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LA RECONSTRUCCIÓN DE LA INVESTIGACIÓN POLICIAL / y 4

Zougam, conectado con el ataque de Casablanca

Jamal Zougam, uno de los primeros detenidos por los atentados del 11 de marzo, formaba parte de un grupo radical "conectado" con otro núcleo de fanáticos que giraba en torno a Mustapha El Mauymouni, Mustafá. Según el sumario del 11-M, se trata de un "marroquí que está actualmente condenado por su vinculación con los atentados suicidas de Casablanca", en los que el 16 de mayo del año pasado fueron asesinadas 45 personas, parte de ellas en la Casa de España. Mustafá, considerado una figura carismática de la Salafia Jihadia, fue juzgado y condenado por los atentados de Casablanca, pero antes estuvo en Madrid reclutando adeptos.

Mustafá estaba considerado uno de los jefes en Madrid de la Salafia Jihadia, y su misión en España era reclutar voluntarios para combatir en Chechenia y Afganistán, aunque previamente debían realizar "cursos de entrenamiento en los campos" existentes en el último de los países citados.

El dueño del locutorio de Lavapiés tuvo contactos al menos con dos de los encarcelados en Marruecos por matar a 45 personas en un ataque suicida

Serhan, 'El Tunecino', reunió los restos de varias células radicales dispersas, adoctrinó a los adeptos y participó en actos de purificación antes del 11-M

El imam de El Portillo difundió las ideas radicales del 'cerebro' de los ataques de Marruecos

Saíd Berraj contactó con Amer el Azizi, uno de los hombres fuertes de Al Qaeda en Europa, sobre el que se investiga si estuvo en la casa de Morata de Tajuña

Su papel entre los grupos radicales asentados en España creció en importancia tras la detención, en noviembre de 2001, de Imad Eddin Barakat Yarkas, Abú Dahdah, al que el juez Baltasar Garzón mantiene en prisión por tantos delitos como muertos y heridos hubo en los ataques del 11 de septiembre de 2001. Pero, "con ocasión de un viaje a Marruecos, Mustafá fue detenido b

ajo la acusación de estar implicado en los atentados de Casablanca", por los que "posteriormente fue juzgado y condenado", agrega el sumario.

Tras la caída de Abú Dahdah y de Mustafá "el grupo de individuos investigado en Madrid quedó diezmado y desarticulado" y, además, "varios de sus integrantes fueron detenidos aprovechando su estancia en Marruecos" y otros siguieron escondidos en dicho país "sin que se haya detectado su posible regreso a España". La policía asegura que también estaba vinculado a estos grupos Rabei Osman El-Sayed Ahmed, Mohamed el Egipcio, que "en febrero de 2003 se marchó a Francia, desconociéndose desde entonces su paradero".

Zougam estaba relacionado con los dos grupos, como también lo estaba Sarhane Ben Abdelmajid Fakhet, Serhan el Tunecino, quien finalmente fue la persona encargada de unificar los restos de las células de Abú Dahdah y Mustafá que eludieron las detenciones. La hermana de Mustafá estaba casada con El Tunecino, quien empezó a confraternizar con Zougam "en las reuniones en la peluquería del barrio madrileño de Lavapiés".

Se refiere a las peluquerías Paparachi y Abdou, donde el grupo se purificaba bebiendo agua de La Meca (Arabia Saudí) a fin de limpiarse ante "la posible realización de actos que pudieran ser ofensivos para el Islam". A esas reuniones asistían, según los documentos judiciales, además de Zougam y El Tunecino, Mohamed Bekkali, Mohamed Chaoui, Abdelgani Chedadi, Abdelouahid Berrak y Abderrahim Zbakh.

La célula que perpetró los atentados se fue completando con otro grupo de individuos "ya conocidos por su vinculación extremistas": Driss Chebli, Said Chedadi (procesados por Garzón junto a Abú Dahdah) y Faisal Allouch. En la casa de este último "se llevaban a cabo reuniones donde se exaltaba la Jihad, se defendían los valores del Mujahidin (voluntario islámico que combate en la Jihad) y se decidía quién viajaría a constituirse en un guerrero islámico para combatir a los enemigos del Islam (EE UU, Israel y todos aquellos países árabes que no respetaban la ley islámica en sus Gobiernos)", se asegura.

"En este grupo", continúan los investigadores, "resultó que también estaba el marroquí Amer El Azizi [alias Othman al Andalusi], actualmente en paradero desconocido y con orden de búsqueda y captura por su implicación en el sumario 35 / 01", elaborado por Garzón. El Azizi está considerado por varios servicios de espionaje uno de los principales personajes de Al Qaeda en Europa. La policía investiga si una de las huellas dactilares hallada en la casa de Morata de Tajuña (Madrid), en la que se prepararon las bombas del 11-M, pertenece a Azizi.

Los investigadores han determinado que en el piso de Faissal Allouch, en el barrio de Villaverde (Madrid), se reunía el grupo formado por "Driss Chebli, Serhan el Tunecino, Mohamed Saf Saf, Mohamed Chaoui, Mustafá y el imam de El Portillo (Toledo) Hicham Tensamani Jad". Éste está condenado en Marruecos "como miembro de la célula de Robert Pierre Richard, Yacoub, implicado en los atentados de Casablanca". Los informes explican que Hicham era "el referente ideológico del grupo, influenciado por el radicalismo de Yacoub, al que conoció en Tánger y con quien compartía ideología y financiación de su célula".

Varios miembros del grupo de Casablanca declararon durante la instrucción del proceso en Marruecos que una vez reclutados para viajar a Afganistán pasaron por España. De hecho, Salahaddin Benyaich, uno de los condenados por los crímenes de la ciudad marroquí, convaleció en España entre 1996 y 1999 de la herida de bala en el ojo derecho que recibió combatiendo en Bosnia y Chechenia. Entró con "pasaporte falso" y "se reunió con algunos sirios que conoció en Bosnia y que le proporcionaban dinero". No obstante, no conocía a Mustafá el Mayomuni, según consta en su declaración ante la Sala Segunda de Instrucción del Tribunal de Apelación de Marruecos.

Las conexiones continúan con Farid Oulad Alí, detenido el 17 de marzo, vinculado con el argelino Allekema Lamari, que está reclamado por Garzón como integrante de una célula del Grupo Islámico Armado (GIA), desarticulado en 1997. El nexo final entre todos fueron Zougam y El Tunecino. Este último desapareció de su casa de la calle de Francisco Remiro, de Madrid, el 8 de marzo, cuando también desapareció Said Berraj.

Berraj fue identificado en la segunda quincena de marzo, "cuando su nombre apareció identificado en una reunión en Turquía (Estambul), en octubre de 2000, y a la que asistieron Amer el Azizi, Salahaddin Benyaich, Lahcen Ikhasrien (recientemente extraditado a España desde Guantánamo por su vinculación con la célula de Al Qaeda) y el propio Said Berraj", se asegura en el informe.

Estos grupos contactaron con Jamal Ahmidan, el Chino, que fue quien se encargó de negociar la obtención de los explosivos. El Chino viajó el 28 de febrero a Avilés en un Volkswagen Golf para reunirse con el ex minero José Emilio Suárez Trashorras, un confidente de la policía de la ciudad asturiana. Con él viajaron Mohamed Oulad, Rachid Agli y Rafá Zuheir, confidente de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil. El seguimiento del teléfono móvil de Ahmidan hasta Avilés (y no un chivatazo de Zuheir, como sugiere El Mundo) permitió determinar que había contactado con la esposa del ex minero. El 19 de marzo, el agente "manipulador" del ex minero lo llamó a comisaría y allí lo detuvo.

Suárez delató a Zuheir, que había estado en prisión en 2001 con su cuñado, Antonio Toro Castro. Éste se había jactado de que podía obtener explosivos y Zuheir se lo había dijo al Chino. Los dos confidentes aseguraron que desconocían para qué querían dinamita, aunque les dijeron que era para una explotación minera en el Magreb. El 21 de marzo, la Guardia Civil detuvo a su propio confidente y lo entregó a la policía. Trufando declaraciones, la policía supo que Zuheir había participado el 14 de febrero en una reunión en un McDonald cercano al Hospital 12 de Octubre, en la que estuvieron presentes Ahmidan y Suárez. Según éste último, se habló del intercambio de explosivos por drogas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de mayo de 2004

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