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Un libro reúne la poesía maldita y singular de Pedro Casariego

La poesía se vende poco. El mismo Pedro Casariego Córdoba (Madrid 1955-1993) tenía sus opiniones al respecto. Creía que había demasiados poetas, y así lo recogió una entrevista del volumen Ocho poetas raros (Ardora, 1992). Casariego se suicidó en 1993. Había dejado de escribir poesía en 1986 (a excepción de un poema a su hija terminado en 1987) al considerar que escribir era ser derrotado y caer en un acto de vanidad. Así lo contó su hermano, el escritor Martín Casariego, en la presentación anteayer en el Círculo de Bellas Artes de Madrid del libro Poemas encadenados, de Seix Barral, que reúne su poesía.

La sala Valle-Inclán estaba llena, y es que, aunque la poesía se venda poco, tiene incondicionales de todas las edades. Además, Pedro Casariego es un poeta de culto, con un asentado prestigio dentro de su singularidad entre maldito y marginal, con una voz tan propia como afilada.

El libro Poemas encadenados (1977-1987), que edita Seix Barral con prólogo de Ángel González e introducción de Esther Ramón, recoge 43 poemas sueltos y seis libros: La canción de Van Horne (1977, hasta ahora inédito), El hidroavión de K. (1978), La risa de Dios (1978), Maquillaje (1979), La voz de Mallick (1981) y Dra (1986). El editor Adolfo García Ortega dijo que este lanzamiento es "una oportunidad espléndida para redescubrir a un poeta mítico". A continuación, Jordi Duce puntualizó que a P. Cascor (como le gustaba firmar a Casariego) "no le interesaba la poesía de la madurez, de la destreza", e introdujo en su texto varios fragmentos, deslumbrantes y ricos, de algunos de los poemas que recoge el libro.

"Milagro"

Al final, Esther Ramón y Julia Barella leyeron otros poemas de Casariego. La primera se preguntó por qué este poeta no está rigurosamente incluido entre los mejores poetas españoles, y dijo que el primer paso ya se había dado al estar este libro en la calle, lo que calificó de "verdadero milagro". Julia Barella, por su parte, empezó resaltando que le ha llamado siempre la atención en Casariego "la originalidad de los temas, el modo de incorporar al poema los detalles, la observación minuciosa de los objetos", y concluyó que es una poesía "críptica y difícil", y que hay críticos que han hablado en su caso de surrealismo y hasta de escritura automática.

Intervino para terminar su otro hermano, Nicolás Casariego, también escritor, que citó del poeta una dura frase: "Soy un heroinómano literario", y continuó: "Veo a mi hermano, en lo literario, como un jugador que habita en la paradoja, que se exigía mucho a sí mismo y también a los lectores, a los que convertía en autores, creando al leer". Nicolás Casariego también hizo saltar algunas sonrisas en la sala al rememorar cómo Pedro catalogaba de impíos a los que daban a conocer su obra: "En esta sala tendríamos a algunos escritores impíos para Pedro". Antes, había explicado que el título procede de los familiares del poeta y que pretende aunar forma y contenido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de marzo de 2003