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Reportaje:RELATO DEL MINISTRO QUE SE ENCARGÓ DEL 'PRESTIGE' | CATÁSTROFE ECOLÓGICA EN GALICIA | Francisco Álvarez-Cascos se explica

"Los amarres fallaban, la noche del 14 directamente no dormí"

"El día 13 [de noviembre] no será fácil de olvidar. Teníamos en el Congreso debate de Presupuestos y a las ocho yo tenía que dar una conferencia en un acto del PP de Madrid", recuerda Francisco Álvarez-Cascos, ministro de Fomento. Agenda en mano, reconstruye para EL PAÍS cómo arrancó la crisis del Prestige y cómo, "con total normalidad", el Gobierno le "hizo frente, simplemente porque funciona la cadena de mando".

"A primera hora de la tarde nos llamó el director de la Marina Mercante, a mí y al subsecretario, nos dijo que entre las 14.00 y las 14.30 un barco había lanzado una llamada de socorro y que había que rescatar a la tripulación". El ministro pregunta a la periodista si está de acuerdo en que lo primero es salvar a la tripulación si ésta lanza un SOS. "Di orden de que, inmediatamente se dirigieran a la zona los remolcadores que tuvieramos y pusimos en marcha, de forma paralela, dos operaciones de rescate".

"El primer objetivo era recuperar el control del barco para alejarlo lo más posible de la costa"

Asegura que con un helicóptero de Salvamento Marítimo se recogió a parte de la tripulación y que otro de la Xunta de Galicia se hizo cargo del resto. "Esa misma tarde, antes de empezar la conferencia, el director de la Marina Mercante me vuelve a llamar y me dice que el capitán ha parado las máquinas y que el barco está a la deriva, que hay olas de ocho metros y un viento muy fuerte que empuja el petrolero hacia la costa y, para seguir colaborando, que encima rehusa los amarres que le ofrecen los remolcadores".

El ministro cuenta que se metió a dar la conferencia a los militantes populares, pero antes mandó al director de la Marina Mercante, José Luis López, que cogiera un vuelo esa misma noche y se quedara en Galicia. El presidente de Sasemar, Javier Gárate, no pudo ir esa noche pero cogió el primer vuelo de la mañana.

"Como podrá comprender, aunque no lo publique, todo esto lo hice en total coordinación con Manuel Fraga [presidente de la Xunta] y con el vicepresidente", primero del Gobierno, Mariano Rajoy.

¿Cuántas veces llamó a Fraga?, le pregunta este periódico. Álvarez-Cascos se indigna: "Con barco o sin barco puedo hablar con Fraga siete u ocho veces al día si hace falta para mi trabajo. Y, por cierto, puede decirle a todos esos que pretenden criticar a Fraga diciendo que no trabaja, que trabaja más dormido, y sólo duerme seis horas al día, que todos esos que ahora pretenden haberle encontrado fuera de su despacho". Sin dejar un espacio de silencio para que se le pregunte por la coordinación con Rajoy, proclama: "Cuando hay más de un ministerio implicado, y aquí desde el primer momento éramos al menos dos, Fomento y Medio Ambiente, la coordinación corre a cargo del Ministerio de la Presidencia", que encabeza el vicepresidente Rajoy. "Pero no busquen ustedes cosas raras, que no las hay. Yo cuando era vicepresidente coordinaba y ahora, como ministro, me dejo coordinar, porque éste es un Gobierno serio en el que funciona la estructura de mando".

Según Álvarez-Cascos, no fue necesario, pues, que el presidente del Gobierno, José María Aznar, le encargara nada a Rajoy, pues éste lo único que ha hecho es cumplir con su obligación.

"El día 14 fue casi peor que el primero: hasta muy avanzada la tarde ese capitán que no voy a calificar no nos aceptó los amarres" para remolcar el barco, que había llegado a acercarse a cinco millas de la costa. "La noche del 14 directamente no dormí, pero eso da igual, porque lo grave es que los amarres fallaban, los cables del barco se rompían, y todo eso con la inestimable colaboración de ese capitán". Fueron necesarios, según el relato del ministro, "ocho intentos hasta que se logró amarrar el Prestige".

Cascos repasa su agenda y continúa: "Por la mañana, invitamos a cinco tripulantes, y lo de invitamos si quiere le explico lo fácil que fue, a subir al barco con un inspector de la capitanía". El ministro subraya que el primer objetivo, en ese momento, era "recuperar el control del barco para alejarlo lo más posible de la costa". Álvarez-Cascos aprovecha para lanzar una velada acusación: "En su periódico han estado defendiendo que debíamos llevar el barco a puerto, esa insensatez sólo la defendía el armador, pero cualquiera puede imaginar el inconmensurable desastre que habríamos tenido si el Prestige se hubiera empotrado contra la costa".

"Estamos convencidos de que la mejor decisión era alejar el buque de la costa, así lo hicimos y así lo mantenemos", subraya Álvarez-Cascos.

A última hora del 14, continúa el ministro, tomaron el control y "pese a que el capitán y el jefe de máquinas no facilitaron nada el trabajo, se le puso rumbo al noroeste. Hasta entonces no tuvimos el primer respiro".

La pregunta obvia es por qué no siguió con ese rumbo noroeste y viró después hacia el sur dejando un reguero de fuel con azufre y benzeno por el camino. "Que el barco perdía fuel lo sabíamos, era evidente, que había olas de hasta ocho metros también, y que el mar lo empezaba a resquebrajar como un abrelatas. Lo del benzeno lo dice usted, yo no voy a crear más alarma de la justificada por los técnicos".

Álvarez-Cascos mantiene que, como marcan las normas, a una determinada distancia de la costa el armador se hace cargo del barco y les dice que "para evitar que se destroce allí mismo quiere salir de la borrasca".

El armador, según el relato del ministro de Fomento, argumenta que "quiere buscar aguas más tranquilas hacia el sur para intentar salvar parte de la carga, bien con un traspaso en alta mar o en algún puerto en África".

Álvarez-Cascos niega rotundamente que el cambio de rumbo, del norte al sur, y, con él, el reguero de fuel que el Prestige ha dejado enfrente de Galicia, responda a que, en un determinado momento Francia y Reino Unido exigieran que no les acercasen nada a una zona en la que pudiera llegarles la marea negra, ni que después, rumbo sur, el Gobierno afrontara el mismo problema con Portugal. Esto es lo que mantiene el BNG (Bloque Nacionalista Galego), pero según Cascos es "rotundamente falso".

El ministro se niega en redondo a evaluar cuántas toneladas de fuel ha vertido ya el Prestige: "¿Tiene usted una báscula, porque yo no?", espeta. Y añade que, por eso, él defiende que se mida la "mancha por los kilómetros cuadrados que ocupa en el mar".

¿Volverá a haber pesca en los caladeros? "Yo hablo de lo que sé, eso pregúnteselo al ministro de la Pesca". Y añade: "De lo que sé, le digo que vamos a limpiar todo lo que se pueda en el mar y todo lo que llegue a las playas, pero hoy, por ejemplo, tenemos todos los remolcadores amarrados porque hay olas de más de 2,5 metros de altura y con esas olas, conviene que se vaya sabiendo, no se puede limpiar nada".

Por último, sobre el bloqueo informativo del Gobierno, subraya: "Estoy hablando con usted, yo contesto".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de noviembre de 2002