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Bush insiste en acabar con Sadam a pesar de las reservas de algunos líderes republicanos

La Casa Blanca sólo mantiene dudas sobre el cómo y el cuándo de la ofensiva contra Bagdad

George W. Bush ha decidido reflexionar un poco más sobre Irak. No había escuchado las peticiones de prudencia de sus aliados europeos y de su propio Departamento de Estado, pero ahora le llegan consejos del Partido Republicano, de personas muy ligadas a su padre, de militares como el general Wesley Clark y de viejos zorros de la diplomacia como Henry Kissinger. "Voy a seguir consultando", anunció Bush, mientras la Casa Blanca emitía el mensaje de que el propósito de acabar con Sadam Husein seguía firme y que sólo había dudas sobre el cómo y el cuándo.

La persona que más contribuyó a enfriar el ardor guerrero de Bush fue, sin duda, Brent Scowcroft, consejero de Seguridad Nacional en la Administración de George Bush padre y durante la guerra del Golfo, y amigo de la familia. Scowcroft publicó un artículo en The Wall Street Journal en el que advertía de que una campaña inmediata contra Irak desviaría recursos de la guerra contra el terrorismo y pondría en peligro la frágil coalición internacional articulada desde la Casa Blanca tras el 11-S.

"Sé que algunas personas muy inteligentes están expresando opiniones sobre Irak y Sadam Husein, y escucho con mucha atención lo que dicen", comentó Bush a un grupo de reporteros en su rancho de Tejas. "Seguiré consultando, creo que se trata de un debate saludable, y al final tomaré una decisión basada en los informes de los servicios de espionaje y en la idea de proteger al máximo nuestro país y los países amigos y aliados", agregó. El presidente de Estados Unidos no mencionó a Brent Scowcroft, pero dejó claro que el ex asesor de su padre era una de las "personas muy inteligentes" a las que se refería. Por otra parte, un alto funcionario del Gobierno comentó a The New York Times que era imposible que Scowcroft hubiera publicado su artículo sin consultar previamente con Bush padre y recibir su aprobación. El secretario de Estado, Colin Powell, telefoneó a Scowcroft para agradecerle su presión sobre el presidente.

George W. Bush se ha dejado llevar en los últimos meses por el ala radical de su Administración, encabezada por el vicepresidente, Dick Cheney, y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld. Los halcones afirman que es necesario acabar a cualquier precio con el régimen de Sadam Husein, porque la democratización de Irak implicaría un cambio sustancial del ambiente político en Oriente Próximo y permitiría poner fin al absolutismo islámico saudí, reducir la tensión palestina y crear una pax americana en la región. Los riesgos de la aventura iraquí son, sin embargo, muy elevados, y los mensajes que llegan estos días a oídos de Bush indican que deben ser largamente considerados y consultados con los aliados de EE UU.

Advertencia de Kissinger

El senador republicano Chuck Hagel recordó el viernes que la CIA no disponía de indicios acerca de la posesión de armas nucleares por parte de Irak, ni parecía que pudiera poseerlas en un futuro próximo. El secretario de Estado con Richard Nixon, Henry Kissinger, también hizo notar que la Casa Blanca no debía precipitarse en destruir el régimen iraquí.

El general Wesley Clark, retirado del servicio activo tras dirigir las fuerzas de la OTAN en la campaña de Kosovo, recomendó mucha calma en un artículo publicado por The Washington Monthly: "Los éxitos rápidos (en Afganistán) parecen haber reforzado la convicción de algunas personas en el Gobierno de que la guerra contra el terrorismo puede librarse mejor al margen de las instituciones internacionales, y que el liderazgo americano no debe someterse a atadura alguna. Pero ése es un error de juicio fundamental. Cuanto más dure la guerra, y durará años, más dependerá el éxito de la cooperación activa de nuestros aliados en la tarea de erradicar el terrorismo y de enfrentarse a Sadam Husein y otras amenazas".

No debe pensarse que las posibilidades de una nueva guerra en Irak se han reducido. Bush es hombre de pocas ideas pero muy fijas, y su programa se reduce a hacer las dos cosas que no hizo su padre y que le costaron perder en 1992 frente a Bill Clinton: bajar los impuestos y acabar con Sadam Husein. No hay más. "Hay distintas opciones, pero no duden que eliminaremos a ese hombre peligroso", insistió Bush, refiriéndose a Sadam, en Tejas.

[Rusia por el contrario, busca estrechar sus lazos con Irak y planea firmar un nuevo acuerdo de cooperación económica de cinco años con Bagdad por valor de 40.000 millones de dólares (unos 40.600 millones de euros), según informa el diario The Washington Post. El acuerdo, centrado en la producción petrolera, abarca diversos sectores como la producción eléctrica, la industria química, la construcción de infraestructuras, el transporte y la agricultura, según fuentes oficiales rusas. El embajador iraquí en Moscú, Abbas Jalaf, se refiririó a la importancia de la alianza iraquí con rusia ante un eventual ataque de EE UU. "Rusia fue y será nuestro principal socio", aseguró. "Necesitamos apoyo moral, político y diplomático, porque Irak ha demostrado al mundo que nos podemos defender solos", añadió.]

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de agosto de 2002