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Editorial:

Matices sobre Cuba

La Unión Europea ha decidido congelar sus relaciones con Cuba, archivando la petición de La Habana de ingresar en el Acuerdo de Cotonú, por la escalada de la represión contra los disidentes. Pero en España la sesión parlamentaria consagrada a debatir las mociones de condena a las últimas violaciones de los derechos humanos en Cuba acabó certificando que el consenso en materia de política exterior se encuentra roto y que existe escasa voluntad de recomponerlo. Resulta ilustrativo que la unanimidad de la Cámara en el repudio de la ejecución sumarísima y ejemplarizante de tres ciudadanos cubanos no pudiera encontrar plasmación en un único texto aceptable para todas las fuerzas políticas.

Para el Grupo Popular el objetivo de la moción no era que el Parlamento español manifestase unánimemente su repulsa ante los sucesos ocurridos en Cuba, sino alzarse en solitario con la bandera de la reprobación de un dictador, intentando sorprender en una contradicción a quienes se habían opuesto a la guerra de Irak. Para la oposición se trataba de mostrar que el Gobierno seguía estando solo en su actitud de complacencia hacia Estados Unidos, razón por la cual no pudo suscribir las propuestas que mencionaban el embargo y hacían una condena genérica a la pena de muerte para enmarcar las dictadas por el castrismo.

La ausencia de un acuerdo parlamentario para encontrar un texto común de condena a Castro no debería, sin embargo, ocultar que existe una absoluta unanimidad de fondo. De ahí que se eche en falta el que, además de declaraciones, el Parlamento pudiera alguna vez discutir sobre las políticas concretas que el Gobierno aplica, si es que aplica alguna, con el propósito de contribuir a la democratización del régimen cubano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de mayo de 2003