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CLÁSICOS DEL SIGLO XX (2)

'Un mundo feliz', de Aldous Huxley

EL PAÍS presenta la novela más popular e influyente del escritor británico

Aldous Huxley (1894-1963) fue uno de los autores británicos más populares desde que en 1932 publicó su novela Un mundo

feliz, texto que podrá comprar mañana el lector de EL PAÍS por 2,95 euros al adquirir el diario. Miembro de una familia adinerada y culta, Huxley destaca desde sus primeras obras por su fina ironía, su enorme intuición y sus grandes conocimientos. Pertenece también a ese grupo de escritores anglosajones que, desde una selecta educación -estudió en Eton- y una holgada situación económica, no dudó en señalar los defectos de una sociedad que consideraba decadente, aplicando con inteligencia su talento para denunciar el vacío y el horror de sus cimientos. Un mundo feliz es una desesperanzada visión de una sociedad futura dominada por la tecnología y la genética en la que los ciudadanos de Utopía, confortablemente sojuzgados por la droga "soma", han renunciado a la libertad a cambio de una existencia sin problemas. Poco después de publicada la obra, su autor decidió dar un giro importante a su vida, inquietudes y, por tanto, a su estilo, manifestando un creciente interés por la literatura mística y las experiencias con drogas alucinógenas. Murió el 22 de noviembre de 1963, el mismo día en que mataron al presidente Kennedy.

Genética y fisión

Un mundo feliz vendió 28.000 ejemplares en el Reino Unido y Estados Unidos durante los 12 meses siguientes a su publicación. Las cifras se mantuvieron altas en los años siguientes, mientras el libro se convertía en una referencia inevitable al hablar del futuro.

Huxley había conseguido despertar el interés de los lectores proyectando en el futuro algunas novedades de la época como los hallazgos de la psicología conductista y los últimos avances en genética. También había incorporado tendencias ya más consolidadas en aquel momento, a principios de los años treinta, como eran los usos de la aviación o la producción en cadena. Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial, el autor se convenció de que había omitido un aspecto esencial a la hora de elaborar su visión del futuro.

En 1958 aparecía Un mundo feliz revisado, obra en la que Huxley reconocía no haber valorado el ominoso potencial de la energía atómica. Pero casi medio siglo después, con la guerra fría terminada, la humanidad parece más preocupada por los peligros de la genética que por los de la fisión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 31 de octubre de 2003

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