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El Velázquez premia el rigor de Palazuelo

Cultura destaca con el galardón de las artes plásticas la coherencia de la trayectoria del pintor

El pintor, escultor y grabador Pablo Palazuelo (Madrid, 1916) obtuvo ayer el Premio Velázquez de las artes plásticas 2004, instituido por el Ministerio de Cultura para fomentar la unión entre la cultura y la creación artística de los pueblos iberoamericanos. El considerado Cervantes de las artes se concedió en las anteriores ediciones a Ramón Gaya y a Antoni Tàpies. El jurado destacó la coherencia de su trayectoria y su capacidad para conciliar el rigor y el misterio, siendo una obra secreta y solitaria que participa de la abstracción europea. Palazuelo mantuvo su jornada habitual en su finca de Galapagar, a 35 kilómetros de Madrid. El artista obtuvo 8 votos de los 12 miembros del jurado, superando a los latinoamericanos Jesús Soto y Juan Soriano.

El Premio Velázquez, de carácter anual y dotado con 90.000 euros, premia cada año la obra de un creador en las distintas manifestaciones de las artes plásticas. Los ganadores tienen además una exposición en el Museo Nacional Reina Sofía y pueden elegir a otro artista menor de 35 años como receptor de la Beca Velázquez, dotada con 30.000 euros, para su disfrute en España.

Los candidatos al premio son propuestos por academias de Bellas Artes, asociaciones de críticos de arte, miembros del jurado y otras instituciones vinculadas a las artes plásticas, de nacionalidad española o de cualquiera de los Estados de la Comunidad Iberoamericana de Naciones. El jurado estuvo formado por Ramón González de Amezúa, presidente, Miguel Zugaza, Juan Manuel Bonet, Carlos Zurita, Rafael Tovar, José Guirao, Eugenio Trías, Pablo Rico, Francisco Calvo Serraller, Alfredo Taján, Marga Paz y Nuria Enguita.

La candidatura de Palazuelo fue presentada por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la Asociación Española de Críticos de Arte, Pablo Rico, designado por el director del Instituto Cervantes, y Antoni Tàpies, ganador del Velázquez el año pasado. Tàpies declaró ayer a Efe que Palazuelo es "uno de los artistas que más se lo merecen por la evolución tan interesante que ha tenido su trabajo, incluso hasta estos días". Tàpies conoció a Palazuelo en París, cuando éste empezó a trabajar en la antigua galería Maeght. "Allí estábamos los tres, él, Chillida y yo. Formábamos parte del mismo equipo, aunque trabajábamos en cosas distintas. Tenemos mucha familiaridad. En conjunto, su obra, tanto las pinturas como las esculturas, tiene una personalidad muy fuerte. Una voz muy propia. Ambos estamos muy interesados por la filosofía oriental, aunque desde diferente manera".

Los argumentos del jurado se centraron en la coherencia de su trayectoria artística, que comienza con unas primeras piezas neocubistas que le conducen a la abstracción en 1948, cuando se instala en París en el Colegio de España. También destaca "su capacidad para conciliar rigor y misterio y por la singularidad de una obra secreta y solitaria", situada en la abstracción europea.

Como miembro del jurado, Miguel Zugaza, director del Prado, destacó de este "pintor secreto su vinculación a la vanguardia de la posguerra" y su influencia en Chillida. "Es un reconocimiento oportuno y absolutamente justo. Es además un artista muy joven, como demuestra con sus trabajos en la feria de Arco, que todos los años sorprende a pesar de su edad por la radicalidad y la juventud en el arte de la pintura". Rafael Tovar, embajador de México en Italia, designado por el secretario de Estado para la Cooperación Internacional y para Iberoamérica del Ministerio de Asuntos Exteriores, se declaró partidario de descentralizar el galardón al existir artistas del mundo iberoamericano que tienen un "enorme valor universal".

La abstracción geométrica de Palazuelo se ha visto hace cinco años en la exposición de la galería Soledad Lorenzo de Madrid, que prepara un nuevo montaje para el mes de octubre. "Palazuelo siempre está en evolución y sorprende", declaró la galerista, con la que trabaja desde 1973. "Es uno de los seres más lúcidos que tiene este país y eso aparece en su obra. Cuando habla y cuando escribe [tiene publicados sus Escritos] explica lo más profundo y complejo sobre la geometría y el número con una claridad fantástica. Es un privilegio trabajar con él, como artista y ser humano". El año pasado presentó en Arco tres pinturas, dos guaches y una escultura pequeña.

Palazuelo fue despertado ayer de su siesta ("es algo sagrado", según su galerista) con la llamada del secretario de Estado de Cultura, Luis Alberto de Cuenca, para comunicar la concesión del premio, que se entrega más adelante en el Museo del Prado. El artista hizo una jornada habitual en su finca de Galapagar, donde dibuja y realiza guaches todos los días. Algunos de estos apuntes los traslada a las pinturas y en ocasiones trabaja las esculturas, en acero inoxidable, en un taller de Mataró. "Pasó el día agotado, porque trabaja mucho y de forma intensa", añadió Soledad Lorenzo. El artista, que tiene los premios Kandinsky (1952) y Carnegie (1958), la Medalla de Oro de las Bellas Artes (1982) y el Premio Nacional de las Artes Plásticas (1999), convocó para hoy una rueda de prensa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de abril de 2004