Excéntrica y brillante

Las hijas de Leslie Stephen era bellas, cultas y mordaces. No fueron al colegio ni a la universidad, pero su padre, uno de los intelectuales más influyentes de Londres, les garantizó una educación privilegiada. Vanessa, que entró en las enciclopedias con el apellido de su marido, Clive Bell, fue una pintora adelantada a su tiempo. A Virginia se la considera una escritora que abrió senderos nuevos y un referente cardinal del feminismo.

Cuando su padre murió en 1904 se instalaron en el barrio de Bloomsbury. Virginia tenía 22 años y arrastraba una infancia difícil: su madre falleció cuando tenía 13 años y su hermano Thoby moriría de tifus en 1906. Otra hermanastra suya estaba trastornada y la propia Virginia, que había sido objeto de las pulsiones eróticas de sus hermanastros, sufría periodos de depresión que la condujeron a varios intentos de suicidio.

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En Bloomsbury, junto a otros jóvenes intelectuales, se dedicó a cuestionar las hipócritas convenciones de la Inglaterra posvictoriana, mientras se interesaba por el feminismo, el pacifismo y el socialismo. Fue allí donde Virginia, que se ganaba la vida como crítica literaria, conoció a Leonard Woolf, un joven judio íntegro y sensato que pese a la incompatibilidad sexual entre ambos se afirmaría como un marido leal el resto de su vida. En 1915, Virginia publicó Fin de viaje. La novela le reportó en 15 años menos de 120 libras, el mismo dinero que el matrimonio, con dos casas y dos sirvientas, gastaba en un mes.

Terapia

Después de una agotadora crisis nerviosa que duró dos años, Leonard compró como terapia una imprenta cuyo nombre se haría mítico: Hogarth Press. Fue el sello que publicó La tierra baldía, de T. S. Eliot y el resto de la obra de Virginia. También fue el sello que rechazó el Ulises de Joyce.

En 1927 aparece Al faro y un año después Orlando, un homenaje a su gran amor perdido, la escritora Vita Sackville-West, con el que ganaría la fama. Cuando en 1929 publica su ensayo Una habitación propia, es una intelectual consagrada. En la década siguiente publica la novela experimental Las olas (1931), Flush (1933) concebida como las memorias del perro de una amiga, y Los años (1937), una narración formalmente más clásica. En 1941, en el peor momento de la guerra y presa de una nueva crisis mental, Woolf se suicida a los 59 años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0002, 02 de octubre de 2002.