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Daniel Mason utiliza en su novela la música como metáfora de la paz

'El afinador de pianos' fue uno de los libros revelación en Francfort

El afinador de pianos (Salamandra), un afortunado cruce entre El corazón de las tinieblas, de Conrad, y el filme El piano, de Jane Campion, es seguramente una de las más hermosas y emotivas novelas de la temporada. Sobre el fondo histórico de la Birmania colonial victoriana, el estadounidense Daniel Mason narra la peripecia y el choque cultural de un hombre que viaja hasta los confines del Imperio británico para arreglar y afinar un piano.

El instrumento, para cuyo arreglo ha sido comisionado por el Ejército, es esencial en los planes de pacificación de la zona. "El piano me pareció un objeto perfecto para llevar ideas de una cultura a la otra", dice Mason, que ha presentado el libro en Barcelona esta semana.

El protagonista, un individuo reposado y parco, recorre un trayecto iniciático para ir a topar con la luminosidad, la sensualidad y la cultura -también la violencia- del lejano Oriente. En su punto de destino, un fortín de avanzadilla británico entre las tribus más irreductibles de Birmania, encontrará el piano y al comandante del puesto, un misterioso erudito que emplea la música como forma de persuasión de los indígenas.

El afinador de pianos resultó una sorpresa en el panorama literario -es la primera novela de un estudiante de Medicina de 26 años-, y fue objeto de una disputadísima subasta en la Feria de Francfort, que ganó para su edición en castellano Salamandra (Empúries, en catalán).

Mason explica tímidamente cómo surgió El afinador de pianos: "Viajé a Tailandia para llevar a cabo estudios de la malaria que en Harvard sólo había podido realizar en el plano teórico. Pasé un año en Bangkok y en la frontera entre Tailandia y Myanmar (la antigua Birmania), en un centro de investigación. Fue mi primera inmersión en otra cultura, la constatación de que hay otras culturas, como la birmana, con sus shakespeares y hamlets. Quise traerme algo de esa experiencia y empecé a escribir mis impresiones".

El momento histórico de la novela, tras la tercera guerra anglobirmana, con la amenaza de los franceses en la frontera con Indochina, lo eligió Mason porque era el que requería su idea de un piano como símbolo. El piano es un instrumento de imperialismo pero a la vez lo es de la belleza y el diálogo. Y, por supuesto, "Bach no está de ningún lado en una guerra". Pese a la abundante información musical que aflora en la novela, su autor confiesa que ése no es su campo. "Apenas he tocado un poco el clarinete, y de un modo horrible". ¿Es real el personaje del comandante médico que se hace llevar un piano a lomos de elefante hasta el corazón de la selva, un hombre en la tradición de los Brooke, Mayrena, etcétera? Mason explica que está basado en sir George Scott, explorador, administrador colonial y naturalista, entre otras cosas autor de una obra enciclopédica sobre Birmania y que también se adentró entre unas tribus salvajes del territorio, los wa. No obstante, si Mason atribuye a su protagonista la introducción del piano en Birmania (en realidad, lo hizo un diplomático italiano en 1860), Scott es conocido por haber llevado allí algo menos romántico: el fútbol (véase The trouser people, de Andrew Marshall).

Mason reconoce la influencia de El corazón de las tinieblas, pero recalca que el personaje al que tiene que encontrar el afinador de pianos es muy distinto, en realidad opuesto, a Kurtz. En cuanto a la película El piano, dice que no la ha visto, "aunque eso no significa que no me haya influido". La historia que inspiró su novela es la de un norteamericano que viajaba por China llevando siempre una enorme bañera. "Esa imagen me impactó, pero una novela sobre una bañera no es interesante".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de febrero de 2003