Annan reconoce el fracaso de la ONU ante el genocidio ruandés

El secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, reconoció ayer el fracaso de la ONU y de la comunidad internacional en Ruanda y anunció un "plan de acción" para que una matanza semejante no se vuelva a producir nunca más. En un mensaje hecho público en Ginebra para el décimo aniversario del genocidio, Annan admitió que "la comunidad internacional no estuvo a la altura en Ruanda". "Eso quedará para siempre como una fuente de amargas lamentaciones y pena para nosotros", afirmó.

"El genocidio en Ruanda nunca habría debido producirse, pero se produjo, y ni el secretariado de la ONU, ni el Consejo de Seguridad o los países miembros, ni los medios internacionales prestaron atención a las señales que anunciaban el desastre", declaró el secretario general. "¿Estamos seguros de que, confrontados a una nueva Ruanda, seríamos capaces de reaccionar eficazmente y a tiempo? No estamos en absoluto seguros de ello", agregó.

Annan expresó también su profunda preocupación por la situación en la región de Darfur (Sudán), donde una reciente misión de Naciones Unidas ha comprobado el desplazamiento forzado de comunidades específicas, "lo que podría calificarse de limpieza étnica".A su vez, Ruanda inició ayer los ceremoniales para conmemorar los 10 años del genocidio con la inauguración de un monumento, en presencia de jefes de Estado africanos y de la diplomacia internacional. Más de un centenar de supervivientes se congregaron desde primeras horas de la mañana en el Monumento Nacional del Genocidio de Gisozi, adonde acudieron con ramos de flores y fotografías de sus seres queridos fallecidos durante las matanzas de 1994.

Veinte féretros simbólicos

Mientras un coro entonaba solemnes cánticos en el idioma local, kinyarwanda, 20 féretros, en representación simbólica de todas la víctimas, fueron transportados por sus familiares hasta una de las tumbas colectivas construidas en el monumento y enterrados. Kagame recibió, de manos de una niña que sobrevivió al genocidio, una antorcha con la que el mandatario prendió una llama conmemorativa que se mantendrá encendida durante cien días, el mismo número de jornadas que duraron las matanzas de tutsis, grupo minoritario en Ruanda, y hutus políticamente moderados.

El monumento de Gisozi, que pretende ser un lugar para el recuerdo y la dignidad de las víctimas del genocidio de 1994, está compuesto de una exposición permanente sobre la historia de Ruanda y del genocidio, un jardín para la reflexión y varias hileras de tumbas colectivas. Se prevé que en ellas reposen los restos de las cerca de 250.000 personas que perdieron la vida sólo en la capital. Miles de ellas ya han sido enterradas en el lugar, pero 10 años después siguen apareciendo fosas comunes repletas de cadáveres.

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