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Editorial:

El centro de gravedad

España volverá a partir de enero a sentarse en el Consejo de Seguridad de la ONU, durante dos años que se anuncian tormentosos por la cuestión de Irak, la grave situación en Oriente Próximo y la búsqueda de una solución para el Sáhara Occidental, entre lo previsible, además de la necesidad de impulsar la lucha global contra los terrorismos. Sentada en lo que la ministra Palacio quiere ver como el 'centro de gravedad' del orden internacional tras el 11-S, la política exterior española se va a ver obligada a retratarse. España tendrá que afrontar con claridad por qué salida se decanta ante la expiración, el 31 de enero, de la prórroga de la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental, una cuestión que envenena las relaciones entre Madrid y Rabat y cuya solución razonable podría contribuir al deshielo. La coincidencia de España, México y Chile en el próximo Consejo de Seguridad debería, por otra parte, contribuir a asentar el español como idioma internacional.

Tras las votaciones de ayer en la Asamblea General de la ONU, cuatro importantes Estados de la UE coincidirán en esta mesa: Francia y el Reino Unido (miembros permanentes, con derecho de veto), España y una Alemania que quiere 'europeizar' este foro, lo que no deja de estar reñido con la aspiración de Berlín a un eventual puesto permanente. La coincidencia de tres Estados grandes y un mediano de la UE en el Consejo de Seguridad es una oportunidad de trabar en la ONU la política exterior y de seguridad europea, aunque las discrepancias sean grandes en torno a cuestiones como Irak. Algunas señales apuntan que, de producirse una guerra, ésta podría empezar a finales de enero o principios de febrero. En estas circunstancias, la responsabilidad española en la defensa de las posiciones del Consejo de Seguridad crecerá con su participación en el Consejo.

La insistencia de Aznar y Palacio para que se cumplan todas las resoluciones del Consejo de Seguridad debe ser apoyada, no sólo en el caso de Irak, sino también en el conflicto de Israel y los palestinos, u otros. El caso de EE UU y de la ONU contra Sadam Husein, centrado en la posesión de armas de destrucción masiva por Bagdad, se ve debilitado no sólo por el desdén de Israel y Estados Unidos hacia las resoluciones de la ONU que conciernen al Estado hebreo, sino también por la posesión por este último de armas nucleares.

En el momento en que España accede a un Consejo de Seguridad con europeos de peso sería deseable que, desde el consenso de una postura común, los Quince preservaran los principios que han inspirado la creación de la Corte Penal Internacional, y, de forma conjunta, no cedieran a las presiones de Estados Unidos para lograr una inmunidad total de sus nacionales de esta nueva jusridicción. La CPI nace independiente, pero vinculada a Naciones Unidas, y debe marcar, al igual que el deseable cumplimiento de las resoluciones del Consejo de Seguridad, esa 'hora del derecho' que pretende impulsar la diplomacia española desde el corazón de una ONU, que ayer acogió a Timor Oriental como su 191º miembro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de septiembre de 2002