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CLÁSICOS DEL SIGLO XX (2)

'El filo de la navaja', de W. Somerset Maugham

EL PAÍS presenta en su colección de libros una de las mejores novelas del escritor británico

William Somerset Maugham, del que el lector de EL PAÍS podrá adquirir mañana una de sus mejores novelas, El filo de la

navaja, por 2,95 euros al comprar el diario, es un perfecto representante del bon vivant. Pertenece a ese grupo de escritores anglosajones, desde Oscar Wilde y Noel Coward a Scott Fitzgerald y Truman Capote, en los que los placeres de la vida, la fascinación por la belleza y la elegancia y la predilección por lo exquisito tenían en sus textos una coherente correspondencia. Frecuentar los ambientes sofisticados estimulaba su ingenio, su ya acerada lengua y su gran capacidad de observación. Si a ello se añade el placer de la lectura y una cultura cosmopolita y refinada, el resultado es una obra impecable que gozó de una gran popularidad, que fue adaptada al cine en varias ocasiones y que le permitió ganar el reconocimiento de los escritores que le leyeron y admiraron, desde Graham Greene a John Le Carré, pues no en vano se le ha considerado un pionero de las novelas de intriga y espionaje. Somerset Maugham tuvo esa doble faceta de gran viajero -una consecuencia del concepto imperial de los británicos- y una atracción por la aventura. Murió en donde había residido la mayor parte de su vida: en la dorada Costa Azul francesa.

Espionaje y literatura

Por caprichos de la historia, Inglaterra tiene una larga tradición de escritores que en algún momento de su vida trabajaron como agentes secretos.

Los dramaturgos Ben Johnson y Christopher Marlowe, ambos contemporáneos de William Shakespeare, ejercieron de espías según numerosos indicios durante el reinado de Isabel I.

Antes de escribir Robinson Crusoe, Daniel Defoe llevó a cabo misiones como agente secreto tanto para los tories como para los whigs durante el convulso periodo que vivió Inglaterra a finales del siglo XVII y principios del XVIII.

Maugham fue reclutado por el servicio de inteligencia británico durante la Primera Guerra Mundial y participó, bajo la falsa identidad de un corresponsal de prensa, en misiones secretas en la Rusia revolucionaria.

Basándose en estas experiencias publicó en 1928 Ashenden or the british agent (publicada en España con el título El agente secreto). La novela marcaría la pauta a otros escritores posteriores que también ejercieron de espías para su majestad: Graham Greene y John Le Carré.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de octubre de 2003

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