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Reportaje:AIRE LIBRE

Las dos verdes orillas del río Eo

Una comarca de paisajes húmedos entre Asturias y Galicia

En pocos lugares se puede combinar como aquí la playa, la ría, la montaña, la pesca y, desde hace unos años, la recogida de setas, que ha enriquecido la gastronomía local.

Todavía quedan en España rincones que atesoran paraísos naturales no descubiertos del todo. Uno de esos rincones se encuentra en el confín occidental de Asturias, ya en el límite con la gallega provincia de Lugo. Es la comarca del río Eo, que se extiende por sus dos orillas, la asturiana y la gallega. El río se hace grande y desemboca en el Cantábrico formando un pequeño estuario de unos 12 kilómetros de largo y un par de ellos de anchura máxima, que los asturianos llaman ría del Eo, y los gallegos, ría de Ribadeo, el pueblo más importante de la comarca. Esta pequeña ría, que tiene un tamaño muy humano, une más que separa a Asturias con Galicia. Hasta la construcción del puente de los Santos, un servicio de barcas cruzaba el trecho de menos de un kilómetro de agua y evitaba los casi 25 kilómetros de mala carretera que había por tierra. Toda la ría es bonita, pero la orilla asturiana más, donde destaca el romántico pueblecito de Castropol, cuna de muchos marinos, encaramado sobre una roca. "El peñón de la Costa Verde", decía la propaganda turística.

Curiosamente, la mejor forma de ver la orilla asturiana es desde la orilla gallega, o en el servicio de barcas, que se mantiene ahora con fines turísticos y para los obreros del astillero de As Figueiras que trabajan en Asturias pero viven enfrente, en la orilla gallega. El paseo que une los muelles de Ribadeo, desde el de Mirasol al de Porcillán, es recomendable para cualquiera. Puede continuarse, pasando El Cargadeiro (donde se cargaba en los barcos el hierro de las minas de A Pontenova), el fuerte de San Damián, hasta el faro de la isla Pancha, ya en la desembocadura de la ría en el bravo Cantábrico.

Montañas y bosques salvajes

En la comarca confluyen Asturias y Galicia, el mar, la ría, muchos pequeños ríos y las montañas. Al sur de la ría, cuya parte ancha llega hasta Vegadeo (A Veiga, en la fala), a 10 kilómetros de la costa, pero cuya agua salada sigue subiendo entre juncales (xunqueiras) y prados con manzanos (pomaradas) hasta Abres, a más de 15 kilómetros del mar, hay unas viejas y poderosas montañas que son una delicia en otoño.

Por suerte, aúnquedan en la comarca, a lo largo de los valles asturianos de los ríos Porcía, el Mazo, Suarón (que vierte sus aguas al Eo atravesando el mismo centro de Vegadeo), Turía, Cabreira o As Veigas, maravillosos bosques de ribera y grandes manchas forestales de castaños, robles, nogales y abedules. Estos últimos, de inconfundible corteza blanca, son los auténticos reyes de los bosques salvajes de la parte más alta de las montañas, de Taramundi para arriba, hasta llegar a las agrestes mesetas altas de la comarca de los Oscos, Fonsagrada (Lugo) y San Antolín de Ibias. Todos están ahora vestidos de gala, esperando que el invierno los despoje de sus millones de hojas. Debajo de sus copas, los bojes y los brezos, de los que los artesanos de Taramundi sacan los mangos para sus afilados cuchillos y navajas, ideales para coger setas.

En los últimos años, Taramundi se ha convertido en un centro modelo de turismo rural, donde se han construido alojamientos hoteleros y apartamentos conservando su carácter. Nacido en torno al hotel La Rectoral (la antigua casona del cura), en la capital del concejo, se han recuperado los antiguos caminos rurales, agrupándolos en rutas (del agua, de los artesanos, etcétera) que los turistas recorren a pie, entre prados y bosques, para llegar a aldeas que han sido restauradas primorosamente, como la de As Veigas o la de Os Teixois. Aquí, uno de los lugares más visitados, el agua de un arroyo mueve un molino, un conjunto de ruedas de afilar, una turbina que dio la primera luz a la aldea, un batán (para aprovechar la ropa vieja) y un mazo, donde un martillo pilón servía para fabricar las láminas de hierro de las que salían clavos, herraduras, cuchillos y navajas, que más de 15 artesanos aún siguen elaborando. Especialmente recomendable es la ruta a pie entre Os Teixois y As Veigas, bien por la ladera de la solana, entre toxos y brezos, o por la de la umbría, entre castaños, robles y helechos, a través del corazón de un bosque surcado por arroyos de cascadas cantarinas y tapizado de musgo.

Por playas, montañas y mercados

Es ésta una comarca que conviene visitar sin prisa, sin cometer el error de los que pretenden en una semana recorrer todo el Cantábrico. Un fin de semana o un puente son ideales para vagabundear por la comarca. De Ribadeo a Foz (unos 35 kilómetros), todo son playas a cual más bella, entre las que destaca por su originalidad la de As Catedrais (las Catedrales), donde el mar ha labrado cuatro arcos (tres contiguos) que asemejan la bóveda de una catedral natural y marina. Sólo se puede llegar a los arcos con marea baja y conviene estar atento a la subida del Cantábrico. El que avisa no es traidor.

Si lo que se prefiere son mercados típicos, el sábado es famoso el de Vegadeo, pueblo maderero, ganadero y comercial, en el que confluyen varias carreteras de montaña y que es punto de reunión de los habitantes de muchas aldeas. Los miércoles le toca el turno al de Ribadeo, con puestos de embutidos de Mondoñedo y quesos de la vecina comarca de A Terra Chá (La Tierra Llana), como los cónicos de San Simón, amarillos y relucientes, que huelen a la madera de abedul con que se los ahúma; sin faltar nunca las verduras autóctonas de las famosas huertas de A Devesa, junto a pescados (peixes) de todos los colores.

Otoño: color y setas en los bosques

Desde hace unos años está en auge en la zona la recolección de setas silvestres, tanto de prado como de bosque, tradicionalmente no tan apreciadas por las culturas asturiana y gallega como por la vasca o la catalana. Sociedades micológicas, como Os Bolouros de Foz (Lugo), o asturianas como la Marqués de Casariego de Tapia o la Asociación Micológica de Vegadeo, llevan tiempo enseñando a disfrutar de esta actividad con exposiciones, degustaciones y banquetes. La asociación de Tapia festeja el fin de esta temporada con una cena que se celebra hoy en el restaurante El Álamo (teléfono 985 47 26 49; 21 euros). En ediciones anteriores, desde los aperitivos hasta los postres (pastel de Boletus edulis o helado de champiñones silvestres) se han podido degustar más de una decena de platos elaborados con esos regalos de los bosques en otoño.

GUÍA PRÁCTICA

Dormir

- Parador de Ribadeo (982 12 88 25). Amador Fernández, 7. Ribadeo. La habitación doble, entre 78,54 y 94,24 euros, según la temporada.

- Casa rural Doñano (982 13 74 29). En la aldea de Vilela (Ribadeo). La habitación doble, entre 57 y 69 euros.

- Casa rural Galán (985 63 45 59 y 639 25 57 72). En Louteiro (Vegadeo). La doble, de 35 a 45 euros.

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Hotel La Rectoral (985 64 67 60). En Taramundi. La habitación doble, entre 106 y 124 euros.

- Casa rural Aniceto (985 64 68 53 y 636 41 03 38). En Bres. De 33 a 39.

- Palacete Peñalba (985 63 61 25). Calle Granda, s/n. Figueras. Bellísimo chalé modernista, con jardín, que fue el retiro de un indiano. La habitación doble, entre 63 y 73 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de noviembre de 2003

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