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Reportaje:DOCE CIUDADES | Vic | ELECCIONES 25M | Comicios municipales en Cataluña

Ciudad de santos y sotana

Una escultura de Alfaro, homenaje a Verdaguer, corona el Parc dels Estudis

Vic, la sotana. Han cubierto parcialmente las vías del tren y urbanizado el entorno. Ya no hay oeste en Vic. La urbanización se centra en el Parc dels Estudis: campus de la Universidad. Coronándolo, la escultura dedicada a mosén Cinto, obra del escultor valenciano Andreu Alfaro. Alfaro es un realista implícito. Pero no suele ser un escultor explícito. Esta vez, sin embargo, ha perforado uno a uno en la gigantesca estructura de acero corten, los 33 agujeros de la sotana canónica. Ahora me ocuparé de eso. Sobre el acero corten: una vez le preguntaron al escultor Néstor Barretxea por qué utilizaba este material. Dijo: "Los ayuntamientos nunca se dedican a pintar las obras que tienen. El acero corten se autooxida hasta un cierto punto. Es un color un poco marrón que cuando llueve se entristece mucho y cuando hace sol se enciende, casi hasta el naranja. Pero el éxito del acero corten es por la vagancia de los ayuntamientos que se olvidan de las obras que tienen". Pongamos lo que dijo Alfaro cuando le preguntó también el porqué la periodista Ester Pascual: "El corten da protección a la escultura". Los 33 botones de la sotana: uno por año de Cristo. El resultado llega a los 29,2 metros. La cuenta a los 30 millones. La escultura es el cielo de Vic.

El santo de los santos es visible desde cualquier punto de la ciudad. La carne hecha verbo corten. No debería malinterpretarse esa omnipresencia. Los estudiantes se calientan al pie del monumento. Las aves deponen. Pronto se estamparán allí las primeras muestras de la lírica grafitera. Alfaro y quienes le dejaron hacerlo han convertido a Verdaguer en un icono definitivo. Un icono es un recuerdo en pelotas. O sea, un psicoanálisis culminado por el éxito. Desde este punto de vista la estrategia de la ciudad de Vic es irreprochable. Si ésta es la ciudad de los santos, mejor vivirlo a pecho descubierto. Y vivir de ello si es posible. Recuerdos de Lacoste, el hermoso pueblo del Luberon. En Provenza. Sade, el marqués, pasó allí varios años. Aún se conservan las ruinas de su castillo. Todo el mundo le llama le mauvais chrétien. Pero todo el mundo lo exhibe. Es lo procedente. Con diablos. No iba a ser menos con santos. Vítores para los 30 metros de sotana. Pleitesía ante el extraodinario Museo Episcopal: guarda pruebas de que el cristianismo fue una infancia.

Los complejos. En la ciudad de Vic le reprochan a Alfaro que haya fabricado un cura y no un poeta. Error. El mito Verdaguer está en el Canigó, antes que en las curvas de María Gayón. (Digo las curvas que han trascendido, las de ese nombre más propio de una carnosa bailaora que de una marquesa tísica.) El entierro que estremeció a Barcelona no fue el del vate. ¡Fue el del orate! Ninguna locura fascina al pueblo como la que proviene del pecado. El mito Verdaguer se abre sobre este abismo. Alfaro ha dicho también que su escultura está ligeramente echada hacia delante, como chuleando. ¿Pasaaaaa..., curitas? Otra manera muy eficaz de jalear a las masas. Verdaguer frente a los poderes establecidos, doblando la cerviz sólo ante Dios. Pero, in texto, esta hipótesis es mucho menos convincente. La lectura de los artículos completos de En defensa

pròpia, que editó recientemente Narcís Garolera. Los artículos causan un escalofrío, una sospecha indecible. El obispo de Vic, Josep Morgades, el eclesiástico Jaume Collell y el marqués de Comillas. El odioso peso de la ley. Pero tenían razón cuando dijeron habérselas con un enfermo. Un enfermo. No un rebelde.

Vic. Extremaunciones de los últimos 20 años. Primero fue nombrada capital de la Cataluña catalana. Luego fue la ciudad de un tal Anglada y su partido contra la morisca. Es cierto. Pero se publicitan menos los natalicios. Se olvida que es la ciudad de Els Joglars, donde tienen su garita y su permanente guardia. Tampoco leo elogios sobre su irónica y sutil capacidad colectiva de sacar de las piedras pan. Verdaguer ensotanado. Pero también el excelente reclamo de su Universidad: "A Oxford també hi ha boira". Meditaciones sobre la mesa de Jordi Parramón. Cerdo sobre berenjenas quemadas. Un genio severo. Vanguardia estricta. El plato, el cuchillo, el silencio y la sintaxis. Todo lo que ya ha desaparecido de los restaurantes. Y está aquí. No como un vestigio. Nada de eso: mero renacimiento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de mayo de 2003