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OPINIÓN DEL LECTOR

Afortunados los nacionalistas

Afortunado/a ciudadano/a nacionalista: Ya puede usted estar contento. La respuesta del Gobierno elegido por usted ante los 'atropellos' cometidos por el juez Baltasar Garzón contra la libertad de reunión y manifestación de los nacionalistas violentos, no tiene, desde luego, parangón en la historia de las democracias modernas.

No contentos con intentar sacar adelante una iniciativa parlamentaria para solicitar la inconstitucionalidad de la Ley de Partidos, cosa que no consiguieron porque los propios interesados votaron en contra (¡serán desagradecidos!), van a interponer una querella criminal contra el magistrado por el auto que suspende las actividades de Batasuna. Y, si han protagonizado una reacción tan fulminante para proteger los derechos de aquellos con los que sólo coinciden en los fines, ¿qué no serán capaces de hacer para proteger a los suyos-suyos, con los que coinciden en todo -ni una voz disonante, ¡ni un paso atrás-, y que les sostienen además con sus votos?

Incluso el consejero Javier Madrazo, que no es nacionalista (¿o sí?), se manifiesta con una furia inusitada profiriendo improperios contra el mencionado juez en cuanto se le acerca un micrófono. ¡Qué bienestar!, ¡qué tranquilidad poder dormir a pierna suelta teniendo la certeza de que sus gobernantes vigilan atentos para que nada ni nadie se atreva a menoscabar ni un ápice sus libertades¡ Realmente envidiable.

Usted que es un ciudadano decente y confiado, dirá: 'Si, claro, pero eso lo hacen para defender la libertad de todos '. ¿Está usted seguro? Durante muchos años han mirado remilgadamente hacia otro lado, mientras sus adversarios políticos eran amenazados, coaccionados, extorsionados y asesinados. Jamás se han preocupado tanto por la falta de libertad de miles y miles de ciudadanos perseguidos tan sólo por no ser nacionalistas. ¿De verdad cree usted que si Batasuna no hubiera sido un partido nacionalista la reacción hubiese sido la misma? Yo, desde luego, no.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de septiembre de 2002