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Necrológica:DESAPARECE UN CREADOR DE NUEVAS FORMAS

Muere Roberto Bolaño, un gran renovador de la literatura en español

El escritor chileno tenía 50 años y se hallaba a la espera de un trasplante de hígado

Barcelona
Que Roberto Bolaño estaba enfermo lo sabían todos sus amigos, pero la noticia, ayer, de su muerte cayó como una bomba. A finales de junio participó en un encuentro de escritores latinoamericanos en Sevilla; el último día de ese mes entregó a su editor su nuevo libro de relatos, y además tenía sólo 50 años, y entre sus manos su gran novela, de más de mil páginas. De talento literario extraordinario, forzó los límites de la literatura y jugó sabiamente con todos los géneros. Su apuesta renovadora ha dejado huella en escritores de ambas orillas del Atlántico. Como dice Juan Villoro, "deja una obra que es un torrente de vida": Los detectives salvajes, La literatura nazi en América, Nocturno de Chile...

"La verdad es que los escritores nos damos cuenta demasiado tarde de que la vida es breve", había afirmado el escritor Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953). A él se le ha quedado corta para ver crecer a sus hijos, corta para escribir todo lo que bullía en su mente. El pasado 30 de junio entregó a su editor, Jorge Herralde, su nuevo libro de relatos, El gaucho insufrible. Estaba obsesionado por acabar su novela de más de mil páginas, 2666, de la que tenía listas cuatro partes. No pudo acabar la quinta. Seix Barral reeditará La literatura nazi en América y rescatará La pista de hielo, publicada por la fundación cultural Colegio del Rey, de Alcalá de Henares, en 1993.

Bolaño sufría una dolencia hepática degenerativa y estaba a la espera de un trasplante de hígado, que no llegó a tiempo. Murió a las 2.30 de la madrugada de ayer en Barcelona. Tenía 50 años. Hoy se celebrará una ceremonia laica en la que está previsto que intervengan algunos de sus amigos más queridos.

El autor de Los detectives salvajes (premios Herralde y Rómulo Gallegos) tenía un talento extraordinario, que mostró tanto en el relato corto como en la narrativa de largo aliento. Forzó los límites de la literatura con novelas en las que desarrollaba y mezclaba con igual acierto historias paralelas, autobiografía, biografía inventada; no desdeñó el género negro y amó ante todo la poesía. En sus mundos de perdedores -él mismo decía que había perdido todas las revoluciones-, de seres destrozados, de destinos erráticos, no faltó nunca el humor, las bromas privadas. Su influencia se ha hecho notar a ambos lados del Atlántico.

Cuando Roberto Bolaño tenía 15 años emigró a México con sus padres. A los dieciséis empezó a escribir. Tres meses antes del golpe de Estado de Pinochet, regresó a Chile, porque quiso estar ahí. Fue detenido. En 1974 volvió a México. Fueron tiempos difíciles magistralmente recreados en Nocturno de Chile. También estuvo en El Salvador, donde conoció al poeta asesinado Roque Dalton.

La llegada a Barcelona

A Europa llegó por París, pero su destino era Barcelona, adonde arribó en 1977. "Parecía una fiesta permanente. A mí me parecía la ciudad más hermosa del mundo", afirmó en una entrevista con este diario.

Decía que su única patria era la lengua. Nunca se sintió inmigrante, aunque sí extranjero. "En Chile, nadie dijo que era chileno, siempre me decían que era español. En España, absolutamente a ningún español se le pasa por la cabeza pensar que soy español. En México, a nadie se le pasó nunca por la cabeza pensar que yo fuera mexicano. Por tanto, he llegado a la conclusión de que pertenezco a un país que se llama Extranjilandia, cuyos nativos son los extranjeros. Yo me siento muy chileno, muy español y muy mexicano", declaró al diario mexicano Reforma.

En Barcelona trabajó de lavaplatos, camarero, vigilante de cámping... Fumaba mucho, no dormía y bebía café a todas horas. Escribía, por ejemplo, Amberes, en 1980, que no publicó hasta 22 años después. Y poesía, que también solía guardar en cajones. Los perros románticos, una reunión de poemas escritos entre 1980 y 1988, fue editado por la Fundación Kutxa y lo recuperó Lumen en 2000, con prólogo de Pere Gimferrer. Sentía adoración y admiración por Nicanor Parra, "el poeta más grande en lengua castellana vivo".

Hacia 1984 o 1985, él mismo no recordaba la fecha, se fue a Blanes. Eligió este pueblo gerundense por el mar y la tranquilidad. "Y también porque es la ciudad donde no pudo establecerse Pijoaparte". Juan Marsé era uno de sus escritores preferidos. De cabecera lo fueron Borges y Cortázar. Solía citar a Cernuda, Auden o Rulfo. No le gustaba Neruda, aunque decía que tenía dos libros extraordinarios.

Por esa época escribió a cuatro manos con Antoni García Porta Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, un libro sorprendente en el que había incluso asesinos en serie. Como decía, divertido, trabajó bastante para premios provinciales que le daban para vivir y publicó en editoriales y fundaciones apenas conocidas a escala nacional.

En Blanes, pese a sus penurias económicas, se lo montó mejor. Alquiló un pequeño estudio apenas a cincuenta metros de su casa. Trabajaba siguiendo los horarios escolares de su hijo, le llevaba al cole, le iba a recoger...

Cuando estaba en el momento culminante de uno de sus trabajos incluso dormía en ese estudio. Escribir le exigía algunos rituales imprescindibles: música de rock de los años setenta, una infusión de manzanilla con miel y tabaco, muchísimos cigarrillos.

Escribía tres folios al día; si las cosas iban bien, hasta diez. Cuidaba mucho de la estructura de sus libros y reescribía mucho. Así surgieron Laliteratura nazi en América, Estrella distante, Llamadas telefónicas..., hasta que llegó Los detectives salvajes y nos hicimos belanistas (de Arturo Belano, el protagonista), al que perseguimos por otros libros, como Amuleto o Putas asesinas.

Un día le preguntaron a Roberto Bolaño que por qué escribía, y respondió que eso mismo se preguntaba él desde hacía 20 años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 16 de julio de 2003