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Crítica:ESTRENO | 'SWAT. Los hombres de Harrelson'

Se necesita guionista

Estudio de Hollywood con 80 años de historia busca director eficiente para película de acción, basada en una serie de televisión de los setenta. También se necesita estrella del cine que comande al equipo protagonista de la historia (imprescindible, raza negra); chica atlética de curvilíneas formas que ponga el toque femenino (a ser posible, hispana, aunque no mueva un músculo de la cara); guapo actor emergente con capacidad para llenar cines; actor francés que hable inglés con acento francés para ejercer de malo (que para eso nos abandonaron en la guerra de Irak), así como abundante material militar de combate. Aunque nos pique la tentación, no se necesita guionista, ya tenemos al chico de los recados.

SWAT (LOS HOMBRES DE HARRELSON)

Dirección: Clark Johnson. Intérpretes: Colin Farrell, Samuel L. Jackson, Michelle Rodríguez, Olivier Martínez. Género: acción. EE UU, 2003. Duración: 117 minutos.

Este anuncio ficticio ejemplifica cómo se fraguan algunos proyectos de gran envergadura en el Hollywood del nuevo milenio. Columbia reclutó a Clark Johnson para la dirección, y a Samuel L. Jackson, Michelle Rodríguez, Colin Farrell y Olivier Martínez para dar rostro a los protagonistas de la versión cinematográfica de Los hombres de Harrelson (que arrasaba en el monopolio televisivo español de los setenta). Pero se olvidó de lo más importante, de pagar a un guionista competente que escribiese una historia razonablemente atractiva. La casa por el tejado. Así les ha quedado SWAT, un producto con un envoltorio de lujo y varias secuencias de acción muy bien dirigidas, que esconde unos diálogos de chistecillo cuartelero y una trama que no serviría ni para un soso episodio de la serie. Ron Mita y Jim McClain, desconocidos escritores con un solo crédito (Sniper 2, calidad insuperable), son los autores de la historia de SWAT, básica como una piedra. Después, este bosquejo se le entregó a otros dos escritores con más fuste (David Ayer, de Training day, y David McKenna, de American history X) para que lo arreglaran lo más posible.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de diciembre de 2003