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Exteriores espera acordar con Marruecos a fin de mes la vuelta de los embajadores

Fernando Arias-Salgado regresará a Rabat después de la cumbre ministerial del 31 de enero

El Gobierno de José María Aznar "confía y espera" que en la reunión que celebrará a finales de mes en Rabat la ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, con su homólogo, Mohamed Benaissa, las dos partes acordarán el regreso de sus respectivos embajadores, confirmando la superación de una profunda crisis diplomática que, con referencia a la marcha del embajador marroquí, dura ya 27 meses. Así lo afirmó ayer el secretario de Estado de Exteriores, Ramón Gil-Casares, que hoy viaja a Rabat al frente de una delegación para preparar el encuentro de los ministros.

Fuentes de Exteriores indican, por otra parte, que, al menos en un futuro inmediato, Ana Palacio no tiene ninguna intención de relevar a Fernando Arias-Salgado, el embajador español ausente de Rabat desde la incursión española en Perejil el pasado 11 de julio, sea cual sea la decisión marroquí sobre el futuro de su embajador en Madrid, Abdessalam Baraka, llamado a consultas a Rabat el 28 de octubre de 2001.

Arias-Salgado tuvo una intervención destacada en el incidente provocado por el Gobierno español al informar sobre una supuesta entrevista mantenida en Marruecos el pasado 24 de febrero por el ex presidente del Gobierno Felipe González con el entonces primer ministro marroquí Abderramán Yussufi, que en realidad nunca se produjo. Yussufi criticó duramente la actuación española en aquel asunto.

El Gobierno cree en cualquier caso poder acordar ahora no un compromiso genérico de que los embajadores volverán, sino una fecha concreta para su próximo retorno.

El hecho de que Gil-Casares no pudiera hacer gala de esa misma seguridad en los dos encuentros anteriores mantenidos por los ministros desde la crisis de Perejil, el 22 de julio en Rabat y el 23 de septiembre en Madrid, cuando descartaba de antemano que el acuerdo de los embajadores fuera posible, indica hasta qué punto el ambiente ha cambiado en las últimas semanas.

Diplomacia de la pesca

La diplomacia de la pesca, la apertura por Mohamed VI de los caladeros marroquíes a los pesqueros gallegos víctimas de la catástrofe del Prestige, es vista en Madrid como un gesto definitivo de la voluntad de las dos partes de superar sus diferencias en una relaciones que, aunque reconocidamente difíciles, son también inevitables y, por lo tanto, deseablemente buenas. Sobre todo en el contexto actual de conflicto con Irak que potencia el papel estratégico del Estrecho y pone de relevancia la proximidad incondicional de España y Marruecos con Estados Unidos.

Para Madrid, que siempre vio la marcha del embajador marroquí como un problema interno de Marruecos, el único obstáculo que subsistía para la normalización al menos formal de las relaciones era el compromiso de las autoridades de Rabat con su opinión pública. Benaissa presentó la quiebra diplomática como un gesto de firmeza frente a la incuria de los españoles.

El diálogo de hoy en Rabat, y la puesta en funcionamiento de los grupos de trabajo acordados el mes pasado en Madrid, es la vía para romper ese juego de imágenes. España admite el diálogo político sobre el conflicto del Sáhara, aunque no sobre Ceuta y Melilla, y, por ello, con Gil-Casares viajará el director general para África y Oriente Medio, Gabriel Busquet. Marruecos acepta dialogar sobre inmigración, que llevará hoy hasta la capital marroquí al director general de Extranjería, Manuel Pérez. Y acepta también otro diálogo promovido por la parte española, el de delimitación de aguas territoriales en Canarias, que afecta a la concesiones de prospección petrolera ya hechas por Marruecos. Lo presidirá el director general de Economía Internacional, Germán Bejarano.

En Rabat se pondrá hoy también fecha al lanzamiento de los otros dos grupos de trabajo acordados: los relativos a cooperación económica y cooperación para el desarrollo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 16 de enero de 2003