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Oleada de atentados en Casablanca

Decenas de muertos en los ataques a la Casa de España, una sinagoga, el Consulado belga y un hotel

Cuatro atentados sincronizados causaron ayer decenas de muertos en varios edificios de Casablanca, uno de ellos la popular Casa de España, cuyo restaurante estaba lleno de gente a las 22.00 hora local (medianoche, hora peninsular española). Al menos 15 personas resultaron muertas mientras cenaban y otra media docena falleció en las explosiones que afectaron a la Alianza Israelita, al Hotel Safir Farah y al Consulado de Bélgica, en pleno centro de la ciudad más poblada de Marruecos y capital económica del reino. Las similitudes con el triple atentado cometido el pasado lunes en Riad llevaron al Gobierno de EE UU a sospechar que se trata de una nueva acción de la red terrorista Al Qaeda.

El público de ese restaurante, que comparte edificio con la Cámara de Comercio española, está compuesto en su mayoría por españoles residentes en Casablanca y marroquíes vinculados a España, por lo que parece harto probable que las numerosas víctimas sean, en su mayoría, de ambas nacionalidades. "Hay que temer que haya muertos españoles", comentó un diplomático.

El vigilante de seguridad del establecimiento español fue degollado por los terroristas. A las tres de la madrugada de hoy, hora peninsular española, no se habían retirado aún del comedor a todas las víctimas.

La fachada del edificio estaba intacta, lo que hacía sospechar que la explosión tuvo lugar dentro del restaurante. Algunos testimonios de heridos daban a entender que fue causada por un terrorista suicida que se voló junto con los comensales. Algo parecido debió suceder en el hotel Safir Farah, pegado a la Bolsa de Casablanca, en el que el conductor de un coche cargado con explosivos intentó llegar al volante hasta el vestíbulo antes de hacerse saltar por los aires. "Cómo no consiguió llegar al centro del vestíbulo no ha causado demasiados daños", comentó un periodista marroquí apostado en la puerta del hotel.

En la Alianza Israelita, pegada a la sinagoga que frecuenta la pequeña comunidad judía de la ciudad, los muertos eran, más bien, transeúntes, según el testimonio de un vecino. En el Consulado de Bélgica, muy cercano al de España, no hubo, aparentemente, víctimas mortales. El edificio se encontraba cerrado a esas horas. También en estos dos casos los autores de los atentados eran kamikazes.

Explosivos en un vehículo

El Ministerio del Interior marroquí informó a primera hora de esta madrugada que 24 personas murieron y 60 resultaron heridas en cinco atentados. En la ciudad circulaban rumores de que las fuerzas de orden público habrían descubierto explosivos en algún vehículo aparcado que, por alguna razón, no habría podido alcanzar su objetivo.

Minutos después de las explosiones la capital económica de Marruecos quedó sumida en el caos, con decenas de ambulancias, coches de policía y de bomberos recorriendo sus calles a gran velocidad mientras las fuerzas del orden cortaban al tráfico varias arterias para facilitar la llegada de los auxilios.

El esfuerzo policial resultó dificultado por la reacción de la población, que se echó a la calle para obtener información, que la radio y la televisión no les proporcionaban -la programación no fue interrumpida para dar la noticia- o simplemente para ver los destrozos causados por los atentados. Más que de miedo, la reacción era de absoluta incredulidad porque algo así haya podido suceder en Marruecos.

Pese a la gran confusión, la policía, dos de cuyos agentes resultaron muertos, logró detener a tres sospechosos, según informó la agencia de prensa marroquí MAP.

Las fuerzas de orden público empezaron también, a primera hora de la madrugada, a desplegarse ante otros edificios posible blanco de los terroristas, como los restaurantes de comida rápida McDonald's y los grandes hoteles de la ciudad.

Marruecos, inmune al terrorismo internacional desde hacía nueve años, descubrió ayer desconcertado que podía también resultar brutalmente golpeado por el terrorismo internacional pese a la represión desatada desde hace un año contra los radicales islamistas y la estrecha colaboración que mantienen sus servicios secretos con los norteamericanos.

"Esto está firmado por Al Qaeda o por una filial local a la que hasta ahora no conocíamos", comentó Muda Randi, un periodista del semanario Le Journal, de Casablanca, que sigue de cerca los movimientos islamistas en Marruecos. En vísperas del verano del año pasado, la policía detuvo a un puñado de saudíes, casados con marroquíes, que han sido condenados por proyectar atentados, por cuenta de Al Qaeda, en Marrakech y el Estrecho de Gibraltar contra buques de EE UU y del Reino Unido. Ellos han negado los cargos.

Una fuente del Gobierno de Washington declaró a la agencia Reuters que es posible que los atentados sean obra de Al Qaeda, especialmente en vista de la similitud con el triple ataque cometido el pasado lunes por varios kamikazes en Riad, capital de Arabia Saudí, en los que murieron más de 30 personas.

Desde que, en el verano de 1994, se produjo un atentado en un hotel de Marrakech contra un grupo de turistas, en el que resultaron muertos dos españoles, no habían tenido lugar en Marruecos acciones terroristas dirigidas contra extranjeros o contra intereses occidentales. Pequeños grupos extremistas sí habían ajusticiado en barrios populares a supuestos borrachos o corruptos pero, según la policía, habían sido desmantelados.

El 24 de agosto de 1994, los españoles muertos en Marrakech fueron Antonia Cuevas, de 35 años, y Salvador Torras, de 43 años, que se hospedaban en el hotel Atlas Asni. Ambos visitaban Marruecos por turismo cuando, a primera hora de la mañana, tres encapuchados entraron en el vestíbulo del hotel disparando con ametralladoras. En unos días, la polícia de Marruecos detuvo a dos argelinos sospechosos y Argel reaccionó cerrando la frontera con su vecino. Marruecos juzgó y condenó a muerte a dos de los tres autores del atentado, mientras que el tercero fue detenido en Francia. En diciembre de 1996, en París, se juzgó y condenó a 23 de los 34 acusados de organizar el atentado, que pertenecían a una red islámica franco-marroquí.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de mayo de 2003