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El Papa asegura que Polonia encontrará su sitio en la UE

Wojtyla pide 'fuerzas físicas y de espíritu' para finalizar su mandato

El noveno viaje de Juan Pablo II a su patria terminó ayer, en medio de una conmoción popular en el aeropuerto de Cracovia, Balice. Wojtyla desmintió las voces que aseguraban que renunciaría al papado durante este viaje y pidió a la Virgen que le dé las "fuerzas físicas y de espíritu" necesarias para cumplir su Pontificado hasta el final, durante una misa en el santuario de Kalwaria Zebrzydowska, a 45 kilómetros de Cracovia.

Al despedirse de la multitud y de las autoridades civiles y religiosas polacas, el Papa dejó claro en Balice que no descarta regresar. "Al despedirme, quiero saludaros a todos", dijo, "no todos han podido verme. Quizás la próxima vez". El Pontífice se declaró además convencido de que Polonia "encontrará su sitio justo" en la Unión Europea sin perder su identidad.

El entusiasmo de la despedida interminable y los deseos del piloto de las líneas aéreas polacas Lot de darle un paseo turístico por su patria provocó un retraso de una hora en el regreso de Juan Pablo II a Roma. El avión sobrevoló a menos de 4.000 pies las ciudades de Cracovia, Wadowice, donde nació Karol Wojtyla hace 82 años, y se desvió de la ruta para asomarse a las impresionantes cadenas montañosas de Zakopane a una altura que no siempre pareció prudente.

El Papa disfrutó de un paseo aéreo que piensa repetir a juzgar por su confesado propósito de volver, "si Dios quiere". Pero este optimismo contrastaba ayer con su aspecto agotado después de tres días repletos de encuentros, ceremonias multitudinarias y recibimientos protocolarios. Más que su edad, le pesan las enfermedades, el parkinson en primer lugar, y las secuelas del atentado de 1981 y de los accidentes menores que han terminado por limitar enormemente su capacidad motriz.

En esta ocasión dejó para el último de sus discursos la esperada mención a la próxima integración europea de Polonia, prevista para 2004. Un objetivo que ha causado enormes daños a la sociedad polaca, obligada a ajustar su economía a las leyes del mercado en un tiempo relativamente corto. Las reformas impuestas han dejado una estela de parados y han provocado no pocas injusticias. "Me he referido con inquietud a las dificultades", dijo el Papa, "y a lo que cuestan estos cambios, que recaen dolorosamente sobre los más pobres y los más débiles, sobre los parados, los que no tienen casa, y sobre los que están obligados a vivir en condiciones cada vez más difíciles con la incertidumbre del futuro".

"Espero que conservando estos valores", añadió, "la sociedad polaca encontrará su sitio justo en las estructuras de la Unión Europea, en la que no sólo no perderá su identidad, sino que podrá enriquecer con su tradición a este continente y al mundo entero".

Las palabras del Papa representan un importante apoyo al Gobierno polaco en este duro proceso de transición, y tendrán un efecto sobre la población, pese a que la influencia de Wojtyla sobre los polacos ha disminuido considerablemente. Se dice, como ayer reconoció el propio cardenal primado de Polonia, Jozef Glemp, en su discurso de despedida al Papa, que "Polonia le aplaude, pero no le escucha". Glemp salió en defensa, sin embargo, de los polacos, quizás sólo aparentemente distraídos, que han logrado llevar adelante una transición política "sin revoluciones". El cardenal repasó los logros de los últimos 13 años y desmintió uno a uno los tópicos que se utilizan para definir a los polacos. Habló de la Constitución, del Concordato firmado con el Vaticano, del descenso en la tasa de consumo de alcohol, que ha alargado la vida media de los hombres, de la firmeza en la defensa de la vida y de la seriedad a la hora de cumplir las promesas.

Karol Wojtyla le escuchaba atento, después de haber cumplido con los actos de la jornada. Como estaba previsto, el Papa la inició visitando el santuario de Kalwaria Zebrzydowska, donde celebró la misa de conmemoración del 400º aniversario del templo. Unas 20.000 personas siguieron la ceremonia desde el exterior. El Papa se trasladó al aeropuerto, donde le esperaba una multitud. El mismo pueblo de Cracovia que se ha concentrado todas las noches al pie del balcón del palacio arzobispal para darle las buenas noches con vivas y aplausos. La noche del domingo, Wojtyla cantó y bromeó con ellos demostrando una excelente forma y un humor a prueba de fatiga.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 20 de agosto de 2002