sucesos relatados y en las composiciones de los personajes que dan cauce y vida a esa estructura". Sin embargo, Javier Rioyo en Cinemanía aplaudía precisamente el guión "porque tiene la inteligencia de no escaparse al espíritu de la novela sin intentar su literatura. Aplauso a Elvira Lindo y a Imanol Uribe, eficaz, sincero, profundo". Carlos Boyero, en El Mundo, señalaba que le había hecho "vibrar en esta buena película la delicada, temblorosa, madura, acojonada, valiente, problemática, carnal y lírica historia de amor entre ese policía machacado por la vida y esa maestra honesta y directa, que ha sufrido la traición y el abandono, que intenta convivir armoniosamente con la soledad, pero que no ha perdido la capacidad de amor y de entrega desde la barricada profesional y ambiental que ha intentado buscar en esa pequeña y aséptica ciudad". Norberto Alcover en Reseña fue rotundo: "A Imanol Uribe hay que animarle a que persista en la brecha y no abandone este territorio del mal en el que se mueve con seguridad".

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Los elogios al reparto fueron unánimes. Para Fernández-Santos, los errores que él detectaba en el guión eran "absorbidos y transformados en verdadero cine por el talento de un reparto que es el verdadero sujeto de las hermosuras del filme. Gente sabia, cautivadora y magnífica (...) que proporcionan a la película momentos de extraordinaria verdad y hermosura", lo que corroboró Rioyo: "Excelentes los actores, la pareja Miguel Ángel Solá y Adriana Ozores son perfectos y están perfectos. Muy bien Juan Diego Botto en un papel demasiado difícil para salir tan dignamente parado. Rotunda, hermosa en su machacado papel, la breve intervención de Charo López. Fernán-Gómez, en su tono de excepción...". Adriana Ozores ganó el Premio Ondas 2000 como mejor actriz, mientras la película obtuvo cinco nominaciones a los premios Goya (mejor fotografía, Gonzalo Fernández Berridi; mejor actor, Juan Diego Botto; mejor actriz, Adriana Ozores; mejor sonido, Gilles Ortion; mejor música, Antonio Meliveo). En el festival de Nueva York fue considerada la mejor película extranjera del año.

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