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ELECCIONES LEGISLATIVAS EN FRANCIA

Chirac busca hoy una mayoría para poner fin a la cohabitación

El presidente pide a los franceses un voto masivo en las legislativas para evitar una nueva cohabitación

Tras su espectacular reelección en mayo gracias al apoyo masivo del 80% de los franceses, que votaron para frenar al ultraderechista Jean-Marie Le Pen, el presidente Jacques Chirac confía en poder acabar con la cohabitación política en las elecciones legislativas, cuya primera vuelta se celebra hoy. Los sondeos conceden una cómoda ventaja a la derecha y prevén un retroceso de los ultraderechistas. El Frente Nacional, que actualmente no tiene ningún diputado en la Asamblea, puede convertirse de nuevo en el árbitro del proceso electoral si consigue que sus candidatos pasen a la segunda vuelta -prevista para el próximo domingo- en un número significativo de las 575 circunscripciones.

La primera vuelta de las elecciones generales francesas permitirá despejar hoy una incógnita: si la parte xenófoba y antieuropea de Francia, concentrada en el voto al Frente Nacional, queda o no en condiciones de arbitrar el resultado de la segunda vuelta, convocada para el domingo próximo. Los sondeos conceden ventaja a la derecha y prevén un cierto retroceso de la ultraderecha, pero la enorme dispersión de candidatos -8.450, un tercio más que en las legislativas de 1997- recalca lo indeciso que puede ser el escrutinio. El jefe del Estado, Jacques Chirac, ha pedido con fuerza a los franceses que le den 'una mayoría para gobernar', ahorrándole nuevas cohabitaciones con la izquierda o pactos con la ultraderecha.

La derecha aborda las legislativas con ventaja, pero su fragilidad salta a la vista

'Napoleón habría votado a Chirac', escribe André Fontaine, ex director de Le Monde

'Napoleón habría votado a Chirac', escribe André Fontaine, el respetado ex director de Le Monde, en referencia a la primera pregunta que hacía el emperador cuando le proponían el ascenso de un nuevo general: '¿Tiene suerte?'. El actual jefe del Estado francés ha demostrado que le sobra. Pocos apostaban por su futuro tras el revolcón de 1997, cuando disolvió la Asamblea Nacional para fortalecer la mayoría de centro-derecha y las urnas le devolvieron una victoria de la izquierda. Muchos le creyeron cercado por los escándalos judiciales y bastantes se hacen cruces de que haya podido pasar de esa situación a más del 80% de los votos el 5 de mayo. Pero casi todos le reconocen la habilidad de aparecer como el salvador, tras haber obtenido por sí mismo, en la primera vuelta de las presidenciales, el peor resultado de un jefe de Estado en ejercicio.

Chirac ampara un nuevo invento político, la Unión por la Mayoría Presidencial (UMP), fruto de una opa sobre toda la derecha que no ha conseguido plenamente sus objetivos. Frente a los 539 candidatos de la UMP, otro millar largo de candidatos de derecha concurre a las elecciones. El centrista François Bayrou (Unión por la Democracia Francesa, UDF) ha escapado a la dinámica de la absorción y mantiene 200 candidaturas propias, entre ellas la suya en Pau, la capital de los Pirineos Atlánticos. También hay que contar con unos 300 candidatos del movimiento dirigido por Philippe de Villiers y unos 80 del partido que encabeza el ex ministro Charles Pasqua. Numerosos disidentes de derechas pueblan las listas y esta situación ya ha dado origen a sanciones disciplinarias en la UMP.

El peligro para la autoproclamada 'mayoría presidencial' es la dispersión de votos entre tantos aspirantes. Para pasar a la segunda vuelta, el domingo próximo, hay que superar la barrera del 12,5% del censo electoral en cada circunscripción: y si la izquierda tiene un problema con las opciones de extrema izquierda y con la del Polo Republicano, de Jean-Pierre Chevènement, la dificultad no es menor para la UMP.

A su favor, el partido presidencial cuenta con la dinámica creada por el espectacular triunfo de Chirac, el 5 de mayo. Por ello, prácticamente todas las candidaturas disidentes de derecha se reclaman de Chirac o, como sostiene Bayrou con mayor sutileza, 'contra una nueva cohabitación', lo cual anticipa su rechazo a hacer de bisagra con la izquierda, en la hipótesis de que ésta lograra acercarse a la mayoría. Pero todos quieren disponer de su cuota de representación y del dinero público, incluida la UMP, que, a 1,67 euros por voto, puede recoger entre 15 y 20 millones de euros anuales durante la próxima legislatura -a expensas de la penalización que le suponga no haber presentado un 50% de mujeres-, además de una cantidad que rebasa los 45.000 euros por diputado electo y año.

La derecha aborda las legislativas con ventaja, pero la fragilidad del entramado salta a la vista. No se ha insistido lo bastante en que el acontecimiento del 21 de abril no vino determinado por el empuje de los ultras, sino por los malos resultados de Chirac y Jospin en esa primera vuelta de las presidenciales. Los 190.000 votos que separaron a este último de Le Pen -¡en un total de 28,5 millones de sufragios emitidos!- no autorizan, por ejemplo, a pensar que el Partido Socialista se haya hundido frente a un pujante fascismo.

Pero el terror sembrado por esta pequeña diferencia bastó para crear el acontecimiento. Chirac se ha aprovechado de ello y ahora se enfrenta a la semana decisiva. Entre hoy y el domingo que viene se ventila si la fuerza de sus votos bastan para alcanzar la mayoría absoluta en la futura Asamblea Nacional. Hay 575 escaños en juego y pocos candidatos superarán el 50% de votos que conceden la elección en primera vuelta, de modo que lo que realmente se decide es el número de los que disputarán la segunda.

Si el Frente Nacional mantuviera el voto de Le Pen del 21 de abril, este partido rebasaría el listón del 12,5% del censo en 237 circunscripciones: eso representaría la mitad de los escaños en juego y en ese caso su papel de arbitraje quedaría confirmado. En 1997 hubo 78 circunscripciones donde pasaron a la segunda vuelta la izquierda, la derecha y la ultraderecha, en lo que se denomina 'enfrentamientos triangulares'; en esta ocasión, Le Pen lleva su entusiasmo al extremo de pensar que uno de los dos 'grandes' será eliminado desde hoy mismo y, por tanto, sus gentes disputarán 'centenares de duelos' en la segunda vuelta. Íntimamente no debe estar tan convencido, porque él mismo ha decidido no presentarse como candidato a las legislativas.

Chirac, a su vez, no ha dudado en comprometerse personalmente durante la campaña. La izquierda le había pedido cierta neutralidad, una actitud que habría sido elegante hacia un sector político que se volcó masivamente en su persona el 5 de mayo; pero el jefe del Estado nombró inmediatamente un Gobierno electoral, dirigido por Jean-Pierre Raffarin, cuyas actuaciones no dan idea de provisionalidad alguna. Una interpretación protocolaria del cargo no es la opción de Chirac, decidido a reforzar su poder, evitar por todos los medios una nueva cohabitación con un Gobierno de izquierda y conseguir que la dinámica de la victoria ahorre pactos embarazosos con la extrema derecha, que ha condenado de antemano. Ésa es su manera de buscar la oportunidad de convertirse en el personaje histórico de un periodo crítico.

Pero no pueden excluirse nuevas sorpresas en las elecciones legislativas, por más que los sondeos insistan en atribuir una gran ventaja a la UMP y una votación al Frente Nacional posiblemente más débil de la que obtuvo Le Pen en las presidenciales. Mucho tendrían que retroceder los extremistas de derecha y de izquierda en las urnas para que el centro-derecha pueda proclamar la restauración 'del orden' en Francia.

La integración magrebí fracasa

Las elecciones generales de Francia apenas permiten atisbar signos de integración política para sus minorías de origen magrebí o de otros países africanos. Se cuentan 123 franceses de esa procedencia entre los más de 8.400 candidatos que concurren a las elecciones generales convocadas para hoy, según un informe difundido por el Foro Ciudadano de las Culturas Musulmanas, una asociación de carácter laico. El principal objetivo de esa entidad, que tiene un año de existencia, es el de impulsar a los ciudadanos de cultura musulmana a que participen en los debates sociales y se integren en las estructuras democráticas, una táctica contraria a la del 'islam de las cuevas', desarrollado por los integristas en torno a algunas mezquitas en las periferias de las grandes ciudades. Su actividad ha logrado que unos 17.000 jóvenes se inscriban en el censo electoral a tiempo para votar en el doble proceso, presidencial y legislativo, de este año; pero el empuje no ha bastado para que las listas de candidatos a diputados reflejen la pluralidad de procedencias. Siempre según ese recuento, la Unión por la Mayoría Presidencial (UMP) presenta un candidato de origen magrebí; la Unión por la Democracia Francesa (UDF), dos; el Partido Socialista, tres, otros tantos el Partido Comunista, y el Frente Nacional, uno. El récord se lo lleva el Polo Republicano, de Jean-Pierre Chevènement, que integra a 23 candidatos de origen magrebí o de otros países africanos, mientras las listas de Los Verdes y de extrema izquierda también contienen bastantes nombres de ese origen. Algunos candidatos vinculados a fenómenos muy locales concurren como independientes, faltos de un partido que les apoye. Prácticamente ninguno tiene posibilidad de obtener escaño en la futura Asamblea Nacional. El Gobierno de Jean-Pierre Raffarin, formado por Chirac en los días que siguieron a su reelección como presidente, incluye una viceministra de origen magrebí, Tokia Saïfi, encargada de cuestiones relacionadas con el medio ambiente, y cuya proyección como gesto hacia las minorías todavía es una incógnita. El hecho de que una de las candidatas a la elección presidencial, Christiane Taubira, sea negra, ha atraído cierto interés de barrios con fuerte proporción de africanos hacia la formación que la presenta, el Partido Radical de Izquierda, aliado de los socialistas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de junio de 2002

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