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Mohamed VI y Ana Palacio acuerdan el regreso inmediato de los embajadores

Los Gobiernos de Marruecos y España reanudan las relaciones, rotas en octubre de 2001

El rey Mohamed VI anunció ayer el regreso del embajador marroquí en España, Abdesalam Baraka, que se reincorporará a su puesto el próximo fin de semana, tras 15 meses de ausencia. Con esta decisión, comunicada a la ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, durante la audiencia que le concedió por la mañana en el palacio real de Agadir, el monarca puso un punto final a la crisis diplomática bilateral que él mismo ahondó al llamar a consultas a su representante en Madrid para expresar de esta manera su disgusto por la actitud del Gobierno español.

Horas después de la visita al palacio real y ya en Rabat, la ministra Ana Palacio anunció a su vez el regreso a Marruecos del representante diplomático español: "El Gobierno ha tomado las disposiciones para que el embajador español vuelva (...) en los próximos días".

Durante sus casi 24 horas de estancia en Marruecos, la ministra tuvo derecho a un trato exquisito que le hizo olvidar los malos tragos de su anterior visita, en julio, justo después del enfrentamiento tras la ocupación del islote Perejil por gendarmes marroquíes y el posterior desalojo por el Ejército español. En aquella visita, sólo un cargo inferior del servicio de protocolo acudió a esperar a la ministra al aeropuerto. "Quiero subrayar el trato que se me ha otorgado", afirmó de entrada Palacio en la conferencia de prensa que dio con su homólogo, Mohamed Benaissa.

A las grandes dosis de cortesía se añadió una buena noticia: "Su Majestad ha decidido el regreso del embajador para que reanude su misión en la capital española y concrete la voluntad real de actuar para normalizar las relaciones de amistad y de cooperación entre ambos pueblos y ambos países vecinos y para profundizar el diálogo franco en todos los ámbitos entre los dos gobiernos". Así dio cuenta la agencia de prensa oficial MAP de la decisión real. Con este anuncio, el monarca se adelantó a la declaración conjunta que Palacio y Benaissa hicieron a última hora de la tarde en Rabat.

Tras hacerla esperar un rato en un hotel de Agadir, el soberano recibió a Palacio y a su séquito, del que formaba parte el secretario de Estado de Política Exterior, Ramón Gil-Casares, durante algo más de media hora. Junto al monarca estaban, además de Benaissa, el ministro adjunto de Exteriores, Taieb Fassi-Fihri, y el consejero real Fadel Benyaich, cuya madre es granadina.

Nuevo inicio

La segunda etapa de la visita ministerial se desarrolló en Rabat donde Benaissa y Palacio resaltaron al unísono que lo acontecido ayer era "un nuevo inicio" o "empezar a escribir juntos un nuevo libro". Benaissa llegó a llamar a su huésped "mi amiga Ana" mientras la ministra insistía en que los españoles debían conocer mejor la cultura marroquí. "Hemos plantado un árbol y ahora hay que regarlo con mimo", añadía el jefe de la diplomacia marroquí.

El ambiente era, acaso, tan cordial porque las delegaciones no abordaron los contenciosos bilaterales. "No hemos hablado de los problemas pendientes", reconoció el ministro marroquí. "Hemos, más bien, intercambiado ideas sobre cómo manejar el futuro (...)". Los problemas pendientes afloraron, sin embargo, cuando una periodista marroquí preguntó a Palacio si, a partir de ahora, cabía esperar una mayor neutralidad de España ante el conflicto del Sáhara Occidental. "La neutralidad constructiva ha sido nuestra línea de conducta hasta ahora y lo seguirá siendo", contestó la ministra.

Ni sobre el territorio de esa antigua colonia española, ni sobre ningún otro punto de fricción, la diplomacia española ha hecho, hasta ahora, concesiones a Marruecos. Pese a ello, desde la reunión ministerial de diciembre, las autoridades marroquíes han sido más conciliadoras y se han mostrado deseosas de normalizar la relación.

La visita concluyó con una cena ofrecida por Benaissa, en su casa, a Palacio. La ministra tenía previsto regresar esta mañana a Madrid.

La apuesta española de Jettu

Driss Jettu, de 57 años, el primer ministro marroquí, quiso recibir ayer a la ministra Ana Palacio durante su estancia en Rabat. Con esta audiencia, poco habitual durante las visitas ministeriales, puso de nuevo de manifiesto su apuesta por restablecer plenas relaciones con España.En su discurso de investidura como primer ministro, Jettu se abstuvo de mencionar el contencioso con España, pero apenas instalado, en octubre, en la Primature, la sede del Gobierno, sacó de los cajones el proyecto de acuerdo entre Endesa, Siemens y la empresa marroquí ONE para construir una central eléctrica cerca de Tánger. El pasado 19 de diciembre acudió al acto de la firma del contrato que tanto había impulsado. Con su presencia le dio un espaldarazo adicional.Al día siguiente concedió una entrevista a EL PAÍS en su casa de Rabat y reiteró hasta la saciedad su empeño por superar cuanto antes la crisis hispano-marroquí. Un mes después presidió una reunión de empresarios marroquíes y españoles. Escuchó las críticas de los representantes de la patronal española, prometió solventar las objeciones planteadas y pidió a sus interlocutores que inviertan en Marruecos. Este exitoso empresario del textil convertido en primer ministro se queda desolado cuando compara las enormes inversiones españolas en Hispanoamérica y los flujos de capital español que llegan a Marruecos. "Tanto a 10.000 kilómetros, y tan poco a 14 kilómetros", le ha oído quejarse algún empresario español. Cuando Jettu fue ministro del Interior ya se esforzó por establecer cauces discretos de diálogo para rebajar la tensión con España.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 31 de enero de 2003

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