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Aznar asumió en el Congreso como propio el informe de Blair sobre Sadam

El Gobierno respondió con el texto británico a una petición de IU

El Gobierno dio carácter de documento parlamentario a las pruebas del Gobierno británico sobre la presencia de armas de destrucción masiva en Irak, las mismas que ahora han provocado una tormenta política en Londres ante las sospechas de que Tony Blair las manipuló para justificar el ataque al régimen de Sadam Husein. El Ejecutivo español envió ese criticado informe a Gaspar Llamazares, líder de IU, cuando éste pidió información en el Congreso en noviembre de 2002. El Gobierno de José María Aznar ni siquiera tradujo el texto británico, que asumió como propio.

En noviembre de 2002, cuando ya comenzaba a vislumbrarse que la invasión de Irak estaba prácticamente decidida, Aznar insistía en defender, pese a las dudas de los inspectores de la ONU, que Sadam Husein poseía armas de destrucción masiva. Aseguraba tener pruebas evidentes de ello, pero no las mostraba. Por eso, Llamazares optó por exigirlas por vía parlamentaria. Hizo una petición de información "de los documentos, pruebas o datos que obren en posesión del Gobierno y que demuestren la capacidad del Estado iraquí de producir armas de destrucción masiva".

El Gobierno envió al diputado de IU una voluminosa documentación, casi toda en inglés. Eran básicamente dos documentos: el conocido informe del Instituto de Estudios Estratégicos y, sobre todo, el dossier que poco antes había hecho público el Gobierno británico y que ahora está quedando desautorizado en su país.

El Ejecutivo envió ese informe sin hacer comentario alguno, como si fuera propio y como prueba concluyente. Como destaca Llamazares, "ni siquiera se molestó en añadir algún análisis del Cesid, algo propio, que demostrara por qué España estaba convencida de que Husein tenía esas armas".

Sin embargo, ese texto, en el que el servicio secreto británico afirmaba que Bagdad podía lanzar un ataque químico en 45 minutos, está totalmente en entredicho. Dos meses después del final de la guerra, los ejércitos ocupantes no han encontrado ni una sola prueba de la existencia de armas de destrucción masiva. Las sospechas de que Blair manipuló esos documentos, exagerando su impacto, le han llevado a uno de los momentos más duros de su carrera política, aunque ha conseguido, de momento, sortear a los críticos su propio partido.

Como recuerda Llamazares, algo similar está ocurriendo con las pruebas del Pentágono, que también aceptó como buenas la ministra de Exteriores, Ana Palacio, durante su intervención en el Consejo de Seguridad. IU cree que este asunto debe concluir con una comisión de investigación que determine por qué España creyó sin dudar lo que decían sus socios de EE UU y Gran Bretaña. "Por las conversaciones que se están conociendo ahora, se sabe que incluso Colin Powell y Jack Straw dudaron, pero no Aznar ni Palacio. Deben darnos una explicación", exige el líder de IU. Ayer, el Consejo Político Federal decidió iniciar una recogida de firmas en toda España para exigir que se esclarezca la verdad.

En la voluminosa información que el Gobierno envió a IU también se incluyen las resoluciones de la ONU que se refieren a Irak, traducidas al castellano.

Por último, se añade un texto de dos páginas del director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica, Mohamed El Baradei, publicado en The Washington Post en octubre. El Gobierno lo envía como prueba de la existencia de armas de destrucción masiva, pero lo que dice El Baradei es que se destruyó el programa iraquí hasta 1998 y que sólo hay "sospechas" de que podría haberlo reanudado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de junio de 2003