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COLUMNA

De locos

Hoy hace una semana que se publicaron los Presupuestos Generales del Estado sin que se haya producido ningún estallido social, aunque Defensa se lleve 4.276 millones de euros más que Educación, Cultura y Deporte. Ya que al Gobierno le gusta explicar los presupuestos en clave doméstica, para comparar la administración del Estado con la del hogar, imaginemos una familia que dedicara a la educación de los hijos siete veces menos que a la adquisición de instrumentos de tortura. Pensaríamos que se trata de una familia de locos y quitaríamos la patria potestad a esos padres en cuya mesita de noche, en lugar de un libro, hay una pistola.

Es evidente que los Presupuestos Generales del Estado, más preocupados por la calidad de los tanques que por la de las universidades, han sido pensados por un grupo de dementes, porque hay que estar muy mal de la cabeza para invertir tres veces más en cañones que en educación, cultura y deportes, todo junto. No es raro, pues, que la gente prefiera pegar tiros a leer novelas o que nos pasemos el día buscando enemigos debajo de las piedras. Si usted quería saber por qué cada año hay menos becas de estudios, aquí tiene la explicación: es necesario subvencionar al enemigo, porque se puede vivir sin literatura, pero no sin enemigos. Lo intentamos tras la caída del telón de acero y todos estos años, hasta reinventar a los árabes, han sido los más tristes de la historia de Occidente. Volverán banderas victoriosas al paso alegre de la paz (ya han colocado una gigantesca en pleno centro de Madrid).

Lo raro es que al día de hoy ningún partido de izquierdas ni ninguna institución dedicada a la salud mental nos han convocado a una manifestación contra los Presupuestos Generales; o sea, que hay un acuerdo básico sobre la realidad que representan. Siento comunicar a ustedes que vivimos en un mundo en el que los coroneles son más importantes que los catedráticos. Desde ahora, cuando quieran saber qué piensa el Gobierno sobre la educación, la cultura o el deporte, no escuchen el bla bla bla de la ministra; limítense a leer la cifra que se han de repartir entre los tres departamentos: 2.201,30 millones de euros. Los números no mienten.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de octubre de 2002