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Reportaje:

Vuelva usted mañana, doctor

La homologación de títulos académicos aburre a extranjeros y españoles

Larra vive. Vean si no. Cecilio Mar tiene 56 años y es ingeniero industrial. Hizo la carrera en España pero se fue a Inglaterra y allí se doctoró. En la Universidad de Southampton dio clases de estadística desde 1975. Iniciado el nuevo siglo las circunstancias familiares decidieron que iba siendo hora de ver el sol. Volvió a España con una beca de investigación Ramón y Cajal para trabajar en la Universidad Politécnica de Cataluña. Pero antes de eso había viajado a España en otras ocasiones para impartir cursos de doctorado y examinar a doctorandos. No tuvo para ello ningún problema, bastó con su doctorado británico. El enredo llegó después, al homologar su título.

Las muchas dificultades le hicieron desistir y prefirió doctorarse de nuevo en España. Para que le eximieran de hacer los cursos previos tuvo que pasar por un vía crucis burocrático en el que ha perdido años, enfrascado no pocas veces en conversaciones propias de Tip y Coll.

Para homologar su título, el físico Donini tendrá que examinarse de ¡12 asignaturas de Derecho!, decía la nota

-Necesita una compulsa de La Haya. Se la darán en el Consulado español en Londres -le dijeron en España.

-¿No ha oído usted hablar del Acta Única Europea? -le preguntó un mes después el funcionario del consulado-. Las compulsas de La Haya se dan en el Ministerio de Exteriores.

-¿Y cómo sé yo que su doctorado es auténtico? -preguntó el de Exteriores-. Lo que usted necesita es un certificado de un abogado.

-¿Y cómo convenzo al abogado de que mi doctorado es auténtico? -protestó Cecilio.

-Ningún problema, los abogados hacen cualquier cosa por dinero.

Leída por fin su tesis española, Cecilio Mar quiere ahora presentarse a oposiciones para catedrático pero no puede porque no le reconocen sus muchos años de experiencia docente. Mientras tanto, ha solicitado la homologación de su doctorado británico y de aquella experiencia docente para poder continuar su camino.

El Ministerio de Educación tiene en fase de debate dos proyectos de Real Decreto para agilizar los trámites de homologación. Cada uno de los últimos dos años ha recibido cerca de 40.000 solicitudes.

Peticiones como la del italiano Andrea Donini, que trabaja en la Universidad Autónoma de Madrid con una beca Ramón y Cajal. Es físico y hace años se doctoró en su país. En 2001 quiso homologar ese título universitario para estabilizarse en España. Es un requisito para presentarse a unas oposiciones, por ejemplo. Pero Kafka ha salido a su encuentro: Consulado español en Italia, Ministerio de Exteriores, de Educación, Consejo de Coordinación Universitaria...

En una carta que no debía haber salido de Madrid y que llegó a Italia le indicaban que para homologar su título tenía que examinarse de tres asignaturas. La carta se extravió y Donini fue al Ministerio de Educación (departamento de Homologaciones) para enterarse de las buenas nuevas. Efectivamente, el italiano debía hacer una prueba, dijo el funcionario. ¿Y de qué tengo que examinarme?, preguntó. No se lo dijeron. Cuando se enteró se quedó pasmado: las tres asignaturas, óptica, física del estado sólido y física estadística, ya las pasó en Italia en primero de carrera. Hace bien poco, en octubre de este mismo año, llegó otra carta, ésta de corte surrealista: para que el físico Andrea Donini pueda homologar su título tendrá que examinarse de ¡12 asignaturas de Derecho!, decía la nota. "No me vendría mal, con todos los trámites que tengo que pasar", bromea. Era un error, pero para salir de él debía enviar otra carta. Así lo hizo, pero sigue en pie la prueba de las tres asignaturas de Física si quiere su homologación.

Un compañero de Donini, el alemán Stefan Sint, ha tratado de conseguir en España un reconocimiento de su profesión. Sint trató de convencer a los funcionarios españoles de que en Italia le habían dado ese documento en tres días... Le cortaron: "No me ponga Italia como ejemplo, todo el mundo sabe cómo funciona allí la burocracia".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de diciembre de 2003