Cartas al director
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África y Europa

La situación en el continente africano es de sobra conocida: el hambre azota a más de una de cada tres personas del África subsahariana, y la mitad de las muertes maternas del mundo se registran allí. De los 13,2 millones de niños que han quedado huérfanos en el mundo hasta la fecha, 12,2 son del África subsahariana.

Romano Prodi, presidente de la Comisión Europea, es buen conocedor de la situación que vive África a tenor del artículo de opinión que escrito por él fue publicado el pasado 11 de julio en EL PAÍS. En él repasaba la actuación de la Unión Europea (UE) y Prodi parecía relativamente optimista. Tres días antes, el 8 de julio, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) daba a conocer su informe anual de Desarrollo Humano. ¿Había tenido en cuenta Prodi los datos expuestos en ese informe en el momento de escribir su artículo?

Según Prodi, el desarrollo de un sector agrícola africano potente, orientado al comercio, ha de garantizar el desarrollo a largo plazo... Por ello, la UE desembolsó 385 millones de dólares en apoyo del desarrollo de la agricultura africana. Asimismo afirma que las subvenciones agrarias siguen constituyendo un importante factor de preocupación para los países en vías de desarrollo... Mientras la UE avanza en la dirección apropiada, EE UU ha tomado la dirección opuesta. Quizá haya que recordar a Prodi que la UE continúa gastando más dinero al año en subsidios para su propia agricultura que en ayuda oficial al desarrollo para África, arruinando así la economía de los pequeños productores africanos, que ven invadidos sus mercados por las exportaciones agrarias europeas a precios por debajo de su producción.

Asimismo Prodi afirmaba que Europa continúa siendo el principal socio comercial de los países pobres, y que las importaciones agrícolas de la Unión procedentes de los países en desarrollo ascendieron a 36.000 millones de euros, superando con creces a las de EE UU. Si bien las importaciones de bienes que en 2001 la UE realizó de esos países expresadas como porcentaje de sus importaciones totales ascendió a un 14,9%, la misma cifra baja a un ridículo 0,52% cuando se refiere a las importaciones procedentes de los países menos adelantados (y no hay que olvidar que tres de cada cuatro de esos países se encuentran en África).

A la luz de todos estos datos, creo que estamos en condiciones de contestar mejor a la pregunta que formulaba Prodi en su artículo África: ¿hace Europa lo que le corresponde? La guerra de números en la que se encuentran enzarzados los dos grandes gigantes económicos (Unión Europea y EE UU) acerca de sus políticas de comercio no puede hacernos dejar de ver la verdadera realidad de las cosas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0009, 09 de agosto de 2003.

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