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Lula visita a Castro para impulsar los lazos de Cuba en un momento de aislamiento

Brasil firma con La Habana 12 acuerdos de cooperación para impulsar sus relaciones

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, llegó ayer a La Habana con el objetivo declarado de impulsar los vínculos económicos y políticos con el Gobierno de Fidel Castro, en momentos en que Cuba, acosada por Washington desde hace cuatro décadas, sostiene un áspero enfrentamiento con la Unión Europea que ha acentuado su aislamiento. Lula llegó al mediodía con 10 ministros y una delegación de 50 empresarios, y fue recibido al pie del avión por Castro con un fuerte abrazo. Horas después, ambos mandatarios sostuvieron un primer encuentro.

El viaje de Lula ha levantado muchas expectativas dentro y fuera de la isla. Para varios diplomáticos, más allá de la importancia de los acuerdos económicos y comerciales, la visita representa una muestra de respaldo del carismático mandatario brasileño a su viejo compañero de luchas revolucionarias en estos momentos difíciles. "Lula está convencido de la importancia de no dejar a Cuba fuera del concierto de las naciones, en un momento histórico en el que tiene muchas presiones", no sólo de EE UU, sino también de la UE, dijo esta semana el embajador de Brasil en La Habana, Tilden Santiago.

Más cauto, sabedor de que su visita es analizada con lupa en la Casa Blanca, el propio Lula declaró antes de partir hacia La Habana desde México: "No va a ser una visita del amigo Lula al amigo Fidel. Será la visita del jefe de Estado de Brasil al jefe de Estado de Cuba. Por tanto, la plática será sobre negocios. Tenemos acuerdos que realizar, y vamos a discutir con la misma intensidad con que hemos discutido con todos los países con quienes hemos mantenido conversaciones".

Durante la estancia de Lula se firmaron 12 protocolos de intención y acuerdos de cooperación en diversas esferas, entre ellas en salud, educación y en varias áreas económicas. También hay interés por parte de la empresa estatal Petrobras, que acaba de abrir oficinas en Cuba, de llegar a acuerdos para extraer crudo en el Golfo de México, modernizar la refinería de Cienfuegos y participar en la explotación de yacimientos ya en producción.

Además, según el embajador Santiago, hay interés en el sector del turismo, donde empresas brasileñas ya están invirtiendo en la construcción de 2.000 habitaciones. También existen proyectos para transferir tecnología brasileña a la industria azucarera cubana, en crisis. En estos momentos, La Habana renegocia una deuda de 40 millones de dólares con Brasil, y el intercambio comercial entre ambos países no llega a 200 millones de dólares.

La agenda de Lula en La Habana es apretada, por los largos encuentros que sostendrá con Castro. Ayer, tras una primera reunión a solas, ambos encabezaron las conversaciones oficiales de las dos delegaciones, asistieron a la firma de varios acuerdos y cenaron juntos. Hoy Lula recibirá a una representación de los 600 brasileños que estudian en la isla, inaugurará un encuentro empresarial cubano-brasileño y volverá a reunirse con Castro.

Sin duda, uno de los temas de discusión entre ambos presidentes será el de la integración latinoamericana, viejo sueño del líder cubano que también defiende Lula, aunque en tono más moderado. Según Santiago, Lula tiene muy claro el papel que Cuba puede y debe jugar en este esfuerzo y quiere "contribuir" a que la isla "ocupe el lugar que se merece en el escenario internacional".

Sobre las dos peticiones vinculadas con la oposición que recibió Lula antes de viajar a La Habana -entrevistarse con los disidentes que aún están libres en la isla, tras el encarcelamiento de 75 opositores en marzo, e interceder por los prisioneros-, Santiago fue claro: "Lula ya respondió: 'No lo va a hacer, porque no corresponde a su misión". La Cancillería brasileña, dijo Santiago, será la que "examinará la cuestión" y decidirá qué hacer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de septiembre de 2003