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Decenas de miles de manifestantes piden en Sevilla la retirada de la reforma del paro

Méndez replica al presidente del Gobierno que es él quien 'joroba a los trabajadores españoles'

El rechazo a la reforma de la protección por desempleo concitó ayer en Sevilla a decenas de miles de personas -50.000 según el Cuerpo Nacional de Policía, 250.000 según los sindicatos-, que se manifestaron para exigir la retirada del decreto del Gobierno. La protesta tuvo como escenario la ciudad donde José María Aznar presidirá el 21 de junio -un día después de la huelga general convocada por los sindicatos contra esta reforma- la última cumbre de su presidencia europea. La marcha, convocada por UGT y CC OO y respaldada por todos los partidos de Andalucía salvo el PP, resultó la más numerosa de los últimos años en esta comunidad autónoma. 'Si el señor Aznar no quiere ver esto es que está cegado por la ira', clamó el secretario general de CC OO, José María Fidalgo, a la cabeza de la marcha junto al líder de UGT, Cándido Méndez.

Los máximos representantes de CC OO y UGT sostuvieron junto a dirigentes regionales y locales de ambos sindicatos la pancarta con la que se abría la marcha: 'El 20 de junio, huelga general'. Al mediodía, al poco de comenzar la manifestación, Méndez aprovechó su primer contacto con los periodistas para replicar a las últimas arremetidas de José María Aznar contra la protesta sindical. 'La huelga se hace por jorobar y hacer daño a España', sostuvo el sábado el presidente del Gobierno en un mitin del PP. 'El que pretende jorobar a los trabajadores españoles es Aznar, que ya nos han salido dos jorobas, una con la reforma laboral de 2001 y ahora otra con este decretazo', contraatacó el líder de UGT.

Méndez se refirió a la 'multitudinaria expresión democrática de rechazo' que constituían miles de personas en manifestación por las calles de Sevilla antes de plantear de nuevo la 'retirada del decretazo' . 'Aznar tiene que cambiar de criterio, si no le esperan malos tiempos', añadió José María Fidalgo. Ambos dirigentes sindicales señalaron que aún hay margen para un cambio de escenario, pero subrayaron que el plazo se agota esta semana: el jueves está previsto el trámite de convalidación parlamentaria del decreto, y PSOE e IU plantearán al PP que dé marcha atrás, medida que también podría adoptar el Consejo de Ministros previsto para un día después.

'El señor Aznar todavía lo tiene en su mano, debe mirar a la cara a la gente y abandonar la soberbia de la mayoría absoluta', expuso el secretario de organización del PSOE, José Blanco, quien junto al coordinador general de IU, Gaspar Llamazares, y dirigentes andaluces de todos los partidos, salvo el PP, portaba una segunda pancarta tras la de los sindicatos. Blanco no se movió un ápice de la línea marcada por el PSOE desde el principio del conflicto. Frente a las andanadas del sábado de Aznar, quien acusó a los socialistas de querer 'llevar al país a una situación límite' al respaldar la huelga general, el secretario de organización socialista insistió en que su partido no es responsable de la convocatoria de este paro, aunque seguirá trabajando por 'retirar una reforma que recorta las prestaciones y abarata el despido'.

La respuesta del campo

Más contundente estuvo Llamazares, quien aseguró que esta manifestación era 'una impugnación en toda regla de los andaluces al decretazo' y a la política económica del Gobierno: 'Ahora vuelve a haber más paro y más precariedad en el trabajo'. El líder de IU indicó que esta protesta era 'sólo el aperitivo' de la huelga del 20 de junio. 'Si hasta con los obispos, que juegan en casa, les va así, con los trabajadores que juegan fuera...', dejó caer.

Tras las pancarta de los sindicatos y los partidos, decenas de miles de personas caminaban lentamente en pos del fin de la marcha: la sede de la Delegación del Gobierno de Andalucía. El habitual cruce de cifras rozó en esta ocasión lo surreal: cuando cientos de manifestantes aún no habían bajado de los autobuses que les habían llevado a Sevilla, la Delegación del Gobierno hacía público un comunicado en el que cifraba en 50.000 los manifestantes. Las cuentas de los sindicatos se fueron al otro extremo (250.000) y la Policía Local se quedó en el justo medio: 150.000.

En todo caso, la manifestación superó las previsiones de los sindicatos y se convirtió en la mayor protesta por cuestiones laborales celebrada en la capital hispalense en los últimos años. Una circunstancia que se debió sobre todo a la respuesta del campo andaluz. Como ocurrió el sábado en Badajoz, donde los sindicatos reunieron a unas 30.000 personas, la presencia de los pueblos fue abrumadora. Cerca de 1.500 autobuses llegaron a Sevilla desde localidades de las ocho provincias andaluzas. En Badajoz y Sevilla la razón era la misma: el rechazo unánime a la pretensión del Gobierno de eliminar paulatinamente el subsidio agrario que cobran 230.000 jornaleros de Andalucía y Extremadura y establecer un sistema contributivo que los sindicatos consideran injusto e irrealizable.

'¡Que sepa esta gente del PP que el medio rural va a estar en la calle hasta que se retire la reforma, este pulso se lo vamos a ganar a la derecha!', proclamó el secretario regional del Sindicato de Obreros del Campo (SOC), Diego Cañamero, quien vaticinó que 'este verano va a estar muy caliente: A Aznar no le vamos a dejar tranquilo en Doñana'. Los jornaleros del SOC, unos 10.000, se sumaron con sus banderas andaluzas a la parte final de la manifestación, que había arrancado junto a la estación de Santa Justa, desde donde parte el AVE a Madrid.

La policía aprovechó la manifestación para hacer su ensayo general ante la huelga del día 20 y la celebración del Consejo Europeo en Sevilla los días 21 y 22. Más de 200 agentes antidisturbios cercaron la estación ferroviaria para disuadir cualquier intento de cortar el AVE; tan sólo dejaron abiertas dos pequeñas entradas laterales para los viajeros. El despliegue también afloró ante la Delegación del Gobierno y la sede del PP.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de junio de 2002