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3.000 soldados vigilan el carnaval de Río por temor a los 'narcos'

Río de Janeiro

Tres mil soldados se encargarán de la vigilancia de Río de Janeiro durante el carnaval, que empieza hoy, como prevención contra las amenazas de los narcotraficantes. "No vamos a permitir que Río, ni ninguna otra ciudad de Brasil, sea rehén de la violencia de los narcos", dijo el presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, tras el lunes negro que paralizó y atemorizó a los habitantes de Río.

"Voy a combatir la violencia de los narcos como ninguno de mis antecesores lo había hecho hasta ahora", afirmó Lula, quien hizo trasladar desde Río hasta la prisión de mayor seguridad del país, en el interior del Estado de São Paulo, al narco Fernandinho Beira-Mar, considerado el preso más peligroso de Brasil, que hacía y deshacía en la cárcel de Bangú, en Río. Hasta el punto de que, al llegar a la nueva prisión, completamente blindada, se ha quejado de que allí "no van a poder llevarle la comida del restaurante" ni va a poder recibir "visitas íntimas".

Lula, que personalmente no es favorable al uso del Ejército contra la violencia en las ciudades, esta vez lo ha autorizado y justificado en Río "como una emergencia", ya que el mismo Beira-Mar había anunciado que a los narcos no les gustaría que se celebrara el carnaval y, tras su traslado, señaló que "Río va a arder".

Mientras tanto, han suscitado polémica algunas intervenciones oficiales sobre la dureza que debería usar la policía contra los narcos. Álvaro Lins, jefe de la Policía Civil de Río, afirmó que los agentes "tienen autorización para matar". Más allá fue el secretario de Seguridad de Río, Josías Quintal, quien dijo a su vez que "quien tenga que morir, que muera", aludiendo a que la policía tiene que defenderse aunque a veces pueda ser alcanzado algún inocente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de marzo de 2003