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JÜRGEN HABERMAS | Filósofo | PREMIO PRÍNCIPE DE ASTURIAS DE CIENCIAS SOCIALES

"No puedo imaginar que el patriotismo constitucional sea una idea de derechas"

El filósofo alemán Jürgen Habermas (Düsseldorf, 1929), uno de los representantes más sobresalientes de la segunda generación de la Escuela de Francfort, fue galardonado ayer con el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales por decisión unánime del jurado. El pensador dijo que viajará a Oviedo en octubre para recoger el galardón. Recordó sus viajes a España y afirmó en relación al concepto de patriotismo constitucional que él ha impulsado: "No puedo imaginarme de ninguna manera por qué de pronto deba ser un concepto de derechas si por su origen es una idea de izquierdas". El acta del premio, dotado con 50.000 euros y una escultura de Miró, califica a Habermas como "cumbre del pensamiento de nuestro tiempo".

A punto de cumplir el próximo 18 de junio 74 años, el filósofo alemán Jürgen Habermas podría dormirse en los laureles, mirar hacia atrás sin ira y contemplar una vida intelectual repleta de denso pensamiento y permanente polémica. No obstante, en una Alemania donde la edad media de jubilación se sitúa en torno a los 60 años, Habermas sigue en la brecha y participa en todos los debates de este tiempo. Hace tan sólo unos días publicó un largo artículo en el que desmenuza y tritura los argumentos favorables a la guerra de Estados Unidos contra Irak. Habermas es el gran pensador de la Alemania que surge de los años sesenta. En el semanario Die Zeit se llegó a titular un artículo sobre Habermas con un contundente "El Hegel de la República Federal". El periódico berlinés Tagesspiegel escribió hace poco más de una semana sobre Habermas: "Ese hombre es tan grande, que la mayoría de los que intentan palmearle en los hombros sólo le llegan a la pantorrilla". En su lugar de residencia desde que en 1994 se jubiló de su cátedra en Francfort, en Starnberg, al lado del lago donde se ahogó el rey loco Luis II de Baviera, Habermas concedió una entrevista telefónica a EL PAÍS.

"La izquierda tiene en Alemania una actitud clara de condena a los crímenes nazis"

"La guerra da un ejemplo desastroso para una futura superpotencia"

Pregunta. Supongo que usted no conoce Asturias. ¿Acudirá a recibir el premio?

Respuesta. Sí, naturalmente. Conozco España bastante bien, pero en Asturias no estuvimos nunca.

P. ¿Cómo conoció España?

R. Mi primer contacto con España se realizó hace medio siglo. Cuando era estudiante viajé cinco semanas a través de España, que en aquellos tiempos todavía era un país pobre, pero de una enorme riqueza cultural que me marcó mucho. Esa Andalucía árabe y el estricto catolicismo en El Escorial y en los cuadros del Prado. Siempre había querido conocer el país de Unamuno. Ya de estudiante este lúgubre existencialismo me había atraído mucho. Después pasé 25 años sin ir y sólo volví después de la muerte de Franco. Desde entonces he mantenido muchos contactos académicos y he estado allí muchas veces.

P. ¿Qué hizo durante el tiempo que trabajó como periodista?

R. Trabajaba ya de estudiante, antes de terminar el bachillerato, en la redacción de un pequeño periódico local. Soy de una ciudad pequeña, Gummersbach, y allí colaboraba con el periódico de Colonia Kölner Stadtanzeiger. Escribía crítica de teatro, de cine y de libros. Después de terminar mis estudios en la Universidad me gané la vida algunos años como colaborador del Frankfurter Allgemeine Zeitung y del Handelsblatt.

P. ¿Aceptaría que se le defina como un demócrata militante?

R. Sí, se puede decir eso.

P. ¿Cree usted que el Tercer Reich es algo único e irrepetible en Alemania?

R. En la historia ningún periodo se repite, pero tampoco creo que nosotros podamos recaer en una situación semejante. El caso es que en las primeras decádas aún no sabíamos con exactitud cómo se iba a desarrollar la República Federal. Mirando hacia atrás, hay que decir que la evolución ha sido positiva.

P. ¿Qué ocurrió en la polémica con el escritor Martin Walser?

R. Fue en el año 1986 y se dirigió contra algunos historiadores. Yo sólo critiqué los intentos de quitar importancia al periodo nazi y sus crímenes a base de establecer comparaciones con el Gulag soviético, que tampoco se puede minimizar. Las comparaciones no podían quitarle importancia [a los crímenes nazis].

P. Pero hay un cambio en Alemanía. Ahora aparece esa novela de Günter Grass [sobre el barco hundido por los soviéticos con fugitivos alemanes] o las publicaciones de Der Spiegel sobre los bombardeos sobre Alemania al final de la guerra. ¿Se puede decir que estos temas antes eran propiedad de los neonazis y ahora los ha asumido la izquierda?

R. Yo diría que aquí, en Alemania, la opinión pública en general, y no solamente la izquierda, tiene una actitud clara de condena ante el holocausto y los crímenes cometidos por los nazis. Esto está claro. El nuevo interés por las víctimas de la II Guerra Mundial se debe a la necesidad de recuperar ahora algo que no se había hecho antes. Es una manera de reelaborar un aspecto de nuestro pasado que efectivamente no habíamos reprimido del todo, pero que sí habíamos apartado a un segundo plano. Y creo que esto es legítimo. Mire usted, era muy difícil condolerse por los propios soldados cuando había que tener en cuenta todo el contexto en que ellos se habían sacrificado. Todo ese contexto estaba relacionado con un crimen.

P. ¿No cree usted que el cambio generacional en la élite de los políticos alemanes, el paso de la generación de Kohl a la de Schröder, lleva consigo el adoptar una postura de "yo no tuve nada que ver con aquello", que los alemanes se sientan menos reponsables?

R. No, no lo creo en absoluto. Por ejemplo, si se fija en alguien como

[el ministro de Exteriores] Joschka Fischer, él es muy consciente de todo lo relativo al pasado nazi. Y está claro que nunca habría sido posible lograr la reputación de la que goza hoy día en Israel si eso hubiera sido de otra forma.

P. El concepto de patriotismo constitucional que ha utilizado usted, ¿sabe que en España el partido de derechas que gobierna, el de Aznar, lo utiliza en su campaña electoral. ¿Cómo se siente usted ante esto?

R. Necesitaría conocer mejor el contexto. No puedo de ninguna manera imaginarme por qué de pronto deba ser un concepto de derechas, si por su origen es una idea de izquierdas, en tanto que se dirige contra la concepción nacionalista.

P. Por consiguiente, usted cree que ser de izquierdas y ser patriota no se contradice.

R. No. Si el patriotismo es un patriotismo que se orienta hacia los logros de la democracia, todos son patriotas.

P. Para muchos de los que crecieron durante la época de Franco, la palabra "patria" les produce alergia...

R. No hablo español y no sé qué decirle, pero en alemán yo tampoco utilizaría la palabra "patria" porque es un concepto devaluado por su contexto histórico. El caso es que un auténtico patriotismo constitucional se dirige contra esas formas nacionales de patriotismo que rechazamos.

P. ¿Qué le parece el debate actual en Alemania, donde se dice que la actual Constitución es un obstáculo para el desarrollo y modernización del país?

R. Creo que no hay que tomarlo en serio. Tenemos que conservar nuestro federalismo. Estamos orgullosos de nuestra Constitución. La Constitución española, por cierto, se elaboró en buena parte según el ejemplo de la nuestra y pienso que es una buena Constitución.

P. En su artículo sobre la guerra en Irak escribe usted sobre la fuerza normativa de lo fáctico. ¿No cree usted que, como ha escrito Enzensberger, el éxito de haber derrocado un régimen horrible legitima todo?

R. No, decididamente no. Mi motivo para escribir el artículo fue exactamente para aclarar por qué una consecuencia deseable no puede curar la ruptura constitucional con que se compró esa guerra. Esa guerra da un ejemplo desastroso también para una futura superpotencia. Imagínese usted a China dentro de 20 o 30 años. Uno no puede querer que China se comporte como actuó Estados Unidos ahora.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 15 de mayo de 2003