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Reportaje:LA RUTA DEL VINO

Cooperativa de alta expresión

Solagüen de Labastida, con 206 agricultores socios, se mantiene en la vanguardia 40 años después de su fundación

Solagüen es la explicación práctica de que las cooperativas pueden elaborar vinos de calidad sin morir en el intento. Toda una hazaña si se rastrea la historia de las cooperativas en la Rioja alavesa, plagada de empeños que se quedaron en experiencias truncadas o resultados mediocres. Y sin perder el ritmo de los tiempos. Esta sociedad formada por 206 viticultores de Labastida, Briñas y Salinillas de Buradón se mantiene en la vanguardia en la elaboración de vinos de crianza, con proyectos de investigación pioneros que impliquen a los socios en una viticultura de calidad.

En pocas palabras: ya no importa tanto la producción como la excelencia de la uva, todo un cambio en las formas de trabajar la tierra y la vid para los agricultores, que normalmente cobran sobre los kilos entregados en la bodega. "Los socios de Solagüen son pacientes", dice su presidente, Carlos Argudo, que algo sabe del asunto; es hijo de quien fuera el primer responsable de la cooperativa. Sin esa paciencia es difícil explicar que saliera adelante la apuesta por la comercialización del vino en aquellos años sesenta.

Efectivamente, la cooperativa fue pionera en la crianza en madera y el embotellado de sus mejores vinos. Salieron al mercado bajo la marca Castrijo (un término geográfico de la localidad), costumbre denominadora que se mantendrá en referencias sucesivas de la bodega. De aquellos Castrijo todavía quedan algunas botellas por ahí, que dan fe de la voluntad de Solagüen por competir en todos los ámbitos. Porque la cooperativa de Labastida toca todos los palos: desde el granel (en declive, aunque supone el 20% de su producción) hasta la elaboración de vino por encargo. Ahí está su relación con dos grandes casas comerciales británicas para las que elabora un caldo a su gusto: un coupage de vino de año y de crianza corta, de la que remiten alrededor de 350.000 botellas al año.

Y, cómo no, también se han introducido en el mundo de la alta expresión, fórmula para calificar a esas elaboraciones complejas, repletas de color y paladar poderoso. En esta ocasión, el nombre elegido como marca es Manuel Quintano, en recuerdo de aquel eclesiástico de Labastida que ya en 1786 introdujo las técnicas bordelesas para la elaboración de vino de crianza.

La línea de trabajo de Solagüen va sobre todo en esta última dirección de apuesta por la calidad. En principio, se quiere embotellar toda la producción de sus 600 hectáreas, unos 4,5 millones de kilos de uva. Además, se pretende alcanzar el 1,5 millones de botellas de crianza, para lo que se prevé ampliar su parque de 6.000 barricas. Sin contar con los dos proyectos de I+D en los que está embarcada: uno, en el ámbito del corcho, uno de los asuntos que mayores quebraderos de cabeza da a las bodegas; el otro, en la agricultura de calidad para que sus conclusiones sean aplicadas por los 206 socios.

Solagüen encara su 40 aniversario con novedades atrevidas. A las citadas hay que sumar la reforma y ampliación de las instalaciones y la restauración de la cercana ermita de San Roque, de planta octogonal, como centro de acogida a los visitantes. Y todo, con paciencia, como siempre.

Visitas: previa cita en el teléfono 945 331161

Viñedo: 600 hectáreas de tempranillo (95%) y otras variedades, sobre todo la viura.

Vende vino en bodega

Solagüen. Unión de Cosecheros de Labastida, S. C. Avenida Diputación, 53. Labastida (Álava).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de septiembre de 2003