'El poder y la gloria', de Graham Greene

Una de las novelas más populares del autor británico, en la colección de libros de EL PAÍS

Greene pertenece a ese tipo de británicos tan dados al nomadismo vital o, si se prefiere, con esa facilidad para asumir el desarraigo como parte de su propia personalidad, concepto y práctica de la que han dejado constancia en sus obras. Sin remontarnos más allá del romanticismo de Byron y de los grandes viajeros del XIX, el siglo XX es también ejemplar de esa voluntaria diáspora intelectual y artística en la que nombres como Brenan, Graves o el propio Greene son referencias obligadas. En el caso del autor de El poder y la gloria (que podrán adquirir mañana los lectores de EL PAÍS por tres euros), entre otras muchas y populares novelas, cabe destacar precisamente su condición de autor de éxito, pues no es frecuente que quien gozó en vida del favor del público goce también del respeto de la crítica. Es probable que una buena parte de su masiva aceptación se deba a sus continuos contactos con la industria del cine. Guionista de éxito, sobre todo con el realizador Carol Reed, pues suyos son los guiones de El ídolo caído, El tercer hombre y Nuestro hombre en La Habana, varias de sus novelas fueron adaptadas posteriormente al cine: la que aquí se comenta, El poder y la gloria, El factor humano o Viajes con mi tía, entre otras. Lo peculiar de Greene es que siendo como fue un autor de gran éxito no por ello renunció a incluir sus convicciones religiosas y sus problemas morales en el comportamiento de algunos de sus personajes más significativos, al margen de las modas editoriales.

Graham Greene, fotografiado en España.
Graham Greene, fotografiado en España.MANUEL ESCALERA

El premio que nunca llegó

Perpetuo candidato al Nobel, Graham Greene nunca mostró demasiado interés en recibir el galardón. 'Soy demasiado popular para ganarlo; yo no escribo cosas complicadas', solía decir. El autor de El poder y la gloria desplegaba su educado desdén frente a quienes exaltaban 'la literatura oscura y experimental'. A finales de los años setenta comentó: 'Hoy día los críticos y académicos se recrean en el subtexto. El estudio de una obra de ficción ya no es tanto el estudio del arte de narrar como una búsqueda de significados escondidos'. Otra de sus respuestas preferidas para explicar por qué la Academia sueca no reconocía sus méritos consistía en aludir a su fe religiosa: 'Los suecos no tienen mucha simpatía por los católicos'. Durante una visita a Estocolmo, la prensa volvió a preguntarle si no deseaba recibir el Nobel. 'Espero conseguir otro premio más importante', contestó. ¿Cuál? 'La muerte'.

Católico, espía y cosmopolita

Graham Greene comentó en cierta ocasión, mientras charlaba con su amigo el escritor británico Anthony Burgess: 'Yo no soy un novelista católico; soy un novelista que además es católico'. Sea como sea, la búsqueda de la paz espiritual y la tensión que provoca saberse en pecado fueron ejes argumentales de buena parte de sus obras.

Greene nació en el seno de una familia protestante en 1904. Su padre era el director de la escuela del pueblo, Berkhamsted, en Hertfordshire, al norte de Londres. En 1927, mientras estudiaba en Oxford, conoció a su futura esposa, la católica Vivien Dayrell-Browning, y se convirtió a la Iglesia de Roma. La pareja se casaría ese mismo año. Desde entonces hasta 1940, Greene trabajaría como periodista. Primero en The Times y luego como crítico cinematográfico y editor literario en The Spectator.

Su primera novela, El otro hombre (1929), sería un éxito de crítica y público que no pudo repetir con sus dos libros siguientes. Tuvo que esperar hasta la aparición, en 1932, de su cuarta obra, Orient Express, para conseguir la fama internacional.

Espía y guionista

El estallido de la II Guerra Mundial, en 1939, coincide con la publicación de dos de sus obras más conocidas: El agente confidencial y El poder y la gloria. Meses después, Greene comienza a trabajar para el Servicio Secreto de Inteligencia británico, con destino en Sierra Leona. En 1943, el escritor desempeña labores de contraespionaje en Lisboa a las órdenes de su amigo Kim Philby, ya entonces agente doble de los soviéticos.

Al terminar el conflicto, Greene estrecha su colaboración con el cine: firma los guiones de El tercer hombre y El ídolo caído, realizadas por Carol Reed, y supervisa la adaptación de Brighton, parque de atracciones, publicada antes de la guerra. Todas sus novelas serían filmadas exceptuando una, Campo de batalla. 'Irónicamente, fue el único libro que escribí con la intención de adaptarlo a la pantalla', comentaría poco antes de morir.

En 1948 publica El revés de la trama, obra que recibe grandes elogios por parte de la crítica. Le seguirán El final del romance (1951) y El americano impasible (1955). Visita Cuba poco antes de la caída del régimen de Batista. Fruto de aquel viaje será Nuestro hombre en La Habana. En 1961 aparece Un caso acabado, y cinco años después abandona Inglaterra definitivamente para establecerse en el sur de Francia. Allí escribe Viajes con mi tía (1966), El cónsul honorario (1973) y El factor humano (1978). Graham Greene muere en Vevey, Suiza, en 1991.

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